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Querida Eudocia: Me
preguntas por qué ha causado revuelo la muerte de Augusto Pinochet. A los
bizantinos nos resulta difícil comprender los asuntos latinoamericanos, pero
intentaré explicártelo:
En el 1970 los chilenos eligieron a Salvador Allende como presidente. Pero el
Emperador del Norte no quedó satisfecho con esta elección y les ordenó a sus
agentes que derribaran el gobierno, porque Allende era socialista.
El 11 de septiembre de 1973 el general Augusto Pinochet obedeció las órdenes del
Emperador y dio un golpe de estado. El presidente Allende, en vez de huir a
Miami en un avión repleto de dinero -como es la tradición entre los caudillos
derrocados de América Latina- le hizo frente a las tropas de Pinochet. Como
consecuencia, murió en el palacio presidencial.
A partir de ese día Pinochet se convirtió en “dictador” de Chile, lo que en
nuestra tierra llamamos “tirano”; persiguió a los aliados y simpatizantes de
Allende e implantó un régimen terrible, que causó mucho sufrimiento. Mató a tres
mil chilenos y torturó a más de 27,000.
Aunque los golpes de estado son una especie de tradición en América Latina, éste
tuvo importancia especial porque castró los sueños democráticos de dos
generaciones. Se les había inculcado que el voto democrático era la única forma
legítima de procurar el cambio político, así que eligieron a Salvador Allende.
Pero olvidaron un detalle que los bizantinos sabemos desde hace muchos años: que
el Imperio del Norte sólo es democrático cuando le conviene. Tan pronto sus
intereses se ven amenazados, recurre al terrorismo, la subversión y el crimen.
Los chilenos habían acatado las reglas de juego, pero de golpe despertaron a la
realidad de que el Imperio le hace la guerra a cualquier gobierno que no
obedezca sus órdenes, sin importarle que sea o no sea democrático.
Lo más curioso es que Pinochet siempre alegó que había actuado por patriotismo
para librar a Chile de una siniestra conspiración socialista. Sin embargo, en
años recientes se ha comprobado que este hombre fue un grandísimo hipócrita,
porque se le han descubierto cuentas millonarias en bancos del Imperio del
Norte, Europa y América Latina. Cuando murió, ya le habían encontrado cerca de
30 millones de dólares en cuentas secretas. Es decir, este señor no actuó por
patriotismo ni por ideología: traicionó por plata, igual que Judas.
Pues ahora estos latinoamericanos, querida Eudocia, se han enfrascado en un
debate excéntrico. Algunos consideran injusto que Pinochet haya muerto de viejo;
opinan que debió morir en la cárcel debido a sus muchos crímenes. Como soy
bizantino, puedo ver las cosas con mayor objetividad. Me parece obvio que
Pinochet no debió morir de viejo ni preso. Hubiera sido mucho más justo que
muriera acribillado a balazos en medio de la calle, desangrado, como le ha
ocurrido a otros tiranos de este continente. Pero te aclaro que esta no es la
opinión oficial de nuestro gobierno y que jamás la expresaré en público. Muchas
veces mi profesión me obliga a guardar silencio.
Papá me ha escrito para decirme que nuestro Augusto Soberano lo invitó a palacio
para elogiar mi labor como embajador en Puerto Rico. La llevo a cabo con mucho
gusto: estos latinoamericanos, aunque bastante raros, son simpáticos.
Te besa tu hermano,
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