Querida Eudocia:
En algunas áreas del conocimiento humano, como las ciencias, los
países de Occidente son muy vanguardistas, pero en los asuntos
sociales a veces pienso que continúan en la Edad Media. Aunque
difícil de creer, acá todavía prohiben la prostitución y las drogas.
A los embajadores no occidentales nos llama mucho la atención la
hipocresía con que se manejan estos asuntos en América.
Por ejemplo, aunque la prostitución es ilegal, todo el mundo sabe
quiénes son y dónde están las prostitutas. De hecho, hay prostíbulos
famosos. Pero las autoridades no hacen nada para cerrarlos. Al
contrario: una tarde iba yo en mi limusina camino a una recepción
del Gobierno. Me acompañaban tres senadores que tienen fama de ser
muy éticos. Al pasar frente a un legendario burdel sonrieron con
picardía y me preguntaron si ya lo había visitado.
En el caso de las drogas, la situación es peor. La gente sabe dónde
y quién vende la droga, pero los gobiernos tampoco hacen nada pues
muchos traficantes de drogas están en el gobierno o son muy amigos
de los políticos. Esto es muy evidente en el Imperio del Norte, para
darte un ejemplo. Fíjate que el emperador Jorge Bush II está en
plena batalla en contra del terrorismo y ha sellado sus fronteras
herméticamente para que no entren explosivos ni armas. En los
aviones no permite que los pasajeros lleven ni siquiera una
botellita de champú. Sin embargo, todos los días entran al país
cientos de furgones con toneladas de drogas para satisfacer la
demanda de los adictos. ¿Cómo es posible? Los embajadores hemos
llegado a la única conclusión natural: los narcotraficantes tienen
la protección del gobierno y de las fuerzas armadas.
En realidad no entiendo por qué en América no se han dado cuenta del
hecho tan obvio de que el usuario de drogas no es un criminal, sino
un enfermo, y de que es mucho más efectivo, compasivo y barato
someter al adicto a tratamiento médico en vez de encerrarlo en la
cárcel.
En el caso de las prostitutas también sería mucho más práctica su
legalización. En Bizancio las sometemos a exámenes médicos regulares
para proteger la salud del país y también les cobramos impuestos
como a cualquier trabajador. Además, cuando ya están demasiado
“maduras” para el oficio no dejamos que mueran olvidadas en las
cunetas ni que tenga que mantenerlas el gobierno: las readiestramos
para cuidar viejitos o enfermos que necesitan compañía y comprensión
o para otros oficios que requieren afecto. Las prostitutas son muy
diestras para trabajar con la gente. De hecho, no sé si recuerdas
que fue una ex prostituta quien cuidó a la duquesa de Seleucia
durante su larga convalecencia después del accidente que sufrió
mientras esquiaba en Suiza. Por eso papá no nos permitió visitar a
la Duquesa, aunque es parienta de nuestro Augusto Soberano.
No olvides, querida hermana, que todo lo que te escribo es privado y
no debes comentarlo con nadie. Sólo en ti confío. Mi eficacia como
embajador depende de que los demás no sepan lo que realmente pienso.
La verdad es que a los latinoamericanos los respeto mucho, sobre
todo a los del Caribe. Lamentablemente, los pobres no han tenido la
suerte de nacer en un país como Bizancio.
Te besa tu hermano,
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