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Querida Eudocia:
Imagínate que Luiggi, un italiano, se
despierta una mañana. Se asoma a la ventana de la casa en que ha
vivido desde el día en que nació, y donde también vivieron su padre,
su abuelo, su bisabuelo y muchos antepasados más... todos italianos.
Luiggi se desayuna como todos los días y luego baja al mercado. En
la plaza de su antiguo pueblo italiano, se encuentra con montones de
vecinos furiosos. Luiggi pregunta cuál es el problema. Le contestan
que ese día, a las seis de la mañana, dejaron de ser italianos.
Ahora son chinos.
Aunque el párrafo anterior es imaginario, algo similar realmente
ocurrió en México. En el siglo XIX ese país luchó contra el Imperio
del Norte porque los norteamericanos se apoderaron de Tejas, que era
una provincia mexicana. México perdió la guerra. Como resultado, en
el 1848 debió cederle al Imperio del Norte un 40% de su territorio:
California, Nevada, Utah, Colorado, Arizona, Nuevo México y Wyoming.
México perdió un total de 1.3 millones de kilómetros cuadrados.
Hace poco conocí a Lorena, una activista mexicana que vive en
California. Conversamos sobre la lucha que ella y sus compañeros
llevan a cabo para exterminar el racismo que los mexicanos sufren a
diario en esta región del Imperio. Tras escuchar sus quejas sobre lo
mal que les va (y les ha ido) en ese país, le hice una pregunta que
me pareció casi obvia:
-Lorena, ¿por qué no regresas a tu país y te olvidas de California?
-Estoy en mi país -contestó ella en un tono muy triste-. Mi familia
lleva once generaciones en California. Pero muchos anglosajones,
especialmente los que acaban de llegar hace 6 ó 7 años de lugares
como Nueva York o Chicago, piensan que soy una inmigrante porque
tengo la piel oscura.
Llevo varias semanas pensando en esta respuesta de Lorena y en el
horror que debieron sentir los mexicanos de California en el 1848.
Al igual que Luiggi, se despertaron y desayunaron como todos los
días, pero de pronto descubrieron que ya no eran mexicanos: se
habían convertido en una “minoría” despreciada. Ni siquiera hablaban
el idioma del país al que ahora pertenecían.
Casi todos los días leemos en la prensa norteamericana (y en la
mundial, que repite como las cotorritas) sobre los miles de
mexicanos que cruzan o intentan cruzar la frontera actual del
Imperio del Norte con México. El nombre que le dan a estos seres
humanos es el de “inmigrantes ilegales”, aunque muchos de ellos,
como Lorena, son mexicanos con raíces multicentenarias en estos
territorios que les fueron robados en el 1848.
Ya conoces mi interés por las comparaciones históricas, querida
hermana. Por eso pienso, de pronto, en aquellos bravos españoles que
durante 700 años combatieron a los invasores musulmanes y no se
rindieron hasta liberar a España. Ese periodo histórico se conoce
como “La Reconquista”.
Los que penetraban el sur de España desde el norte no eran
“inmigrantes ilegales” sino reconquistadores: dueños legítimos que
acudían para recuperar lo que les había sido arrebatado. Por eso
tengo que preguntarme si la situación actual en el norte de México
no será igual. Los mexicanos de hoy, ¿son “inmigrantes ilegales” o
simplemente reconquistan lo que perdieron hace 160 años? ¿Lograrán
expulsar a los invasores anglosajones, aunque les tarde 700 años?
No tengo una respuesta. Como embajador de Bizancio, públicamente
debo mantenerme neutral. Pero acá en privado, querida Eudocia, no te
puedo negar que mi simpatía siempre estará del lado de los bravos
reconquistadores.
Te besa tu hermano,
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