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para Luis López Nieves
He leído de un tirón la novela de Luis
López Nieves:
El corazón de Voltaire.
Interesante, bien escrita... y, para mí, llena de maravillosas
resonancias históricas. Luis se muestra aquí, una vez más, como un
verdadero orfebre de la intriga histórica.
Solemos decir que un ser humano tiene un
gran corazón cuando parece estar lleno de comprensión y amor por
el prójimo. Y que no tiene corazón cuando se muestra insidioso,
mal intencionado y vengativo. En este sentido convencional nos
preguntamos cuál era el caso de Voltaire al respecto.
Es difícil encontrar un ejemplar humano
más frío, insidioso y vengativo que Voltaire, el súper genio
racionalista, el héroe de la razón, el artífice de la más
corrosiva ironía imaginable, como pudieron comprobar tanto
Leibnitz como Rousseau, y por supuesto el Vaticano y las
religiones en general, en particular el islamismo.
Parece ser que François Marie Arouet,
Voltaire, era también amorosamente frígido, por decir lo menos.
Empecemos por señalar que Voltaire
padecía de una clara misoginia. Decía de su gran amor, la Marquesa
du Châtelet, que era "un gran hombre cuyo único defecto era ser
mujer".
En cuanto a Emilie du Châtelet, es
interesante señalar que nada menos que su admirador intelectual,
Enmanuel Kant -otro misógino-, pusiera en dudas que "una mujer que
mantiene controversias eruditas sobre mecánica, como la Marquesa
du Châtelet, pudiera al mismo tiempo tener un corazón".
Por supuesto, prejuicios de la época que
sólo implican lo extraordinario de la vitalidad y la genialidad de
Emilie du Châtelet.
Pero por otra parte, tenemos que reseñar
que Emilie du Châtelet era una mujar casada, que compartía su vida
sexual a la vez con dos amantes, uno de ellos su maestro de
matemáticas, un noble y distinguido científico, y el otro
Voltaire.
Emilie, después de haber parido tres
hijos, supuestamente de su marido, quedó embarazada a los 42 años
por obra de un tercero. Bueno, de un cuarto, si contamos a su
marido. Este cuarto hombre era el poeta Jean François de Saint-Lambert.
Emilie murió unos días después del parto.
Todo esto lo vivió Voltaire impasible,
aunque es cierto que se mantuvo periódicamente apegado a Emilie
hasta el fin de su vida.
Aunque sí es cierto que Voltaire decía
amar a Emilie du Châtelet porque la consideraba un genial hombre
sin barba, dejemos claro, por si acaso, que no se le conocieron a
Voltaire aventuras homosexuales.
De hecho, Voltaire sólo tuvo un gran amor
en toda su existencia: el amor a sí mismo, a su gigantesco ego. En
resumen, es difícil encontrar en la historia un escritor más frío
y egocentrado que Voltaire. De ahí se deriva el título de este
ensayo.
Como se ha dicho "hay razones del corazón
que la razón no entiende".
* * *
Consideramos que sería iluminador
recordar algunas de las vivas polémicas personales mantenidas por
Voltaire, a lo largo de su existencia, en especial la más violenta
y enconada de todas ellas, la que tuvo frente y contra Rousseau.
Harold Bloom destaca la contradicción que
se da entre el escepticismo irónico de Voltaire y el
sentimentalismo de Rousseau.
En este caso tenemos una crítica
implacable frente a una intensa y amplia cordialidad cósmica, en
cierto sentido afín a nuestra actual sensibilidad ecológica.
Por su parte, Beltrand Russell comenta
que no era nada sorprendente que Rousseau y Voltaire terminaran
peleándose. Lo maravilloso es que no se pelearan antes.
Pero esto no era todo. Ambos se las
traían en cuanto a mala leche se refiere.
Cuando Rousseau envió a Voltaire el texto
de El contrato social, Voltaire reaccionó con los
siguientes comentarios: (carta de 30 agosto 1755)
"No se pueden pintar con colores más
fuertes los horrores de la sociedad humana, donde nuestra
ignorancia y nuestra debilidad se permiten tantas consolaciones.
Nunca se ha empleado tanto espíritu para querer convertirnos en
bestias. Cuando se lee su obra, se sienten deseos de andar a
cuatro patas. Pero tengo ya sesenta años y he perdido el hábito.
Siento que por desgracia me es imposible practicarlo. Dejo esta
manera natural de ir a aquellos que son más dignos que usted y que
yo. Tampoco puedo embarcarme para ir a encontrar los salvajes de
Canadá precisamente porque las enfermedades que he acumulado me
retienen cerca de los grandes médicos de Europa y que no
encontraría la misma seguridad entre los (indios) misuris. En
segundo lugar, la guerra ha llegado a esos países y que los
ejemplos de nuestras naciones han convertido a los salvajes en
casi tan malos como nosotros".
"Yo me limito a ser un salvaje apacible
en la soledad que he elegido en vuestra patria, donde usted
debería estar. Estoy de acuerdo con usted en que las bellas artes
y las ciencias han causado mucho mal".
"Los enemigos de Tasso hicieron de su
vida un tejido de desgracias; los de Galileo le hicieron gemir en
la prisión a los setenta años de edad, por haber conocido el
movimiento de la tierra, y aún más vergonzoso fue que le obligaran
a retractarse. Desde que vuestros amigos habían comenzado el
Diccionario enciclopédico, los que osaron ser sus enemigos los
tildaron de teístas, ateos e incluso de jansenistas".
"Pero de todas las amarguras expandidas
sobre la tierra, éstas no son las más funestas. Las espinas
pegadas a la literatura y un poco de reputación no son más que
flores en comparación con los males que desde todos los tiempos
han inundado la tierra".
"Debéis confesar que ni Cicerón, ni
Varrón, ni Lucrecia, ni Virgilio, ni Horacio han tomado la menor
parte en los destierros. Mario era un ignorante, el bárbaro Syllas,
el crapuloso Antonio, el imbécil Lipide (Marco Antonio Lépido)
leyeron poco a Platón y a Sófocles...".
"...Confesad que ni Petrarca ni Boccacio
hicieron nacer los problemas de Italia".
"Confesad que la retórica de Marot no ha
producido (la matanza de) Saint Bartolomé y que la tragedia del
Cid no causó los problemas de la Fronda".
"Los grandes crímenes no han sido
cometidos más que por célebres ignorantes. Lo que ha convertido, y
convertirá, este mundo en un valle de lágrimas es el insaciable
deseo y el indomable orgullo de los hombres...".
"Las letras alimentan el alma, la
rectifican, la consuelan, ellas le sirven".
"Señor, en el tiempo en que usted
escribía contra ellas, usted era como Aquiles que se levanta
contra la gloria, o como P. Malebranch cuya imaginación brillante
escribía contra la imaginación".
"Si alguien debiera quejarse de las
letras soy yo, ya que en todos los tiempos y en todos los lugares
ellas han servido para perseguirme, pero hay que amarlas a pesar
de los abusos que se han cometido, como hay que amar la sociedad
donde los hombres malos corrompen las dulzuras, como hace falta
amar la patria, aunque en ella surjan injusticias, como hace falta
amar al ser supremo, a pesar de las supersticiones y los
fanatismos que deshonran tan frecuentemente el culto".
* * *
De la respuesta de Rousseau (de 10 de
septiembre de 1755) a la carta de Voltaire (de 30 agosto de 1755),
entresacamos los párrafos más significativos.
Después de una sumisa y untuosa
introducción que pretende expresar su admiración por el gran
Voltaire, Rousseau pasa a señalar implacablemente las
contradicciones del pensamiento de su oponente, como antes éste
había enumerado las del pensamiento de Rousseau.
"Sabed que yo no aspiro a restableceros
en vuestra bestialidad, aunque por mi parte lamento lo poco que he
perdido de ella. En cuanto a usted se refiere, señor, este retorno
sería un milagro tan grande a la vez y tan nocivo que
correspondería a Dios hacerlo y al Diablo desearlo".
"No se sienta tentado a recaer en cuatro
patas. Nadie en el mundo lo logrará menos que usted".
"Acepto todas las desgracias que
persiguen a los hombres célebres en las letras. Incluso acepto
todos los males correspondientes a la humanidad y que parecen
independientes de nuestros vanos conocimientos. Los hombres han
abierto sobre sí mismos tantas fuentes de miseria que, cuando el
azar se vuelve contra alguno, no deja de ser poco afectado".
"Por otra parte, hay en el progreso de
las cosas relaciones escondidas que el hombre vulgar no percibe
pero que no escapan al ojo del sabio cuando éste reflexiona. No
son ni Terencio, ni Cicerón, ni Virgilio, ni Séneca, ni Tácito, no
son ni los sabios ni los poetas quienes producen los males de Roma
y los crímenes de los romanos, sino que son los venenos lentos y
secretos que van corrompiendo poco a poco al más vigoroso de los
gobiernos que conoce la historia".
"Ni Cicerón, ni Lucrecia, ni Salustio
hubieran podido existir si no hubieran escrito.
"El gusto de las artes y las letras nace
en un pueblo de un vicio interior que aumenta. No es cierto que
todos los progresos humanos sean perniciosos a la especie. Son el
espíritu y el conocimiento los que aumentaron nuestro orgullo y
multiplicaron nuestros desvíos, aceleraron nuestros males, pero
llega un tiempo en el que el mal alcanza tal grado que las causas
mismas que lo hicieron nacer son necesarias para poder impedir que
aumente".
"En cuanto a mi se refiere, si yo hubiera
seguido mi primera vocación y no hubiera leído y escrito, yo
habría sido más feliz sin duda alguna; sin embargo sin las letras
se hubieran mantenido aniquiladas, yo me hubiera privado del único
placer que me queda. Es en su seno que yo me consuelo de todos mis
males; es entre aquellos que las cultivan que yo gusto de la
dulzura de la amistad y que aprendo a gozar de la vida sin temor a
la muerte".
"Si buscamos la fuente primera de los
males de la humanidad, encontraremos que todos los males de los
hombres provienen más del error que de la ignorancia y que lo que
no sabemos nos molesta menos que lo que creemos saber. ¿y que
conduce a correr de error en error que no sea el furor de saberlo
todo?".
"Si no se hubiera pretendido saber que la
tierra no giraba, no se hubiera castigado a Galileo por haber
dicho que giraba. Si los filósofos no hubieran reclamado este
título, no habrían sido perseguidos los enciclopedistas".
"No me sorprende encontrar que las
espinas son inseparables de las flores que coronan los grandes
talentos".
"Aprecio vuestra invitación y, si este
invierno me deja en condiciones para ir en primavera a mi patria,
aprovecharé vuestra bondadosa invitación, pero preferiré beber el
agua de vuestra fuente que la leche de vuestras vacas, y en cuanto
a las hierbas de vuestro vergel, temo que no encontraré otra cosa
que lotos, que no son pasto para las bestias, Y la Moly, que
impide que los hombres se hagan (demasiado) humanos".
Resulta interesante averiguar que la Moly
es una hierba mágica, de raíz negra y flores blancas, que es
mencionada en la mitología griega. Sólo puede ser colectada por
manos divinas. En la Odisea, vemos que Hermes le da esta
hierba a Ulises para protegerlo de la hechicera Circe. En
realidad, la Moly es una planta silvestre europea que es llamada
Ajo Dorado o Allium Moly (en inglés Lily Leek).
¿A qué peligrosos hechizos, y hechiceras,
se refiere aquí Rousseau?. ¿A la mujer en general? ¿Es que acaso
Rousseau tenía también su venita misógina, como Voltaire y Kant?
Así parece ser.
* * *
Varios autores han señalado, y nosotros
subrayamos, que Rousseau, en su respuesta a Voltaire, se ajusta a
la estrategia de su adversario. Trata de poner a Voltaire en
contradicción consigo mismo.
Es también la estrategia que fue
utilizada por Voltaire en su libelo contra Rousseau titulado:
“Lettre au docteur Jean-Jacques Pansophe” (1766).
"Juicioso administrador de la estupidez y
de la brutalidad de los salvajes, usted ha gritado contra las
ciencias y cultivado las ciencias. Usted ha tratado a los autores
y los filósofos de charlatanes y, para servir de ejemplo, usted ha
sido autor. Usted ha escrito contra la comedia con la devoción de
un capuchino, usted ha considerado como una cosa abominable lo que
un sátrapa o en duque tienen de superfluos y usted ha copiado
música para esos sátrapas o duques que usted considera
superfluos".
"Usted defiende un sincero apego a la
revelación, predicando el deísmo, lo que no impide que, en su
opinión, los deístas y los filósofos sean ateos. Admiro
debidamente tanto su candor como lo ajustado de su espíritu, pero,
permítame la gracia de creer en Dios. Usted puede ser un sofista,
un mal razonador y en consecuencia escritor por lo menos inútil,
sin que yo sea un ateo. El ser soberano nos juzgará a los dos.
Esperemos humildemente su veredicto... No tema que sus inútiles
calumnias contra los filósofos y contra mi le hagan desagradable
ante los ojos del ser supremo".
Recordemos que el calculador Voltaire
amasó una gran fortuna con diversos tipos de especulaciones
económicas, entre las que está el juego en casinos. Es desde esta
posición de ricachón que Voltaire le echa en cara al pobre
Rousseau el haber hecho copias a mano de partituras musicales, por
encargo de ciertos nobles, para poder sobrevivir.
* * *
Voltaire, a causa de un altercado a la
salida de un teatro con un miembro de la nobleza, fue encarcelado
en la Bastilla. Y luego fue exiliado a Inglaterra.
Se cuenta que, con ocasión de este hecho,
Voltaire habría dicho:
"Sólo le he pedido a Dios una cosa en
toda mi vida y es que haga reírse a la gente de mis enemigos.
Por supuesto, Voltaire ayudaba esforzada
y eficazmente a Dios en este asunto.
* * *
Disponemos de dos textos recientes que
nos han permitido aguzar nuestras comparaciones, a los cuales le
debemos nuestra información más preciada:
1.Jean-Jacques Rousseau: Restless
Genius de Leo Damrosch.
2.Voltaire Almighty: A Life in Pursuit
of Freedom de Roger Pearson.
Según Leo Damrosch, la ruptura entre
Voltaire y Rousseau se originó como consecuencia de ciertos
comentarios destemplados de Rousseau contra Voltaire. dentro del
contexto de una campaña pública contra el teatro que Voltaire
esperaba fundar en la calvinista Ginebra.
Parece ser que Rousseau intrigó
ocultamente contra el establecimiento de este teatro, propiciado
por Voltaire.
No olvidemos la obra dramática de
Voltaire, que se inicia con la tragedia Edipo. Esta obra se
basaba en una tragedia atribuida a Sófocles acerca de Edipo
Tirano. (Es en esa época en la que François Marie Arouet adopta el
pseudónimo de Voltaire).
El Edipo de Voltaire se representó
en el Théâtre Français, en 1718, con resonante éxito.
Roger Pearson nos cuenta que Voltaire
consideraba que el teatro tenía ciertos efectos civilizadores,
tanto en el público como en los actores. Y ponía los ejemplos de
China, Grecia y Roma.
Voltaire creía que, sólo mediante la
educación y la razón, podía el ser humano ir separándose de la
bestia, mientras que Rousseau pensaba que eran precisamente la
educación y la razón las que corrompían al ser humano y lo volvían
antinatural.
Para Rousseau, el teatro sólo traía
degeneración de las costumbres. Y en consecuencia, se unió a los
conservadores de la ciudad para oponerse.
Pero en esta campaña contra Voltaire,
Rousseau jugó sucio. Parece ser que llegó a acusarlo de ateo, lo
que constituía el máximo crimen imaginable en la Ginebra
calvinista. No es extrañar, pues Rousseau, para decir lo menos,
tenía un carácter turbio, lleno de dobleces.
Leo Damrosch va más a fondo en su crítica
de ambos y muy certeramente -en nuestra opinión- anota que:
"Durante el siglo dieciocho, era usual
considerar a Voltaire como un pensador de primera categoría y a
Rousseau como un mero proveedor inteligente de paradojas. Pero si
bien es cierto que el pensamiento de Rousseau está lleno de
paradojas, no es menos cierto que es original y que Voltaire, por
otra parte, viene a ser realmente un populizador brillante".
Esto es más claro cada día que pasa en el
siglo XXI. Hoy nos encontramos dentro de una situación semejante.
El post-estructuralismo, cuya
contribución a la radical liberación del hombre occidental es
innegable, entendemos que, a pesar de todo, viene a ser el
heredero de Voltaire, de una brillante popularización
deconstructiva, y como tal ha estado obnubilando otras dimensiones
igualmente necesarias a la evolución de la cultura y la sociedad
occidental.
Después de más de dos siglos de
racionalismo violentamente antropocéntrico, por fin parece que
sentimos la necesidad de recordar que nuestras raíces están en la
naturaleza. Sin duda alguna se trata de un viraje claramente
rusoniano y, a la vez, darwiniano. Una pujante sensibilidad
ecológica florece en nuestro tiempo.
La brillante deconstrucción lingüística
que Derrida hace de Rousseau deja, sin embargo, sus profundas
concepciones fundamentales intactas, como las dejó en su tiempo la
crítica volteriana.
El popularizado deconstruccionismo
norteamericano se ha ido hundiendo en la más crasa esterilidad
creativa, como vaticinara Harold Bloom.
Saint Simón, a comienzos del siglo XIX,
afirmaba que historia está dominada por unos principios generales
que determinan la sucesión de épocas orgánicas y de épocas
críticas. Según él, la época orgánica es la que reposa sobre un
sistema de principios bien asentado y progresa dentro de los
límites por él establecidos. Plantea, que si en cierto momento,
este progreso hace cambiar las ideas básicas sobre las cuales se
asentaba época, determina así, el comienzo de una época crítica.
Según Saint Simón, toda la época moderna es de crisis, como
consecuencia de no haber conseguido un amplio y sólido consenso
acerca de estos principios básicos, dados por las ciencias.
Así como el mensaje de Rousseau era
necesario entonces para el futuro de Europa, hoy es indispensable
que dejemos de deconstruir obsesivamente tan sólo y nos apliquemos
también a construir de nuevo, si no queremos que nuestro barco
sociocultural se vaya a pique y quedemos meramente como una ruina
gloriosa más en el camposanto de la historia de la humanidad,
imagen desolada de la que nos hablaba, estremecido, Hegel.
Pero esto es otro asunto que merece ser
tratado con la debida extensión en otro ensayo.
Aquí lo que más nos importaba era
subrayar la falta de fibra emocional perceptible en Voltaire. Esto
nos incita a hablar simbólicamente de su corazón ausente, ese
corazón que nos cuenta Luis López Nieves que fue objeto de tan
ingeniosas búsquedas detectivescas.
El corazón y el cerebro de Voltaire
fueron separados de su cadáver, que fue debidamente sepultado.
Su maravilloso cerebro afortunadamente se
conserva todavía en la Biblioteca Nacional de París.
Por otra parte tenemos que, como nos
cuenta Luis, el corazón de Voltaire ha desaparecido. ¿Pero es que
existió alguna vez? Pues siempre brilló por su ausencia.
FIN |