jueves, noviembre 30, 2006

CARAVASAR No. 7




PRESENTACIÓN

Nuestra séptima entrega está dedicada, en su mayor parte, al escritor puertorriqueño Luis López Nieves, autor de uno de los libros más importantes de la literatura latinoamericana, en los últimos años: El corazón de Voltaire: él protagoniza la breve crónica que inicia; a continuación, el escritor José Gregorio Bello Porras comenta su novela ya mencionada y seguimos con un cuento de su autoría cuyo personaje central también es Voltaire. No hemos querido cerrar este espacio sobre López Nieves, sin mencionar su formidable espacio web, Ciudad Seva, que es el más completo que sobre literatura en español se consigue en la red. Con esta recomendación, damos inicio a una sección nueva, la de Sitios web cuya visita recomendamos ampliamente.
Completamos la edición con cinco poemas del escritor español Antonio Gamoneda, ganador del Premio Cervantes 2006, más un pequeño noticiero literario que también aparecerá como sección, a partir de hoy. El cierre lo proporcionará nuestra Trivia Literaria.
La imagen con la que abrimos es una ilusión óptica, en homenaje a la invasión que de la realidad hizo un texto ficticio de Luis López Nieves, en 1983.

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LA INVASIÓN DE LA REALIDAD

Armando José Sequera

LA NOCHE ANTERIOR al Halloween de 1938, el joven productor radiofónico Orson Welles presentó una versión libre de la obra La guerra de los mundos, de H. G. Wells, y trastocó el mundo, introduciendo como nunca antes la ficción en la realidad.
Pese a que informó varias veces, a lo largo de su producción, que se trataba de un programa basado sobre un texto ficticio, los neoyorquinos salieron a las calles presas del pánico, ante la pavorosa noticia de una invasión marciana.
La experiencia radiofónica con La guerra de los mundos se ha repetido en otras latitudes y en tiempos más recientes, siempre con resultados semejantes, demostrando no sólo que mucha gente cree lo que quiere creer, sino también que no presta total atención a lo que se le dice y que es más lo que infiere de lo que oye que lo que en realidad escucha.
En nuestro tiempo de medios masivos de comunicación, que tapizan de mensajes múltiples a los oyentes o televidentes, y a estos nada más les queda el hacerse sordos o ciegos ante tal avalancha, parece difícil generar otra histeria colectiva con algo que no sea una invasión extraterrestre.
Sin embargo, en 1983 y en Puerto Rico, ocurrió un caso que ni siquiera se inició a raíz de la transmisión de un programa radial o televisivo, sino y aunque luzca increíble, de un cuento presentado en un suplemento dominical; concretamente, de un cuento titulado Seva, del escritor puertorriqueño Luis López Nieves.

La heroica ciudad arrasada

Nos gustaría relatar lo ocurrido con nuestro estilo característico, pero dado el breve espacio de que disponemos, prefiero entregar el relevo a Consuelo Martínez Justiniano quien, en un texto titulado Seva: De la victoria histórica a la epopeya literaria, que aparece en el sitio web de López Nieves, llamado precisamente Ciudad Seva, lo cuenta sucintamente del siguiente modo.
“El 23 de diciembre de 1983 se publica Seva por primera vez, en la sección En Rojo del semanario Claridad. El texto comienza con una carta dirigida al director del periódico Claridad, Luis Fernando Coss. En ésta Luis López Nieves (autor de Seva) le indica que ha decidido revelar los resultados de una investigación que el historiador Víctor Cabañas ha realizado en torno a la primera invasión norteamericana de Puerto Rico que, según dicho historiador, ocurrió en mayo de 1898 por el pueblo de Seva (localizado en el este de Puerto Rico) y no el 25 de julio, según se registra en la historia oficial de Puerto Rico. López Nieves alega haber tomado esta decisión luego de reflexionar y haber asumido las debidas precauciones que garanticen su seguridad personal, ya que su amigo (el historiador Víctor Cabañas) ha desaparecido misteriosamente, y el autor relaciona su desaparición con los hallazgos de la investigación que Cabañas realizó y que contradice la versión de la historia que todos conocen.
El autor procede a presentar en la narración una serie de documentos para legitimar su versión de los hechos. Entre ellos se encuentran las cartas de Víctor Cabañas dirigidas a López Nieves; páginas del diario del General Miles, quien estuvo a cargo de la invasión norteamericana a la isla; una declaración jurada por el único sobreviviente de los acontecimientos de Seva, un cimarrón llamado Ignacio Martínez; fotos y mapas que prueban su historia. López Nieves relata en su narración la resistencia heroica contra los invasores por parte de los pobladores de Seva. También cuenta cómo los norteamericanos decidieron borrar toda evidencia y masacraron a los habitantes de Seva que mostraron resistencia, eliminando toda la población del pueblo y estableciendo sobre los escombros, una base militar (Roosevelt Roads). Luego crearon en las cercanías un pueblo llamado Ceiba y alteraron los mapas existentes para confundir a quienes pudieran recordar la existencia de Seva.
Finalmente, el autor concluye con una posdata en la que expresa su alarma y su angustia ante la desaparición de su amigo, el historiador Víctor Cabañas”.

Seva vive

Muchas personas, sin advertir que se trataba de una ficción histórica, demandaron entonces de la prensa y del gobierno de Puerto Rico que se hiciera justicia y que se esclarecieran los hechos de tan terrible masacre. Además, aparecieron en toda la isla grafittis que decían Seva vive.
Y pese a que, como Welles, López Nieves aclaró por todos los medios posibles que Seva era un cuento surgido de su imaginación, mucha gente insistió en que se trataba de algo real.
De hecho, aún hay bastantes personas que sostienen que los hechos ocurrieron no como se cuentan oficialmente sino como los contó el supuesto historiador Víctor Cabañas, a quien probablemente se asesinó para acallarlo.

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Libro recomendado

Luis López Nieves
El corazón de Voltaire.
Editorial Norma, Bogotá, 2005.



UN MEDIO DE COMUNICACIÓN
cotidiano, como es el correo electrónico, sirve de soporte, de forma estructural, de entramado, para una novela monumental, escrita por el puertorriqueño Luis López Nieves.
No podía ser de otra forma, tratándose de una investigación en el ámbito de la ficción de un personaje trascendente en la historia moderna como lo es Voltaire. Recordemos que el género epistolar fue espléndidamente cultivado en la época de la vida del personaje, que las misivas siempre han servido para la reconstrucción biográfica e historiográfica de los actores de los grandes acontecimientos y que este género, hoy en día, se transmuta en la inmediatez de un mensaje, cuando salta hacia la virtualidad electrónica.
López Nieves continúa la tradición epistolar con los medios de la tecnología actual. Sólo como pretexto para dejarnos sin aliento por un cruce de mensajes que van descubriendo una trama impactante que aúna la ciencia ficción, la novela policial, la de aventuras, la de ficción política e histórica, aparte de otras cualidades genéricas que el lector pueda ir encontrando en la obra.
El acto narrativo de López Nieves tiene la particular eficacia de atrapar y regresar esa impalpable fugacidad del mensaje electrónico al papel físico de una novela. Luego podría retornarlo, de la misma forma, a ese efímero espacio de donde procedió, ese espacio que comparte esta reflexión.
Esa virtud no es exigua. Lo trascendental se pasea entre lo efímero y lo secreto. Lo que nunca nadie podrá saber se oculta en una red electrónica, en una trama –o en una trampa– de mensajes que van constituyendo una acción desde la narración referencial de unos hechos efectuada por los personajes de la novela.
Entre esos personajes se destaca, fundamentalmente, el del genetista Roland De Luziers, como descifrador de un misterio que se oculta en el corazón de Voltaire, reliquia laica de veneración patriótica, resguardada en la Biblioteca Nacional de Francia.
Los personajes van adquiriendo una gradual existencia humana en el intercambio de notas. En ellas dejan colar sus vidas, al tratar de armar un enorme rompecabezas que comenzó con la trivial intervención de una embajadora francesa en una recepción diplomática en Suramérica.
Oculto entre esos actantes, el verdadero personaje que irá apropiándose de la escena detrás de la narración referencial de De Luziers será el propio Jean Marie Arouet, conocido como Voltaire, genio de la iluminación y de la concepción moderna de la libertad y los derechos de los ciudadanos, padre de una revolución que no llegó a ver según las versiones historiográficas oficiales.
Pero no voy a contar la trama. Debe el lector caer en su torbellino, dejándose atrapar por el goce de ir descubriendo una historia que escapó de la Historia y que se nos revela como brutal certeza sin salir del marco de la ficción.
La verosimilitud, el clima creado por la narración, lleva al lector a confundir lo que parece la verdad sobre la suerte de los últimos años de Voltaire, la de su sepultura y sus restos, con los hechos propuestos como irrefutables pruebas científicas, con la hipótesis y el descubrimiento de lo fabuloso que se descubre a través de la obra.
El Corazón de Voltaire es una novela excepcional en ese sentido. No pretende siquiera hacerse pasar por un estudio científico, ni enfatizar con razonamientos de apariencia juiciosa el encubrimiento de los hechos reales, realizado por las fuerzas del poder oficial a través de una minuciosa conspiración; sino que en su campo de novela, de narración, de ficción, que en ningún momento intenta abandonar, logra convencer al lector de la posibilidad de la hipótesis planteada. Hace, pues, partícipe o cómplice al lector. Lo hace llegar a conclusiones anticipadas. Lo sumerge en lo emotivo, hasta hacer que trate de revelarle a los personajes – a través del correo electrónico, por supuesto – lo que ya vislumbró como posibilidad. Lo atrapa en la red, tal como atrapa una buena sesión de chat. O una araña.
Uno olvida la biografía repetida por doscientos años, para realizar un acercamiento al personaje histórico desde otra perspectiva. El corazón de Voltaire humaniza la pétrea figura del prócer, descubriendo sus temores y su sentido del humor, sus paradojas vitales y su enfrentamiento a la trascendencia y a la muerte. Con ello confirma la validez del título, un músculo que mezcla el sentimiento y la razón y que representa mucho más de lo que cualquier taxidermista de las ideas pueda embalsamar.

José Gregorio Bello Porras (1953), autor de esta nota es escritor, psicólogo y guionista de radio y televisión. Autor de más de cincuenta libros, entre los que destacan Andamiaje y Un largo olor a muerto.
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LA ABSOLUCIÓN

Luis López Nieves

TARDE EN LA NOCHE, bajo la lluvia, el carruaje se detuvo frente a la mansión. Los lacayos corrieron a colocar la banqueta bajo la portezuela, para que el Obispo y sus dos sacerdotes pudieran bajar sin esfuerzo. Al inclinarse, la peluca blanca de uno de los sirvientes estuvo a punto de caer en el fango, pero éste la detuvo a tiempo, sin que los clérigos se distrajeran por su torpeza. El Obispo, delgado, de carnes rosadas, vestía la ropa suntuosa que exigía la ocasión. Los sacerdotes, más modestos en el acicalamiento, se limitaban a cargar los Santos Óleos y la Eucaristía.
El zaguán estaba repleto de gente del pueblo con velas y linternas en las manos. Olía a lluvia, a humedad, a noche tras noche de llovizna empedernida sin el respiro de una luna llena. Algunas mujeres lloraban. Los lacayos le abrieron paso a los clérigos pero, al llegar a la puerta, tuvieron que detenerse y esperar junto a los demás. Pasaron treinta minutos. Sesenta minutos. Dos horas. Primero los lacayos trajeron banquetas para que los clérigos descansaran. Luego trajeron tazones con agua fresca, que el Obispo generosamente compartió con los desconocidos que hacían guardia, como él, frente a la puerta del famoso moribundo.
Al fin, tras una espera que rebasó las tres horas, la sirvienta abrió la puerta y les hizo señas a los clérigos, quienes entraron a la mansión en silencio.
–La sobrina y el médico duermen al fin –dijo la mujer–. El amo muere.
Llevó a los religiosos a una habitación pequeña, oscura, calurosa. Con la cabeza recostada sobre varios almohadones de pluma, el moribundo miraba hacia la puerta con los labios apretados. Era muy viejo y no llevaba peluca.
–Hijo –dijo el Obispo, sentándose al lado de la cama–, ¿ya no maldices a Dios?
–No –dijo el moribundo con voz cansada. Los clérigos no pudieron disimular la alegría.
Los dos sacerdotes se congratularon con una sonrisa, mientras el Obispo, el pecho inflado, miraba al moribundo con ojos condescendientes.
–¡Alabado sea! Al fin has visto la luz, hijo mío. ¿Quieres confesión?
–No –dijo el anciano, cada vez más débil y cerca de la muerte. La vida se le vaciaba como una jarra quebrantada.
El regocijo de los sacerdotes se convirtió en un angustiado desconcierto. El Obispo, entristecido, se enderezó la peluca blanca que le caía hacia el lado derecho.
–Pero has dicho que no lo maldices, que ¡crees en tu Creador!
–No puedo maldecir lo que no existe, idiota –dijo el moribundo con sus últimas energías.
Los ojos del cura que cargaba los Santos Óleos se llenaron de lágrimas.
–Es tu última oportunidad –insistió el Obispo.
–Acércate –dijo el moribundo, levantando una mano.
El Obispo acercó el oído. Los sacerdotes, ansiosos por escuchar, casi se recostaron sobre las espaldas del prelado.
–Váyanse a la mierda –dijo el anciano, y expiró.
Los sacerdotes, atónitos, tardaron varios minutos en reaccionar.
–Excelencia –dijo el que llevaba los Santos Óleos–, lo vi en sus ojos.
–¿Qué viste? –preguntó, sorprendido, el sacerdote que llevaba la Eucaristía.
–Quiso arrepentirse –continuó el de los Santos Óleos–, pero el maldito Demonio...
–...le llenó la boca de vil blasfemia y pecado –remató el Obispo.
El sacerdote que llevaba la Eucaristía estuvo a punto de decir algo, pero se detuvo: De su rostro desapareció todo signo de curiosidad. Los tres guardaron silencio otros minutos, contemplando sin cesar el cuerpo inerte del hombre de letras.
–Tengamos piedad de su alma –dijo el que llevaba los Santos Óleos, mientras abría los frascos de aceite exquisito.
–Tengámosla –asintió el Obispo.
Cuando los religiosos regresaron a la puerta principal de la mansión ya el pueblo conocía la noticia de la muerte del filósofo. Algunos lloraban, varios tenían la mirada pasmada, otros guardaban silencio. Todos sabían que algo importante había pasado allí esa noche: La muerte de un hombre que no era como ellos. El Obispo se dispuso a hablarle a su rebaño. Los lacayos acercaron velas a su rostro.
–Hijos míos: regocijaos. Voltaire, el más grande sacrílego de todos los tiempos, vio la luz en los últimos minutos de su vida y pidió la absolución. Dísela. Vio el rostro de Dios. Que descanse en paz.
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Luis López Nieves (1950), escritor, guionista, traductor y catedrático puertorriqueño. Autor de Seva, un cuento que conmocionó el mundo literario de su isla en 1983. También ha publicado los libros de cuentos Escribir para Rafa y La verdadera muerte de Juan Ponce de León.

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Sitio web recomendado

CIUDAD SEVA

Ciudad Seva se define como el hogar electrónico del escritor Luis López Nieves. Pero es mucho más que eso, infinitamente más.
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