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Querida Eudocia:
La mayoría de los extranjeros no podemos
comprender a los puertorriqueños cuando discuten el “estatus
político” del país. Por ejemplo, con toda lógica pensamos que los
boricuas del Partido Republicano quieren la república. Pero no es
así, porque los puertorriqueños utilizan un vocabulario nublado
cuando hablan de política. Veamos:
Puerto Rico fue colonia española desde el 1493, año en que Cristóbal
Colón tuvo la gentileza de descubrir la isla personalmente. Pero 400
años después, en el 1898, el Imperio del Norte guerreó con España y
le arrancó la colonia de Puerto Rico. Medio siglo más tarde, en el
1952, el Imperio le regaló al país una “constitución” que lo
redefinía como un “Estado Libre Asociado”.
Muchos extranjeros tienen serios problemas para entender este
asunto, porque el país no es estado, no es libre, ni es socio de
nadie. Este nombre, por tanto, es un misterio para los forasteros,
aunque en el mundo de la diplomacia, claro, todos sabemos que Puerto
Rico es una simple colonia con nombre esotérico. El gobierno tiene
cierta autonomía para manejar los asuntos internos menores, pero el
Imperio maneja las relaciones internacionales, las fuerzas armadas,
las comunicaciones, los correos y todo lo que realmente importa.
Bueno, Eudocia, resulta que muchos boricuas no ven el “estado libre
asociado” como un estatus permanente. Por eso discuten día y noche
lo que llaman las “tres opciones de estatus”: estadidad, estado
libre asociado e independencia. Los que favorecen la “estadidad”
desean que la isla se convierta en un estado federado del Imperio
del Norte, como Hawai o Alaska. Los que prefieren el “estado libre
asociado” aspiran a mantener la autonomía limitada. Los partidarios
de la independencia quieren la república.
Como los boricuas son súbditos imperiales que pueden pertenecer a
los partidos políticos del Imperio, surgen casos tan paradójicos
como divertidos. Por ejemplo, muchos defensores de la “estadidad”
(enemigos de la república) pertenecen al Partido “Republicano”.
Cuando un boricua le dice a un extranjero “soy republicano, pero
rechazo la república de Puerto Rico”, pues lógicamente los
extranjeros piensan que se trata de un chiste o que los
puertorriqueños son grandes locos.
En fin, querida hermana, estas son las únicas tres opciones que se
discuten continuamente. Pero yo no entiendo esta pobreza política.
De hecho, a pesar de ser extranjero, ya se me han ocurrido un
sinnúmero de estatus adicionales muy beneficiosos. Fíjate que se
trata de una ex colonia española con fuerte cultura hispánica. Por
eso le vendría bien convertirse en una comunidad autónoma de España,
como las Islas Canarias o Andalucía. Tendrían una moneda fuerte, y
con el pasaporte europeo podrían viajar a cualquier país de Europa
para vivir, hacer turismo o trabajar.
Otra excelente opción sería convertirse en una provincia de
Venezuela. En esta forma obtendrían acceso instantáneo a cantidades
ilimitadas de petróleo a precios muy bajos. Tampoco dudo que a
Canadá le encantaría anexarse a la isla. En vez de sólo optar por el
francés o el inglés como idioma oficial, los canadienses tendrían
una nueva opción: el español, que está de moda en todo el mundo. Y
fíjate en el magnífico caso de Bolivia, un país que no tiene puertos
porque carece de salida al mar. Si Puerto Rico se convirtiera en
provincia de Bolivia, ambos ganarían. Bolivia obtendría acceso al
mar y San Juan se convertiría, de la noche a la mañana, en el puerto
más grande de Bolivia.
En fin, yo les digo a mis amigos puertorriqueños que no deben
limitar sus opciones de estatus a tres, porque la imaginación no
tiene límites.
Te besa tu hermano,
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