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Presentación/Introducción El objetivo fundamental de esta
investigación es profundizar en
los conocimientos
acerca de la estructura y el desarrollo de los cuentos.
Definiendo al cuento como un breve relato o narración, se
penetrará en su panorama histórico, que resulta más difícil de fijar
que el de la mayoría de los géneros literarios. Originariamente, el
cuento es una de las formas más antiguas de literatura popular de
transmisión oral. El término se emplea a menudo para designar
diversos tipos de narraciones breves, como el relato fantástico, el
cuento infantil o el cuento folclórico o tradicional. Entre los
autores universales de cuentos infantiles figuran Perrault, los
Hermanos Grimm y Andersen, creadores y refundidores de historias
imperecederas desde "Caperucita Roja" a "Pulgarcito", "Blancanieves",
"Barba Azul" o "La Cenicienta". También veremos las condiciones, los
elementos, y el análisis que debe reunir un cuento para su
elaboración, con el fin de captar la atención del lector.
El desarrollo de la vida literaria en el mundo se ha hecho
posible gracias a numerosos cuentistas importantes que con su sabia
experiencia y capacitación han logrado traspasar las fronteras,
poniendo muy en alto el nombre de sus respectivos países. Éstos se
han destacado tanto que son reconocidos hoy en día en el mundo
entero.
Cuento
Narración breve, oral o escrita, de un suceso imaginario.
Aparecen en él un reducido número de personajes que participan en
una sola acción con un sólo foco temático. Su finalidad es provocar
en el lector una única respuesta emocional. La novela, por el
contrario, presenta un mayor número de personajes, más desarrollados
a través de distintas historias interrelacionadas, y evoca múltiples
reacciones emocionales.
Etimológicamente, cuento deriva de la palabra latina computum,
que significa cálculo, cómputo, enumeración, clasificación,. De
cálculo y enumeración pasó a significar la enumeración de hechos, y,
por extensión, "cuento" significa recuento de acciones o sucesos
reales o ficticios.
Es más difícil decir con exactitud cuándo se originó el cuento, y
ello se debe en gran parte a los equívocos que conlleva su mismo
nombre. Cabría, por lo tanto, distinguir en el concepto cuento, dos
aspectos distintos: el relato fantástico y la narración literaria de
corta extensión, oponiéndose así a la idea de novela, estos dos
aspectos no son excluyentes, a menudo se dan en la misma obra, y
tienen como base común el hecho de tratarse de relatos breves,
generalmente en prosa; pero suelen representar dos vertientes
claramente diferenciadas del mismo genero literario.
No se sabe con exactitud cuándo comenzó a utilizarse la palabra
"cuento" para señalar un determinado tipo de narrativa, ya que en
los siglos XIV y XV se hablaba indistintamente de apólogo, ejemplo y
cuento para indicar un mismo producto narrativo. Boccaccio utilizó
las palabras fábula, parábola, historia y relato. Estos nombres han
ido identificándose con una forma de narración claramente delineada.
Ramón Menéndez Pidal, en el estudio preliminar de su antología de
cuentos de la literatura universal, dice: “Al terminar la Edad
Media, la conciencia creadora del narrador se ha impuesto, y, de ser
refundidor, adaptador o traductor, se convertiría en artista, en
elaborador de ficciones. Así, a través de un lento pero firme
proceso de transformación, la Edad Media europea trasvasa a la
Moderna el género cuentístico como creación absoluta de una
individualidad con su propio rango de estructura literaria,
autónoma, tan válida por sí misma como el poema, la novela o el
drama”.
Esta concepción del cuento como estructura literaria autónoma
predomina hoy día, y esto significa que lo rige una organización y
forma determinadas que lo dotan de un carácter peculiar, intrínseco
e individual. No por ello, sin embargo, se habrán descartado las
ambigüedades, porque en el siglo XIX, cuando el género nace a la
vida hispanoamericana, y aun en el siglo XX, se le confunde con las
tradiciones, los artículos de costumbres, las leyendas, las fábulas,
y más tarde con la novela corta. Con el correr del tiempo, los
géneros anteriores se van definiendo, y el cuento se separa
definitivamente como signo literario, como mundo poético, como
fragmento de realidad con límites determinantes. En ese proceso,
también el cuento se ha ido modificando.
Actualmente se ha generalizado la idea de que la palabra cuento
significa "relación de un suceso". Más precisamente, la relación,
oralmente o por escrito, de un suceso falso o de pura invención.
Valga esta apreciación, porque sin ella, en épocas pretéritas,
cuando los hombres aun no escribían y conservaban sus recuerdos en
la tradición oral, cuento hubiera sido cuando hablaban.
No obstante ser esta definición un tanto ambigua por su amplitud;
existen numerosas definiciones sobre la naturaleza del cuento, las
cuales reproduciremos, por creer que ellas ayudarán a comprender
mejor lo que implica el cuento como género literario.
Sainz de Robles, en su libro Cuentistas españoles del siglo XX,
dice: “El cuento es, de los géneros literarios el más difícil y
selecto. No admite ni las divagaciones ni los preciosismos del
estilo. El cuento exige en su condición fundamental, como una
síntesis de todos los valores narrativos: tema, película justa del
tema, rapidez dialogal, caracterización de los personajes con un par
de rasgos felices. Como miniatura que es de la novela, el cuento
debe agradar en conjunto”.
Raúl A. Omil Alba y Piérola, en su libro El cuento y sus
claves, dice: “Cuento es el acto de narrar una cosa única en su
fragmento vital y temporal, así como el poema poetiza una
experiencia única e irrespetable. El narrador de cuentos está en
posesión de un suceso que cobra forma significativa y estética en la
fluencia lógico-poética de lo narrado.
Carlos Mastrángelo, en su libro El cuento argentino,
define el cuento de la siguiente manera:
- Un cuento es una seria breve y escrito de incidentes;
- de ciclo acabado y perfecto como un círculo;
- siendo muy esencial el argumento, el asunto o los incidentes
en sí;
- trabados éstos en una única e ininterrumpida ilación;
- sin grandes intervalos de tiempo y espacio;
- rematados por un final imprevisto, adecuado y natural.
Abelardo Díaz Alfaro, citado en La gran enciclopedia de Puerto
Rico, cuyas autoras son Margarita Vázquez y Daisy Caraballo,
dice “El cuento es, para mí, síntesis poética; se acerca en mi
concepto a lo que es en poesía el soneto. No puede en este género
perderse una sola línea, un solo trazo. La trama es secundaria en el
cuento. Ésta puede ser elemental y, sin embargo, resultar efectiva
si el tratamiento es adecuado... El trazo que se da debe ser
definitivo, no hay lugar a enmiendas”.
René Marqués, citado en la misma obra anterior, dice “El cuento
es, para mí, de modo esencial y en último análisis, la dramática
revelación que un ser humano -hecho personaje literario- se opera, a
través de determinada crisis, respecto al mundo, la vida o su propia
alma. Lo psicológico es, por lo tanto, lo fundamental en el cuento.
Todo otro elemento estético ha de operar en función del personaje.
De lo contrario, deja de ser “funcional” y se convierte en materia
extemporánea, muerta. Dada la brevedad que, en términos de
extensión, dicta el genero, el cuento se presta, quizás más que
otras expresiones en prosa, al uso afortunado del símbolo como
recurso de síntesis práctica...”
M Baquero Goyanes, en su libro El cuento español en el siglo
XX, dice lo siguiente: “El cuento es un precioso género
literario que sirve para expresar un tipo especial de emoción, de
signo muy semejante a la poética, pero que no siendo apropiado para
ser expuesta poéticamente, encarna en una forma narrativa, próxima a
la novela pero diferente a ella en la técnica e intención. Se trata,
pues, de un genero intermedio entre poesía y novela, apresador del
matiz semipoético, seminovelesco, que sólo es expresado en las
dimensiones del cuento”.
Definiciones de Cuento
1. Narración breve, escrita generalmente en prosa, y que por su
enfoque constituye un género literario típico, distinto de la novela
y de la novela corta.
2. Breve relato de sucesos ficticios y de carácter sencillo,
hecho con fines morales o educativos.
3. Relación de suceso - Relación de un suceso falso o de pura
invención - Fábula que se cuenta a los muchachos para divertirlos.
4. Es un relato breve y artístico de hechos imaginarios. Son
esenciales en el cuento el carácter narrativo, la brevedad del
relato, la sencillez de la exposición y del lenguaje y la intensidad
emotiva.
5. Breve narración en prosa, que desarrolla un tema
preferentemente fantástico y cuyo fin es divertir.
6. Es una narración corta, breve, de hechos reales o ficticios,
cuyo origen es la anécdota y su finalidad es entretener; a veces
algo moralizadora.
7. Es un relato corto donde se narra una acción realizada por
unos personajes en un ambiente determinado.
Antecedentes
Los cuentos más antiguos aparecen en Egipto en torno al año
2000 a.C. Más adelante cabe mencionar las fábulas del griego Esopo y
las versiones de los escritores romanos Ovidio y Lucio Apuleyo,
basadas en cuentos griegos y orientales con elementos fantásticos y
transformaciones mágicas. Junto a la eternamente popular colección
de relatos indios conocida como Panchatantra (siglo IV d.C.),
la principal colección de cuentos orientales es sin duda Las mil
y una noches. Cada noche, por espacio de 1001 días, Scheherazade
se salva de morir a manos de su marido, el sultán, contándole
apasionantes cuentos recogidos de diversas culturas. La influencia
de esta obra fue decisiva para el desarrollo posterior del género en
Europa.
Históricamente el cuento es una de las más antiguas formas de
literatura popular de transmisión oral, que sigue viva, como lo
demuestran las innumerables recopilaciones modernas que reúnen
cuentos folclóricos, exóticos, regionales y tradicionales. El origen
último de estas narraciones ha sido muy discutido, pero lo innegable
es que lo esencial de muchas de ellas se encuentra en zonas
geográficas muy alejadas entre sí y totalmente incomunicadas. Sus
principales temas, que han sido agrupados en familias, se han
transmitido por vía oral o escrita, y reelaborados incesantemente;
es decir, contados de nuevo por los autores más diversos.
Desde el punto de vista histórico, el cuento proviene de las
narraciones y relatos de Oriente, y aunque durante siglos ha tenido
significados equívocos e imprecisos, a menudo se confunde con la
fábula. Debemos considerar como cuentos numerosas manifestaciones
literarias de la antigüedad, de características muy diversas, como:
La Historia de Sinuhé, en la literatura egipcia, o la de Rut
en el Antiguo Testamento, y más modernamente, escritos
hagiográficos como las florecillas de San Francisco o La leyenda
áurea. Sin ninguna duda, son cuentos algunos de los relatos de
Libro del buen amor, la historia que narra Turmeda o los
exiemplos del Conde Lucanor. Sin embargo, hasta el siglo XIV,
con el Decamerón, de Boccaccio, cuyos relatos cortos están
enmarcados por una leve trama que los unifica, no se afirma y
consolida la idea de cuento en el sentido moderno de la palabra.
El Heptamerón (1588), de Margarita de Navarra, en Francia,
y la Novelle, de Bandello, en Italia, corresponden
aproximadamente al concepto boccaccesco del género. También Los
cuentos de Canterbury, de Chaucer, escritos en la última parte
del siglo XVI, colección de los relatos versificados con prosa
intercalada, organizados en una trama general que consiste en que
varios peregrinos de distintas clases y profesiones se comprometen a
narrar historietas. En el siglo XVII, en Francia, La Fontaine titula
Contes (cuentos) a unas narraciones versificadas, de cierta
vinculación con la literatura folclórica. Cabe señalar que tanto en
Francia como en España, casi al término del siglo XVII, la palabra
cuento aun está cargada de ciertos matices folclórico-fantásticos.
En el siglo siguiente, Perrault, con su colección de cuentos
populares titulada Cuentos de mi madre la gansa (1697), así
como los cuentos de Voltaire Cándido, Zadig, Micromegas,
etc., revisten este tipo de narración con un ropaje eminentemente
literario.
El romanticismo inspira un florecimiento del relato corto, sobre
todo del cuento, que, como se sabe, resultó uno de los géneros
favoritos de ese movimiento. Los escritores románticos darán una
nueva vida al elemento maravilloso como soporte fundamental del
cuento: Nodier en Francia, Hoffmann en Alemania, Poe en Estados
Unidos y Bécquer en España, son nombres representativos de esta
fase. Pero la aportación más significativa en este campo es la del
danés Andersen, quien en 1835 publicó su libro titulado Cuentos
para niños.
En la primera mitad del siglo XIX el relato costumbrista, de
aldea, y el relato de vida campesina, adquieren gran interés durante
la época realista, y lo cultivan con éxito, entre otros, Gottfried
Séller, Gogol y Bjornson. Ya en la segunda mitad del siglo, el
cuento adquiere plena vigencia y popularidad con Chejov, uno de los
eximios creadores universales en esta modalidad narrativa. En
Francia, Flaubert, en sus Tres cuentos, aplica al genero la
prosa de arte que había experimentado en sus novelas; su discípulo
Maupassant fue, sin duda, uno de los grandes maestros del cuento
como esbozo narrativo que condensa en pocas páginas una rápida y
penetrante impresión. En España, Clarín, Valera, Pereda y Pardo
Bazán son los cuentistas mas destacados.
A fines del siglo XIX el cuento parece, pues, haberse
desembarcado de sus significados primigenios, para ponerse en un
plano semejante al de la novela, de la que viene a ser como un
apunte. Se identifica el relato breve con la historia de sabor
popular, como Daudet, la fantasía, con autores como Stevenson y
Gutiérrez Nájera; o la poesía imaginativa de los niños, como Wilde y
Lewis Carroll. En la primera mitad del siglo XX los escritores
norteamericanos, al igual que en la novela, han aportado su propia
versión de cuento, cuyas fórmulas de singular eficacia narrativa han
fortalecido el género. Algunos de esos escritores que han
incursionado en el cuento han sido: Scott Fitzgerald y Hemingway. Es
España, después de la guerra civil, el cuento ha conocido un nuevo
florecimiento; algunos de los autores que más se han destacado son:
Cela, Laforet, Aldecoa, Carredano, etc.
En Hispanoamérica, a partir del siglo XIX, el cuento ha tenido un
auge extraordinario. En líneas generales, lo dicho anteriormente
para la novelística contemporánea se puede también aplicar al cuento
actual. Salvadas las diferencias básicas de extensión y complejidad
por el lado de la novela, la narrativa cuentística sufre parecidas
transformaciones en cuanto a los temas, el lenguaje y la técnica
señalados para la novela. Algunos rasgos generales de la cuentística
hispanoamericana, que no necesariamente deberán encontrarse en todos
y cada uno de los relatos, son: diversidad de tendencias; ruptura
del hilo narrativo; dislocación en los planos temporales; un
personaje narrador (o narrador oculto y variable); búsqueda de un
nuevo significado del habla popular, casi siempre de valor
impactante y utilizado como lenguaje del narrador o de los
personajes. Algunos de los narradores que se destacan en este género
son: Borges, Cortázar, Onetti, Carpentier, Lezana Lima, Rulfo,
García Márquez, Fuentes, Roa, Bastos, entre otros.
Tipos de cuentos
La clasificación del cuento puede ser muy variada. Depende del
punto de vista que adoptemos en cuanto a contenido, época literaria,
enlace con la realidad, elemento sobresaliente, etc., lo que permite
que un mismo cuento pertenezca a varios encasillados
simultáneamente. Esbozaremos, en líneas generales, los principales
tipos de cuentos que existen:
Cuentos en verso y prosa: los primeros se consideran como
poemas épicos menores; los segundos son narraciones breves, desde el
punto de vista formal. Los teóricos sajones, atendiendo a la
extensión del relato, clasifican como novela corta toda narración
que fluctué entre 10.000 y 35.000 palabras, y como cuento el relato
que no sobrepase las 10.000 palabras.
Cuentos populares y eruditos: los primeros son narraciones
anónimas, de origen remoto, que generalmente conjugan valores
folclóricos, tradiciones y costumbres, y tienen un fondo moral; los
segundos poseen origen culto, estilo artístico y variedad de
manifestaciones.
Tanto unos como otros pueden subclasificarse en: infantiles,
fantásticos, poéticos y realistas.
Cuentos infantiles: se caracterizan porque contienen una
enseñanza moral; su trama es sencilla y tienen un libre desarrollo
imaginativo. Se ambientan en un mundo fantástico donde todo es
posible. Autores destacados en este genero son Andersen y Perrault.
Cuentos fantásticos o de misterio: su trama es más
compleja desde el punto de vista estructural; impresionan por lo
extraordinario del relato o estremecen por el dominio del horror.
Autores destacados en este genero son Hoffmann y Poe.
Cuentos poéticos: se caracterizan por una gran riqueza de
fantasía y una exquisita belleza temática y conceptual. Autores
destacados en este genero son Wilde y Rubén Darío.
Cuentos realistas: reflejan la observación directa de la
vida en sus diversas modalidades: sicológica, religiosa,
humorística, satírica, social, filosófica, histórica, costumbrista o
regionalista. Autores destacados en este genero son Palacio Valdés,
Unamuno, Quiroga, etc.
Elementos del cuento
En un cuento se conjugan varios elementos, cada uno de los cuales
debe poseer ciertas características propias: los personajes, el
ambiente, el tiempo, la atmósfera, la trama, la intensidad, la
tensión y el tono.
Los personajes o protagonistas de un cuento, una vez
definidos su número y perfilada su caracterización, pueden ser
presentados por el autor en forma directa o indirecta, según los
describa él mismo, o utilizando el recurso del diálogo de los
personajes o de sus interlocutores. En ambos casos, la conducta y el
lenguaje de los personajes deben de estar de acuerdo con su
caracterización. Debe existir plena armonía entre el proceder del
individuo y su perfil humano.
El ambiente incluye el lugar físico y el tiempo donde se
desarrolla la acción; es decir, corresponde al escenario geográfico
donde los personajes se mueven. Generalmente, en el cuento el
ambiente es reducido, se esboza en líneas generales.
El tiempo corresponde a la época en que se ambienta la
historia y la duración del suceso narrado. Este último elemento es
variable.
La atmósfera corresponde al mundo particular en que
ocurren los hechos del cuento. La atmósfera debe traducir la
sensación o el estado emocional que prevalece en la historia. Debe
irradiar, por ejemplo, misterio, violencia, tranquilidad, angustia,
etc.
La trama es el conflicto que mueve la acción del relato.
Es leitmotiv de la narración. El conflicto da lugar a una acción que
provoca tensión dramática. La trama generalmente se caracteriza por
la oposición de fuerzas. Ésta puede ser: externa, por ejemplo, la
lucha del hombre con el hombre o la naturaleza; o interna, la lucha
del hombre consigo mismo.
La intensidad corresponde al desarrollo de la idea
principal mediante la eliminación de todas las ideas o situaciones
intermedias, de todos los rellenos o fases de transición que la
novela permite e incluso exige, pero que el cuento descarta.
La tensión corresponde a la intensidad que se ejerce en la
manera como el autor acerca al lector lentamente a lo contado. Así
atrapa al lector y lo aísla de cuanto lo rodea, para después, al
dejarlo libre, volver a conectarlo con sus circunstancias de una
forma nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. La tensión se
logra únicamente con el ajuste de los elementos formales y
expresivos a la índole del tema, de manera que se obtiene el clima
propio de todo gran cuento, sometido a una forma literaria capaz de
transmitir al lector todos sus valores, y toda su proyección en
profundidad y en altura.
El tono corresponde a la actitud del autor ante lo que
está presentando. Éste puede ser humorístico, alegre, irónico,
sarcástico, etc.
Estructura
Desde el punto de vista estructural (orden interno), todo cuento
debe tener unidad narrativa, es decir, una estructuración, dada por:
una introducción o exposición, un desarrollo, complicación o nudo, y
un desenlace o desenredo.
La introducción, palabras preliminares o arranque, sitúa
al lector en el umbral del cuento propiamente dicho. Aquí se dan los
elementos necesarios para comprender el relato. Se esbozan los
rasgos de los personajes, se dibuja el ambiente en que se sitúa la
acción y se exponen los sucesos que originan la trama.
El desarrollo, consiste en la exposición del problema que
hay que resolver. Va progresando en intensidad a medida que se
desarrolla la acción y llega al clímax o punto culminante (máxima
tensión), para luego declinar y concluir en el desenlace.
El desenlace, resuelve el conflicto planteado; concluye la
intriga que forma el plan y el argumento de la obra.
Extensión
Respecto a la extensión de las partes que componen el cuento,
ésta deben guardar relación con la importancia concreta que cada una
tenga dentro del relato. Debemos señalar que la estructura descrita
se refiere al cuento tradicional, que es organizado de forma lineal
o narrado cronológicamente. Actualmente, los escritores no se ciñen
a dicha estructura: utilizan el criterio estético libre, el que
permite que un cuento pueda empezar por el final, para luego
retroceder al principio; o comenzar por el medio, seguir hasta el
final y terminar en el principio.
Técnica
Respecto a la técnica, conjunto de recursos o procedimientos que
utiliza el autor para conseguir la unidad narrativa y conducirnos al
tema central, ésta suele variar según el autor. Si bien es cierto
que la técnica es un recurso literario completo, pues está integrada
por varios elementos que se mezclan y se condicionan mutuamente, se
distinguen el punto de vista, el centro de interés, la
retrospección, y el suspenso.
El punto de vista, se relaciona con la mente o los ojos
espirituales que ven la acción narrada; puede ser el del propio
autor, el de un personaje o el de un espectador de la acción. Los
puntos de vista suelen dividirse en dos grupos: de tercera y de
primera persona. Si el relato se pone en boca del protagonista, de
un personaje secundario o de un simple observador, el punto de vista
está en primera persona; si proviene del autor, en tercera persona.
Se puede dar cualquiera de estas posibilidades:
Primera persona central: el protagonista narra sus peripecias en
forma autobiográfica.
Primera persona periférica: el supuesto narrador, en papel de
personaje observador nos cuenta en primera persona el resultado de
sus observaciones sobre los acontecimientos acaecidos a los otros
personajes.
Tercera persona limitada: el autor cuenta la historia imaginada
desde fuera de sus personajes, en tercera persona, pero desde la
perspectiva de uno de ellos.
Tercera persona omnisciente: el autor ve la acción y la comunica
al lector con conocimiento total y absoluto de todo, no sólo de los
sucesos exteriores, sino también de los sentimientos íntimos del
personaje. El autor puede adoptar una actitud subjetiva, intervenir
como autor y dejar oír su voz; u objetiva, borrando su participación
personal y adoptando la actitud de una voz narradora
despersonalizada.
El centro de interés, corresponde a algún elemento en cuyo
derredor gira el cuento. El centro de interés constituye el armazón,
el esqueleto de la historia. Es su soporte y puede ser uno o varios
personajes, un objeto, un paisaje, una idea, un sentimiento, etc.
La retrospección ("flash-back"), consiste en interrumpir el
desenvolvimiento cronológico de la acción para dar paso a la
narración de sucesos pasados.
El suspenso, corresponde a la retardación de la acción, recurso
que despierta el interés y la ansiedad del lector. Generalmente, en
el cuento, el suspenso termina junto con el desenlace.
Estilo
El estilo que corresponde al modo, a la manera particular que
tiene cada escritor de expresar sus ideas, vivencias y sentimientos.
Sobre este punto debemos decir que todo escritor forja su propio
estilo, que se manifiesta en la forma peculiar de utilizar el lenguaje.
La imaginación, la afectividad, la elaboración intelectual y las
asociaciones síquicas contribuyen a la definición de un estilo.
Debido a la diversidad de estilos que existen, nos limitaremos a
decir que muchos autores para lograr efecto musical y poético, se
dejan llevar por la sonoridad de las palabras. Algunos, para lograr
mayos expresividad, adornan su prosa con múltiples modificadores,
mientras que otros, pretendiendo crear un mundo más conceptual,
prefieren la exactitud en el decir y eliminan todo elemento
decorativo.
Análisis de un cuento
Todo cuento está constituido por varios elementos literarios que,
en el momento de realizar un análisis, debemos distinguir:
1. Titulo
1.1. Significación y función del título. ¿Es literal o simbólico?
1.2. ¿Refleja el contenido del cuento?
2. Asunto
2.1. ¿De qué trata el cuento?
2.2. Hacer una breve reseña.
2.3. ¿El asunto o argumento tiene fuerza expresiva o contenido
dramático? ¿Por qué?
3. Tema
3.1. ¿Cuál es la idea central del cuento?
3.2. ¿Cuáles son las ideas secundarias?
3.3. Hacer una relación del tema central con las ideas
secundarias.
4. Personajes
4.1. Caracterización. ¿Cómo caracteriza el autor a los
personajes?, ¿directa o indirectamente?
4.2. ¿La caracterización es profunda o superficial?
4.3. ¿Actúan los personajes de acuerdo a su índole y propósito, o
a expensas del autor?
4.4. ¿Los personajes son reales, simbólicos o tipos?
4.5. ¿Hay personajes que conjuguen algún tipo de valor ético,
estético, ideológico u otro?
4.6. ¿Existe alguna relación entre los personajes y el ambiente?
4.7. ¿Hay relación entre los personajes y la acción?
5. Ambiente
5.1. ¿En qué tipo de escenario se desarrolla el hilo de la
acción?
5.2. ¿En qué época?
5.3. La atmósfera es ¿sórdida o diáfana?, ¿de misterio o de
amor?, ¿de angustia o de paz?
6. Acción
6.1. ¿Cuánto tiempo dura la acción?
6.2. La acción del cuento es ¿complicada o sencilla?, ¿lenta o
rápida?
6.3. ¿La acción es externa o interna? ¿Existe algún tipo de
conflicto entre los personajes que determine la acción? ¿Entre un
personaje y alguna fuerza natural? ¿Un personaje consigo?
Condiciones del Cuento
Las condiciones que debe reunir un cuento son:
1. Adecuación a la Edad: El cuento que sirve para una edad o
época infantil, puede no convenir para otra.
2. Manejo de la Lengua: Se deben considerar dos
aspectos: el que se refiere al empleo de palabras según su
significado y el que se relaciona con el uso de las mismas
consideradas como recurso estilístico; es decir, eligiéndolas y
combinándolas para obtener determinados efectos.
Conviene tener presente (y siempre en torno a la edad) que siendo
el cuento una de las múltiples formas del juego (a la que se puede
llamar intelectual), está sujeto a los matices diferenciales que
existen entre el desarrollo psíquico y el desarrollo intelectual.
3. Comparación: Por ser mucho más clara y comprensible que la
metáfora, es importante preferir su empleo, sobre todo en los cuentos
para los niños menores. Las comparaciones con objetos de la
naturaleza (cielo, nubes, pájaro, flores, etc.) enriquecen el alma
infantil envolviéndolo desde temprano en un mundo de poesía.
4. Empleo del Diminutivo: Conviene evitar el exceso de éstos en
los relatos para niños, pero se considera importante su empleo,
especialmente en las partes que quieren provocar una reacción
afectiva que puede ir desde la tierna conmiseración hasta la burla
evidente.
5. Repetición: La repetición deliberada de algunas palabras
(artículos o gerundios), o de frases (a veces rimas), tiene su
importancia porque provoca resonancias de índole psicológica y
didáctica. Toda repetición es por sí misma un alargamiento, pérdida
de tiempo, un compás de espera y de suspenso que permite
(especialmente al niño) posesionarse de lo que lee y, más aún, de lo
que escucha.
6. Título: Deberá ser sugestivo, o sea, que al oírse pueda
imaginarse qué tratará el cuento. También puede despertar el
interés del lector un título en el cual, junto al nombre del
protagonista, vaya indicada una característica o cualidad.
Del mismo modo, tienen su encanto los títulos onomatopéyicos,
como "La matraca de la urraca flaca", o aquellos con reiteración de
sonidos; por ejemplo, "El ahorro de un abejorro".
7. El Argumento: Es aquí donde fundamentalmente el escritor
deberá tener en cuenta la edad de sus oyentes o lectores, que será
la que habrá de condicionar el argumento. A medida que aumenta la
edad, aumentará la complejidad del argumento y la variedad y riqueza
del vocabulario.
Las partes que constituyen al argumento son:
* La Exposición: Es una especie de presentación de los elementos
que conformarán el relato. Será breve, clara, sencilla, y en ella
quedarán establecidos el lugar de la acción y los nombres de los
personajes principales.
* La Trama: o nudo, constituye la parte principal del cuento,
aunque no la esencial. El mecanismo de la exposición cobra aquí
movimiento y desarrollo; y del acierto estético y psicológico del
autor para manejar los diversos elementos, dependerá en gran parte
el valor de la obra.
* Desenlace: es la última y esencial parte del argumento. Deberá
ser siempre feliz. Aun aceptando las alternativas dolorosas o
inquietantes que se suceden en el transcurso de la acción, el final
del cuento habrá de ser sinónimo de reconciliación, sosiego y
justicia; vale decir, felicidad total y duradera.
Cómo Escribir un Cuento
La Idea Principal: debe ser el punto de partida del cuento, es
la esencia de lo que se quiere expresar; puede ser Un hecho, ya sea
real o imaginario, Una imagen o Un sueño. En muchos casos la idea es
un problema que se le presenta a unos personajes; por ejemplo, el
robo de algo muy valioso.
El Mapa del Cuento: en todo cuento hay un narrador que conduce al
lector por un camino desde la situación inicial, la cual se va
desarrollando y complicando, constituyendo el conflicto o nudo,
hasta llegar al desenlace o solución. En la situación inicial se
precisan el tiempo y el espacio narrativo, que sirven de marco para
la historia.
Narradores: la posición que asume el narrador está determinada
por la persona verbal que utilice el escritor, que puede ser primera
persona, donde el narrador participa como un personaje más del
cuento, ya sea como protagonista, que experimenta en carne propia
los hechos, o como testigo que observa y tiene una participación
limitada como personaje.
La narración en tercera persona se da cuando el narrador no
participa de los hechos que cuenta; éste es el caso del narrador
omnisciente, que lo sabe todo, incluso los sentimientos y los
pensamientos de todos los personajes.
Los Personajes: es necesario que dentro del relato haya
información sobre las características o rasgos físicos y
psicológicos de los personajes, para que el lector los conozca bien
y pueda entenderlos.
En todo cuento hay personajes principales y personajes
secundarios; en los relatos más elementales, por lo general los
personajes principales están claramente definidos como “buenos”, y
en ese caso se llaman protagonistas; y los “malos” como
antagonistas. En los cuentos más realistas y complejos, tanto los
personajes principales como los secundarios tienen rasgos positivos
y negativos, tal como ocurre en la vida real.
El Marco de un Cuento: el tiempo que se plantea en un relato es
una ficción, ya que el autor realiza cortes temporales arbitrarios e
imaginarios con el único fin de abarcar el período en el que ocurre
el cuento, e incluso puede comenzar a narrar por el final o el medio
de la historia.
El espacio narrativo: es una recreación de un espacio real, donde
el autor maneja el grado de hostilidad u hospitalidad del lugar para
determinar el carácter o los estados de ánimo de sus personajes.
La Acción del Cuento: es todo lo que les ocurre a los personajes
y lo que ellos hacen dentro de una historia. Las acciones son
generalmente en orden cronológico, es decir, en el orden en que
ocurrieron; sin embargo, puede romperse la secuencia temporal
haciendo “viajes” a tiempos pasados o futuros, desfasándose el
tiempo real y el subjetivo o deteniendo el transcurrir del tiempo.
Cuando el cuento es largo conviene organizarlo en episodios.
El Siglo XIX
El cuento tal como lo conocemos hoy alcanza su madurez a lo largo
del siglo XIX en las numerosas publicaciones aparecidas en las
revistas literarias, que a menudo reflejan las principales modas de
la época. Durante el romanticismo destacan los relatos de Heinrich
von Kleist y E.T.A. Hoffmann en Alemania; Edgar Allan Poe y
Nathaniel Hawthorne en Estados Unidos, y Nikolái Gógol en Rusia. El
realismo florece en Francia durante la década de 1830 y hacia
finales del siglo desemboca en el naturalismo, basado en la
posibilidad de predecir científicamente las acciones y reacciones
humanas. Otras influencias estilísticas dignas de mención en el
relato del siglo XIX son el simbolismo y el regionalismo.
Estados Unidos
Hasta la llegada del siglo XIX el cuento tiene como elemento
principal la narración de determinados acontecimientos. A partir de
este momento, los escritores se interesan más por las motivaciones
de los personajes que por los propios sucesos. Simultáneamente, su
atención se dirige hacia una economía narrativa: estructuración
elaborada de los hechos, exclusión de todo material secundario,
control estricto del punto de vista y concisión. Edgar Allan Poe definió de este modo el relato y demostró su
teoría artística en algunos de sus propios cuentos, manipulando el
escenario, los personajes y los diálogos para crear inexorablemente
en el lector el estado de ánimo propicio para el crimen perfecto.
Los cuentos de Hawthorne, por su parte, ponían seriamente a prueba
el carácter y la importancia moral de los hechos, ofreciendo una
descripción ambigua de su realidad física. Henry James destacó la importancia de una “inteligencia central” para configurar
y filtrar los elementos del relato. En algunos de sus relatos James
se sirve del narrador para transmitir una sensación de proximidad y
realismo psicológico, mientras que en otros, como “El fajo de
cartas”, experimenta con el punto de vista para presentar la
historia a través de una serie de cartas escritas por seis personas
que viven en una pensión francesa.
Alemania
El relato heredero de la novella italiana se desarrolló en
Alemania con autores como Hoffmann, Kleist y Theodor Storm. La
novella se centra en un único acontecimiento de carácter
extraordinario que afecta a uno o más personajes y concluye de
manera sorprendente a partir de un giro significativo en la
historia.
Rusia
Durante la primera mitad del siglo XIX los cuentos rusos se
ocupan de hechos fantásticos o sobrenaturales, y abundan en ellos,
como en otras literaturas europeas, los relatos de fantasmas,
apariciones y seres de otros mundos. Posteriormente se desarrolló
una corriente realista que analizaba los pensamientos y emociones
del ser humano o criticaba la sociedad de su época. Entre los
principales autores del género cabe citar a Lérmontov, Turguéniev,
Tolstoi y Chéjov. Gógol influyó en el desarrollo posterior del
género al fundir el sueño y la realidad en "El abrigo", la historia de
un insignificante oficinista que se derrumba psicológicamente cuando
le roban su abrigo nuevo y más tarde regresa de entre los muertos
convertido en fantasma con el propósito de hacer justicia. La
influencia de Gógol se observa en "El cocodrilo" de Dostoievski, en
que
un funcionario es devorado por un cocodrilo y comienza a desarrollar
sus teorías económicas desde el vientre del animal. Los relatos
realistas de Tolstoi se inscriben en una línea diferente dentro de
la ficción rusa. Así, por ejemplo, en "La muerte de Ivan Illych"
analiza los pensamientos y emociones de un hombre a punto de morir,
al tiempo que critica la frivolidad de la familia y amigos, que se
niegan a afrontar la realidad de la muerte. Pero, sin duda, el
maestro de la ironía fue Chéjov. Para Chéjov el personaje es más
importante que la trama. En "El ataque al corazón" ("La tristeza") un cochero intenta
transmitir a sus pasajeros el dolor que siente ante la muerte de su
hijo, pero el único que lo escucha es su caballo. En Vania un niño
escribe a su abuelo pidiéndole que lo rescate de sus duras
condiciones de vida, pero envía la carta sin la dirección correcta y
sin sello.
Francia
Durante el siglo XIX Honoré de Balzac y Gustave Flaubert, más
conocidos por sus novelas, escribieron también cuentos que gozaron
de un amplio y merecido reconocimiento. Próspero Mérimée, por su
parte, puso todo su talento al servicio del relato. Pese al estilo
desafectado y fluido de sus obras maestras ("Colomba" o "Carmen"),
Mérimée logra expresar la pasión en toda su fuerza. El maestro del
relato naturalista en Francia fue Guy de Maupassant, autor de más de
300 cuentos en los que pone de manifiesto su talento para encontrar
un perfecto equilibrio entre la economía y la estructura formal del
relato. Tomados en conjunto, sus relatos ofrecen una detallada
descripción de la sociedad francesa de finales de siglo.
El Siglo XX
A partir de 1900 se ha publicado una enorme cantidad de cuentos
en casi todas las lenguas. Los experimentos temáticos y narrativos
rivalizan con la maestría en el arte de narrar cuentos a la manera
tradicional, como se observa en la obra del escritor inglés Somerset
Maugham. Discípulo de Maupassant, Maugham figura entre los
escritores de cuentos más prolíficos y populares. La mayoría de los
países cuentan al menos con un gran escritor de relatos en el siglo
XX. Cabe mencionar a la escritora neozelandesa Katherine Mansfield,
en cuyo personal estilo se deja sentir la influencia de Chéjov. El
gran talento de Mansfield para captar y reflejar las ironías de la
vida ha servido de estímulo a varias generaciones de escritores.
Otras tradiciones
A lo largo del siglo XX se han escrito cuentos en todas las
lenguas europeas, así como en las lenguas de Asia, Oriente Próximo y
algunas lenguas africanas. Una lista que incluyera sólo a los
principales exponentes del género resultaría ya excesivamente larga.
Entre los más sugerentes y cautivadores cabe citar al escritor checo
Franz Kafka. En sus relatos míticos y experimentales, la realidad se
funde magistralmente con la fantasía, al tiempo que aborda temas
eternos como la soledad humana, la ansiedad y la relación entre el
arte y la vida.
Los autores del África subsahariana, ya sean negros o blancos,
comparten invariablemente la fusión de fantasía, realidad y
compromiso político. Son de destacar en este ámbito los Cuentos
africanos de Doris Lessing o los Cuentos escogidos de Nadine
Gordimer.
Los cuentos asiáticos se mueven entre la fidelidad a la tradición
y el experimentalismo contemporáneo. Los autores más conocidos en
Occidente son el japonés Yukio Mishima y el indio Rabindranath
Tagore.
Cuentos tradicionales
Término genérico que engloba varios tipos de narraciones de
tradición oral en todo el mundo. Como manifestación del folclore,
los cuentos tradicionales se han transmitido de generación en
generación, sufriendo con el tiempo muchas alteraciones debido a las
incorporaciones o eliminaciones que realizaban los narradores.
Durante este proceso de difusión cultural algunos se escribieron,
como hizo don Juan Manuel con Doña Truhana (La lechera), pasando de
nuevo a la transmisión oral, que es el rasgo fundamental de los
cuentos tradicionales y de toda la literatura popular.
En general, los principales tipos de cuentos tradicionales, los
mitos (véase Mitología), las leyendas y los cuentos fantásticos, se
intercambian entre sí y se refieren a cualquier tipo de narración
ficticia producto de la imaginación que por lo común implica
falsedad o inverosimilitud. Sin embargo, para los eruditos del
folclor cada uno de estos tres tipos representa una forma
característica de este género. Otros tipos son los cuentos de
animales y fábulas, las patrañas o relatos fantásticos, las
anécdotas y chistes, el grupo formado por cuentos reiterativos,
retahíla (como los cuentos de nunca acabar) y fábulas cantadas, cuya
narración incluye canciones o rimas. Véase también Balada.
Investigaciones de los cuentos tradicionales
A comienzos del siglo XIX, los filólogos alemanes Jacob y Wilhelm
Grimm (véase Hermanos Grimm) publicaron Cuentos para la infancia y
el hogar (2 volúmenes, 1812-1815) animando a muchos escritores de
otros países a recopilar y publicar materiales similares de sus
propios pueblos, como el escocés Andrew Lang y el escritor danés
Hans Christian Andersen. Los hermanos Grimm observaron muchas
semejanzas entre los cuentos europeos y los de otros continentes.
La mayor parte de los eruditos del siglo XIX se centró en
detallar estas semejanzas, pero, en general, ignoró el extenso
acervo de los folclores africano, oceánico y de los indígenas
americanos, que existían al margen de la tradición indoeuropea, e
investigaron sólo en aquellas partes del mundo que creyeron las más
importantes. Así, los hermanos Grimm postularon un origen común de
los cuentos tradicionales; el filólogo alemán Theodor Benfey y el
escritor escocés William Clouston creyeron que los cuentos se
difundieron gracias a los viajeros que emigraron de la India hacia
Oriente y Occidente. Estas teorías, sin embargo, han resultado ser
incompletas o incorrectas, a pesar de que las investigaciones de
estos y otros estudiosos estimularon, en gran medida, el interés por
el folclor y por los cuentos tradicionales. Max Muller, erudito
alemán, sostuvo que los mitos se originaron cuando el sánscrito y
otras lenguas antiguas empezaron a declinar, opinión que rebatió el
clasicista y folclorista escocés Andrew Lang. Los cuentos
tradicionales empezaron a ser objeto de una atención más detenida a
partir de la inmensa popularidad que alcanzó La rama dorada (1890),
obra de doce volúmenes del antropólogo británico James George Frazer,
y que contribuyó a estimular la investigación.
Más recientemente, los investigadores, muchos influidos por el
antropólogo germano-estadounidense Franz Boas, han profundizado en
el estudio del folclor y recogido los cuentos de todas las partes
del mundo. Algunos, siguiendo las directrices del folclorista
finlandés Antti Aarne y del estadounidense Sitih Thompson, han
realizado estudios muy completos, geográficos e históricos, de todas
las variantes conocidas de los cuentos más extendidos, tratando
siempre de descubrir y catalogar los tipos y temas básicos. Aarne
realizó un catálogo en 1910 que Thomson amplió y tradujo en 1928.
Este catálogo se convirtió en el índice que clasifica los argumentos
de muchos cuentos tradicionales. El índice temático de Thompson
cataloga los elementos narrativos tales como los objetivos, animales
característicos, ideas, acciones o personajes, que aparecen en los
cuentos tradicionales. Como resultado de la obra de los
investigadores, pocos folcloristas creen en la actualidad que exista
una teoría que sea satisfactoria para explicar las semejanzas y
variaciones en los cuentos tradicionales y el folclor mundial.
Algunos autores modernos y críticos literarios, muy influidos por
el sicoanálisis de Sigmund Freud y Carl Jung, emplean la palabra
mito de una forma más amplia a como se emplea en este artículo. La
palabra mito se utiliza para referirse a símbolos y temas que
comparten todos los pueblos en todo el mundo y que se sirven de
lenguaje común para expresar las ideas, los valores y las emociones.
Cuando se emplea en este sentido, el mito no se diferencia mucho de
la leyenda o del cuento fantástico, o incluso de géneros literarios
como novelas y dramas, consideradas como formas más recientes
adoptadas por la necesidad de los tiempos para expresarse a través
de los mitos.
Mitos
Los mitos, estrictamente definidos, son cuentos tradicionales que
están cargados de elementos religiosos que explican el universo y
sus primeros pobladores. Son historias que tanto el narrador como su
audiencia consideran verdaderas y narran la creación y la ordenación
del mundo, tareas normalmente llevadas a cabo por una deidad (dios o
diosa) que existe en el caos, en el vacío o en algún mundo aparte.
Con una serie de hijos y compañeros, la deidad da forma al mundo y
lo llena de vida, e inicia una serie de aventuras y luchas en las
que él o ella logra liberar el sol, la luna, las aguas o el fuego,
regula los vientos, crea el maíz, las alubias o los frutos secos,
derrota monstruos y enseña a los mortales cómo cazar y arar la
tierra.
El ser que lleva a cabo estas tareas, el arquetipo o héroe
cultural, puede presentar una forma antropomórfica (como Zeus en la
antigua mitología griega) o animal (como el coyote y el cuervo en
los cuentos de los indios norteamericanos) y con frecuencia cambia
de forma. Algunas mitologías, como las americanas y las de África
occidental, encierran ciclos completos en los que el héroe cultural
es un embaucador, pequeño, ingenioso, codicioso, presumido,
embustero y estúpido a la vez; una criatura paradójica que es
engañada o se engaña a sí misma tanto como engaña a los demás.
Anansi, la araña heroína de un gran número de cuentos tradicionales
de África occidental, muestra a los seres humanos lo que no hay que
hacer e ilustra el precio de la rebelión que supone apartarse del
camino recto. Personajes parecidos de otras culturas son el conejo
Brer de los cuentos afroamericanos, o el coyote, el cuervo y la
liebre en los cuentos estadounidenses.
Leyendas
Las leyendas equivalen a una historia popular, e incluso cuando
tratan de temas religiosos se diferencian de los mitos en que narran
lo que sucedió en el mundo una vez concluida la creación. Tanto el
narrador como su audiencia creen en ellas y abarcan un gran número
de temas: los santos, los hombres lobo, los fantasmas y otros seres
sobrenaturales, aventuras de héroes y heroínas reales, recuerdos
personales, y explicaciones de aspectos geográficos y topónimos de
lugares, son las llamadas leyendas locales.
Las leyendas se diferencian de la historia formal en su estilo de
presentación, énfasis y propósito. Como otras formas de cuento
tradicional tienden a adoptar fórmulas concretas, utilizando
patrones fijos y descripciones características de los personajes.
Por ejemplo, apenas se preocupan en detallar cómo son en realidad
sus héroes. Jesse James, un bandido estadounidense, puede aparecer
como un Robin Hood moderno o un Luis Candelas: un personaje de buen
corazón que robaba a los ricos para repartir el botín entre los
pobres. Los exploradores estadounidenses Davy Crockett y Kit Carson
son prácticamente el mismo personaje en la leyenda. De la misma
manera, Helena de Troya y Cleopatra (del antiguo Egipto), Deirdre
(en la leyenda irlandesa) y más recientemente la actriz Marilyn
Monroe han entrado a formar parte del folclor como símbolos de la
belleza femenina casi sin matices diferenciadores. Algo similar, en
cuanto a las pautas de los personajes, sucede en las historias de
miedo, las leyendas locales y en algunos casos hasta en los
recuerdos familiares, relatos que, aunque pueden presentarse como
históricos, están demasiado trillados para ser tomados como
verdaderos y objetivamente históricos.
Las "leyendas urbanas" son historias contemporáneas ambientadas en
una ciudad; se toman como verdaderas, pero tienen patrones y temas
que revelan su carácter legendario. El contexto de estas leyendas
puede ser contemporáneo, pero las historias reflejan preocupaciones
eternas sobre la vida urbana, incluyendo las intimidad, la muerte,
la decadencia y, muy en especial, las gentes marginadas y fuera de
la ley.
Coincidencias formales
Los intentos por definir con precisión las leyendas, los cuentos
fantásticos y los mitos, pueden ser útiles, pero esas
clasificaciones y definiciones nunca deberán tomarse como campos
separados radicalmente, ya que las tres formas se superponen. Ciclos
de cuentos como los relativos a los trabajos de Hércules o los del
rey Arturo son una mezcla de leyenda y mito que funde ambas formas,
y con frecuencia emplean ideas y temas que aparecen también en el
cuento fantástico. Una de las razones principales por las que esto
ocurre es que los cuentos cambian constantemente de función (y por
ello de definición) conforme unas sociedades conquistan o se
asimilan a otras, mezclándose y cambiando, por lo tanto, las
creencias de los pueblos en contacto.
Sucede también que una narración que deja de ser aceptada como
religiosa o filosófica puede sobrevivir como cuento o fantasía. Por
otra parte, las heroínas y los héroes legendarios pueden asumir
propiedades divinas, y sus aventuras adoptar significados
mitológicos.
La definición de cuento tradicional depende de su función social
y de la forma en que el narrador y la audiencia lo consideran en el
momento de su existencia. Antes de ser llevados como esclavos a
América, los africanos occidentales recitaban los relatos del conejo
Brer como parte de su mitología, pero en América el cristianismo
casi borró la religión africana y, aunque los afroamericanos
continuaron recitando los cuentos del conejo Brer, esas historias
perdieron su carácter mitológico.
Otras formas de cuentos tradicionales
Existen otras formas de cuento tradicional muy extendidas por
todo el mundo. Los relatos de animales se engloban en dos categorías
principales: los protagonizados por animales que pueden hablar y se
comportan como seres humanos, y aquellos en los que las cualidades
humanas de los animales son simplemente una convención que se acepta
durante el curso de la narración; así sucede en los ciclos
medievales de animales (por ejemplo, los cuentos de Reynard el Zorro)
o en las fábulas, que se caracterizan por su moraleja. Cuando no son
mitológicos, los cuentos de animales cumplen una función de sátira
social o política, encubierta por la narración literaria.
Los cuentos de fórmula reiterativa incluyen las historias
interminables o los cuentos de nunca acabar; los cuentos
acumulativos, que parten de una frase básica a la que se van
añadiendo otras nuevas (por ejemplo, el famoso A mi burro le duele
la garganta), y los cuentos con un final inesperado, que abarcan
desde las historias serias o ingeniosas a los juegos de palabras.
Muchos de estos cuentos, como las patrañas, están relacionados con
la gran cantidad de chistes y anécdotas graciosas que circulan en
todas las sociedades. Este género comprende un amplio material,
tanto lineal como equívoco, desde retratos sobre gente ignorante y
loca, encuentros sexuales y confusiones producidas por equívocos
lingüísticos o dialectos diferentes, como los modernos chistes
malos.
Los cuentos cantados o recitados, otra forma de cuento
tradicional oral, fueron muy populares en la región del Caribe
(véase Literatura caribeña). Se trata de historias, a menudo un
cuento de animales o un Märchen, con una canción o estribillo
intercalada en la narración oral.
El papel del cuento tradicional
Los seres humanos siempre han sido contadores de cuentos, y allí
donde no tuvieron una Biblia, libros de historia, novelas o relatos
han formado a las generaciones más jóvenes con historias conservadas
en su memoria, ya fueran personales, familiares, del clan o de la
sociedad más amplia, y se han entretenido al amor de la lumbre con
diversos tipos de cuentos tradicionales. Esta función social sigue
viva: en la actualidad se practica tanto en la escuela, bien de
manera oral bien a través de la literatura infantil -que ha recogido
por escrito y en distintas versiones los cuentos tradicionales de
todo el mundo-, bien en las familias o comunidades siempre que una
persona mayor cuente una historia relacionada con la familia o un
hecho histórico vivido personalmente y matizado por su experiencia
Cuentos de hadas
Historias de las intervenciones en los asuntos mortales a través
de la magia de unos pequeños seres sobrenaturales del folclor,
generalmente de aspecto humano, que habitan en una región imaginaria
llamada tierra de las hadas.
En este mundo mágico se engloba además, de forma imprecisa, a los
duendes, gnomos, elfos, genios, trasgos, trolls, enanos, banshees,
silfos, espíritus y ondinas. La imaginación folclórica no concibe la
tierra de las hadas como un mundo aparte, sino que hace vivir a los
duendes en parajes tan comunes como las colinas, los árboles o los
arroyos, y además usan ropas, adornos, muebles, casas y otros
objetos semejantes a los de los humanos.
La creencia en los duendes y hadas fue casi un atributo universal
de la cultura popular primitiva. En la antigua literatura griega,
las sirenas de la Odisea de Homero son seres con poderes mágicos, y
varios de los héroes de su Iliada tienen amantes que son hadas en
forma de ninfas. Los gandharvas de la poesía sánscrita (véase
Literatura sánscrita), eran duendes y hadas, igual que los hathors,
o genios femeninos, del antiguo Egipto, que aparecían en el momento
del nacimiento de un niño y predecían su futuro.
El primer testimonio escrito de cuentos fantásticos no aparece en
Europa hasta el siglo XVI, con la obra de Giovan Francesco
Straparola Noches agradables (1550). Pero es Charles Perrault con
Cuento de mamá Oca quien despierta gran interés por estos temas. Las
traducciones de Las mil y una noches ayudaron al desarrollo de este
género literario. El triunfo llegó con el romanticismo de la mano de
los hermanos Grimm, que realizaron una recopilación y estudio de
cuentos de hadas de la tradición europea en Cuentos para niños y
familias, obra de la que se hicieron siete reimpresiones de 1812 a
1857. Hoffmann, Andersen, Collodi, Bécquer y Fernán Caballero
cultivaron este tipo de narración.
En el siglo XX se realizaron estudios sobre estos cuentos, entre
los que destacan Morfología del cuento (1928) del soviético Vladímir
Yakóvlevich Propp. El español Antonio Rodríguez Almodóvar en Los
cuentos maravillosos españoles (1982) analiza los temas, periodos y
autores del género en España.
Cuento hispanoamericano
Género narrativo cuya evolución en el continente muestra, al
mismo tiempo, el influjo de las grandes corrientes literarias
europeas y la capacidad para recrearlas, adaptarlas a las nuevas
realidades estéticas y sociales, y finalmente superarlas en un
esfuerzo de imaginación. Por todas estas circunstancias el cuento
hispanoamericano es una de las manifestaciones literarias más
notables en este siglo.
Siglo XIX
Aunque las fantasías exóticas elaboradas, a comienzos del siglo
XIX a partir de modelos europeos, por el cubano Heredia pueden
invocarse como un antecedente, se considera que la primera expresión
cuentística que refleja la realidad hispanoamericana de un modo
original es "El matadero", escrito por el romántico argentino Esteban
Echeverría hacia 1839, y considerado una obra maestra del periodo.
La obra permaneció inédita hasta 1871, cuando el crítico Juan María
Gutiérrez la publicó en una revista de Buenos Aires; es decir, en
una situación literaria y social completamente distinta, lo que
permitía apreciar mejor sus valores permanentes. El relato es una
síntesis notable de todas las formas narrativas de su tiempo y
adelanta algunas de épocas posteriores: el artículo de costumbres,
la leyenda romántica, la narración ejemplarizante, el realismo
social, el naturalismo, y muchos más detalles. Nadie en ese periodo
estuvo a su altura, pese a las esporádicas contribuciones del cubano
Juan José Morillas, la argentina Juana Manuel Gorriti y el
ecuatoriano Juan Montalvo. En el último tercio del siglo, los
relatos con elementos fantásticos del mexicano José María Roa Bárcena y las irónicas tradiciones de Ricardo Palma agregan
interesantes variaciones en el crepúsculo del romanticismo. Pero la
expresión más original y moderna del cuento finisecular es la que
brinda Eduardo Wilde, un autor que pertenece a la llamada generación
de 1880 en Argentina, pero literariamente inclasificable por el
carácter insólito de su imaginación.
Por el mismo periodo en que ese escritor empezaba a escribir, dos
tendencias surgen con gran fuerza en el cuento: el realismo y el
naturalismo, ambos de origen francés. El rasgo testimonial y crítico
del primero y el determinismo cientifista y el pesimismo ideológico
del segundo pueden encontrarse fusionados -a veces con rastros
modernistas- en algunos de los grandes cuentistas alineados en estas
tendencias: los uruguayos Eduardo Acevedo Díaz y Javier de Viana;
los chilenos Federico Gana, Baldomero Lillo y Augusto D’Halmar; y
los argentinos Roberto J. Payró y Fray Mocho.
El Modernismo y Las Vanguardias
La fase modernista y posmodernista, que comienza en las últimas
dos décadas del XIX, significan un profundo cambio en estos modelos
cuentísticos: surge el relato artístico, refinado, sugerente, con
anécdota mínima y brillantes ambientaciones, con símbolos sensuales
y decadentes. Las variedades del cuento modernista (véase
Modernismo) son múltiples: la crónica-cuento de Manuel Gutiérrez
Nájera, las brillantes parábolas y aguafuertes de Rubén Darío, las
historias decadentistas de Manuel Díaz Rodríguez, y otros. Pero, sin
duda, los dos grandes maestros asociados al postmodernismo son el
argentino Leopoldo Lugones y el uruguayo Horacio Quiroga.
Posteriores a ellos y vinculados en mayor o menor grado a las
tendencias de vanguardia, aparecerán los argentinos Macedonio
Fernández y Roberto Arlt, el guatemalteco Rafael Arévalo Martínez,
el uruguayo Felisberto Hernández y el ecuatoriano Pablo Palacio. En
la vertiente opuesta, neorrealista, criollista o indigenista, pueden
mencionarse el peruano José María Arguedas, el uruguayo Enrique
Amorim, el chileno Manuel Rojas y el puertorriqueño José Luis
González.
Desde Jorge Luis Borges
A partir de la década de 1940 hay una notable renovación del
género que escapa a las clasificaciones convencionales pues son una
verdadera síntesis de formas estéticas muy diversas, que ya no tiene
correspondencias europeas. La indiscutible gran figura es Jorge Luis
Borges, creador de un mundo propio de fantásticas especulaciones
basadas en fuentes metafísicas y teológicas. La madurez artística
que el cuento hispanoamericano ha alcanzado a partir de 1950 queda
ejemplificada en la obra de autores tan trascendentes como los
argentinos Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar, los cubanos Alejo
Carpentier y Virgilio Piñera, los guatemaltecos Miguel Ángel
Asturias y Augusto Monterroso, el uruguayo Juan Carlos Onetti, los
colombianos Gabriel García Márquez y Álvaro Mutis, el peruano Julio
Ramón Ribeyro, los mexicanos Juan Rulfo, Juan José Arreola, Carlos
Fuentes y José Emilio Pacheco, el uruguayo Mario Benedetti y los
chilenos José Donoso y Jorge Edwards.
FIN
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