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Querida Eudocia:
Cuando me nombraron embajador para el Caribe
salí de Constantinopla con júbilo porque deseaba conocer otras
civilizaciones. Pero una cosa es ver a los extranjeros desde afuera
y otra es vivir entre ellos. A pesar de que los occidentales tienen
cierta reputación como pensadores, acá he descubierto, con cierta
perplejidad, que realmente están muy lejos de ser rigurosos, sobre
todo cuando se trata de asuntos relacionados con la política. Te
daré un ejemplo:
Acá creen en una extraña superstición que equipara el capitalismo
con la felicidad y la riqueza. Los occidentales observan la
felicidad de los ricos norteamericanos y luego repiten como loros:
“el capitalismo trae riqueza y felicidad”. Es una especie de fiebre
colectiva.
No sé a qué se deba esta superstición, pero sospecho que acá los
libros de historia son deficientes. En Bizancio, nuestra patria que
tanto añoro, hasta los niños saben que en los tiempos de antes hubo
grandes imperios que fueron ricos sin ser capitalistas. Ni los
egipcios ni los romanos ni los chinos conocieron el capitalismo
cuando fueron potencias. De hecho, la rica España imperial del Siglo
de Oro tampoco era capitalista. Estos imperios se construyeron con
sistemas económicos esclavistas, feudales o mercantilistas. Son la
evidencia de que no
hay que ser capitalista para ser una potencia mundial.
Por otro lado, tenemos a Nicaragua, Guatemala y Haití. Estas
naciones son capitalistas, pero no son ricas. Ni siquiera son
prósperas. De hecho, es posible que tampoco contengan mucha
felicidad, porque son tres de los países más paupérrimos del
hemisferio americano. Por tanto, son evidencia contundente de que el
capitalismo no produce riqueza y felicidad automáticas.
Durante 5,000 años la historia se ha repetido: un país se hace
fuerte, se apodera directa o indirectamente de otros países, impone
su voluntad y se convierte en un imperio (ahora les dicen
“superpotencia”) que vive gracias a los países sometidos. Como sabe
cualquier niño bizantino, porque lo aprende en la escuela, los
norteamericanos son ricos y felices porque son un imperio y no
porque sean una democracia capitalista. Son ricos y felices porque
tienen 700 bases militares en 130 países de todo el mundo. Con la
mera existencia de esta fuerza militar logran imponer su voluntad al
resto del planeta. Y cuando esta maquinaria no es suficiente para
intimidar, entonces el músculo militar entra en acción y se apoderan
de los países rebeldes, como ha ocurrido recientemente en los casos
de Afganistán e Irak, y anteriormente en República Dominicana,
Panamá, Granada, Haití y muchos países más.
Cualquier grupo de aldeanos puede convertirse en un imperio rico y
feliz si logra reunir la fuerza militar y la tecnología necesarias
para someter al resto del mundo. Lo hicieron los sumerios, los
atenienses, los persas, los árabes, los franceses y muchos más. En
los últimos 5,000 años muchas naciones de casi todos los continentes
han tenido la oportunidad de llamarse a sí mismas “potencia”.
Hoy le ha tocado el turno a los anglosajones de Norteamérica, pero
la fila para suplantarlos es larga. Esta fila no tiene nada que ver
con el capitalismo. Es una cuestión de paciencia, tiempo y suerte.
Así que ya sabes, querida Eudocia: cuando leas sobre la felicidad
imperial de un obrero norteamericano que gana 25 dólares la hora, no
es porque sea más productivo ni más bonito que los trabajadores del
resto del mundo. Se debe a la cruda realidad de que vive en un
imperio con la fuerza militar y económica necesaria para “venderle”
sus productos al resto del mundo.
Te besa tu hermano,
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