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Querida Eudocia:
Bastantes países se han ido a la ruina debido
a la tacañería de un pequeño grupo de compatriotas. Troya es un buen
ejemplo: la ciudad amparó a Paris, el hijo del Rey, quien se había
robado a Helena. El pueblo de Troya estaba descontento con la
peligrosa situación, pero los príncipes y el Rey (un grupo
minúsculo) prefirieron arriesgar la ciudad con tal de que Paris
pudiera darle besitos a Helena. Como resultado, Troya fue aniquilada
por los griegos vengativos.
Es posible que este ejemplo no sea real, sino
mitológico. Pero existen muchos ejemplos reales. Uno de ellos es la
Mesta, un gremio de origen medieval que agrupaba a los dueños de
ovejas de Castilla y León. En ese tiempo la lana era el producto más
valioso de España y el artículo más exportado, porque su calidad era
admirada en toda Europa. Además, se vendía a muy buen precio.
La Mesta, por tanto, fue ganando importantes privilegios legales y
logró que se promulgaran montones de leyes para proteger a sus
ovejitas. Pero había un conflicto debido a la “trashumancia”, que
consiste en la migración continua para acceder a nuevos pastizales.
La ovejitas hiperactivas se pasaban todo el año comiendo y la Mesta
exigía libertad para recorrer los pastos de todo el país como si se
tratara de una finca privada.
Como resultado, la agricultura sufrió un duro golpe. En España
vivían millones de seres humanos que no tenían ovejas; comían trigo
y otros productos de la tierra. Pero las leyes vedaron la
agricultura en masivas zonas de tierra española, para no bloquear el
acceso de las ovejitas al pasto. Llegó el momento absurdo en que
España, a pesar de su tierra abundante, tuvo que empezar a importar
trigo.
La Mesta se había convertido en una organización muy poderosa porque
los Reyes Católicos también tenían ovejitas y se habían unido a la
agrupación; recibían grandes ingresos gracias a los privilegios
otorgados a la Mesta... por ellos mismos. De hecho, llegó el momento
en que el presidente de la Mesta también era miembro del Consejo
Real.
Por tanto, como en el caso de Troya, un grupito de magnates,
incluidos los reyes, colocó sus intereses por encima del resto del
país. Los resultados, entre muchos, fueron un gran atraso en la
agricultura y precios muy altos para el trigo.
Hoy día estamos ante un caso muy similar al de Troya y la Mesta. En
el año 2000, los petroleros del Imperio del Norte colocaron en el
poder a Jorge Bush II. Lo sentaron en el trono con un sólo objetivo
en mente: proteger los derechos del gremio. Aunque muchos pensaron
que Jorge II era deficiente mental, él le ha probado al mundo que no
es cierto.
Recuerda, querida hermana, que a los políticos hay que juzgarlos
según sus metas. Jorge II conquistó para su gremio el petróleo de
Irak, una de las mayores reservas del mundo. Además, este emperador
petrolero, que todos consideraban imbécil, ha logrado subir el
precio del petróleo a más de cuatro dólares el galón. ¿Qué más
podían pedir sus amigos que lo colocaron en el trono?
Es claro que a Jorge II, igual que a los príncipes de Troya y a la
Mesta, le importa poco lo que sufra su país. Lo importante para él
es que podrá regresar a su rancho de Tejas, echarse para atrás en un
cómodo sillón y empezar a contar los millones y millones de dólares
que recibirá durante el resto de su vida, gracias a su fructífera
labor de sólo ocho años. ¡Misión cumplida!
Te besa tu hermano,
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