Casa digital del escritor Luis López Nieves


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Awilda Cáez: el prisma irrepetible de la tinta

“¡Color que, un momento, el humo
toma del sol que lo pasa;
vida mía, vida mía,
fugaz y coloreada!…”

Patricia Benjumea

 

Marioantonio Rosa

Ver los surcos. Ver la marea del resplandor tomando su evento terráqueo, llevándose el blanco y difundiéndose así con su soledad espesa y uniforme, llevando después el cuerpo expresado de las formas. Hay una letra, dos, tres, miles, mundo definido. Quien lleva la velocidad del tintero es alguien que lo único que puede amar es la voluntad de lo creado, el bellamente egoísta hondero de las imágenes que esculpen, destruyen o declaran. Un tipo de letra, que de un color primario, esta vez el negro, parte hacia cualquier simbiosis originaria de color, de movimiento, de luz y de memoria.

Cámara revelada: Giambattista Palatino, maestro escritor y editor del Siglo XVI. La línea Palatino está basada en tipos humanistas del renacimiento italiano, los cuales imitan las letras formadas por una pluma y un tintero; esto da una cierta gracia a la caligrafía. La Famila Palataino son tipos de letras que El Renacimiento hizo suyas, en la necesaria hendidura a la transición. En otro corredor, Palatino es una tipografía admirada por muchos debido a su gracia y fuerza. Esta tipografía ha sido adaptada a todas las tecnologías de impresión del siglo XX y es probablemente una de las tipografías más usadas y copiadas. Otra cámara revelada: Hermann Zapf en 1948 llamó “Palatino” a esta letra fuente, fuentísima, que disfrutamos en los libros día a día. ¿Y qué de los colores? Pues primero hubo una Teoría del Color en un viejo libro escrito por Johann Wolfgang von Goethe en 1810. Contiene algunas de las primeras y más precisas descripciones de las sombras coloreadas, la refracción y el acromatismo, hipercromatismo, teoría mejorada por Newton, depurada por Lang y después…sigue perfeccionándose hasta nuestros días.

Desde luego me gustaría exactamente transcribir algo que siendo un postulado irremplazable, contiene algo de poesía. Y claro viene de un poeta aún en óptica científica, es decir, volveré a citar a Goethe, al que recuerdo desde mi adolescencia cuando leí con algo de temor su “Fausto” hasta después borrar algún celaje sediento leyendo sus “Elegías Romanas” o “Poesía y Verdad” impreso en el 1811.

Íncubo y Súcubo unidos, esta definición del ojo en el color siempre me ha dejado impresionado, de manera real, de manera surrealista y de todas las maneras:

“Cuando el ojo ve un color se excita inmediatamente, y ésta, es su naturaleza, espontánea y de necesidad, producir otra en la que el color original comprende la escala cromática entera. Un único color excita, mediante una sensación específica, la tendencia a la universalidad. En esto reside la ley fundamental de toda armonía de los colores…”

Johann Wolfgang von Goethe

Teoría del color

Awilda Cáez, escritora, editora, gestora cultural, obrera de la palabra vive cercana a los lenguajes del tintero, y el sublenguaje que el color puede musitar en sus trazos creativos. Ya sea en sus talleres de narrativa donde la sonda que va tras las imágenes  incita a escribir a sus alumnos, como en su soledad medida en ese espacio donde solo estará ella, y el papel. Ya son varios los escritores que han salido de su aula conversadora de letras. Son escritores, y aman su oficio: Awilda es la provocadora. Eso es bueno para el país, que vive en un juego macabro de títeres entre la inercia, los disparos carro a carro, las víctimas de hombres que echan a la ceniza su género, matando y matándose, porque “ya no me quieres” o el ya hediondo “mía o de nadie” la mala política, los exfuncionarios federales que dicen que nuestra patria es un desastre cuando el primer desastre que no miran es su lengua, deshonrando más de lo que está la gran nación americana-minúsculas, mi teclado no pide más-y un pueblo puertorriqueño y trabajador, sin una mirada que nos haga llegar al  pie refrescante de las nuevas orillas, de una manera u otra.

Pero ahí está el poeta, el escritor, la multitud de letras. Hablamos con Awilda, en la actualidad Coordinadora de Eventos Culturales adscrita al Festival de La Palabra fundado y dirigido por la admiradísima Mayra Santos Febres. Ya sabemos que siempre existe un punto de partida, una provocación, y desde ahí nos echaremos a caminar por su mundo creativo; “Empecé como lectora. Desde que tenía cuatro años, cuando mi madre me enseñó a leer con el periódico, me fascina todo lo escrito. Del periódico pasé a la enciclopedia, libros de historia, obras de teatro, Periquita y Archie, y luego los libros que me asignaban en la escuela. Fue gracias a esa constante admiración por lo que escribían otros que decidí un día tratar de redactor algo, a ver qué me salía. Escribí unos poemas que rimaban, tratando de imitar a Bécquer, luego una obra de teatro tratando de imitar a René Marqués. Siempre escribía, me lo tomaba muy en serio. Me esforzaba mucho cuando me tocaba redactar algún proyecto en la escuela. Me hice famosa por las cartas de amor que escribía para que mis compañeros de escuela superior se las enviaran a sus parejas.

Luego decidí estudiar administración de empresas con concentración en mercadeo. Me gradué y trabajé en áreas relacionadas a negocios durante muchos años. Los informes que preparaba estaban escritos impecablemente. Siempre me reconocían el dominio que tenía de las palabras. Hace diez años me matriculé en el primer curso de la maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón y de ahí en adelante no he parado de escribir ficción.

Me gusta la literatura honesta, que no es pretenciosa, ni se nota que está escrita para darme una lección de vida. Entre los autores que me han marcado y están vivos todavía puedo mencionar a los puertorriqueños Luis López Nieves, José Luis González, Magali García Ramis, Mayra Santos Febres y Emilio del Carril. De otros países: Edmundo Paz Soldán, Fernando Iwasaki, Laura Restrepo, A.B. Yehoshua,

Puedo confesar que no soy de las que anda por ahí, obsesionada buscando historias para contar. De repente veo algo que me llama la atención y lo guardo en la memoria. Un día me siento a escribir y voy intercalando esos recuerdos. No cargo el oficio de escribir como una condena, como si no me dejara vivir en paz la necesidad de contar. La literatura me da paz y me divierte. Mis textos no son de finales felices ni vida color rosa, pero disfruto mucho el proceso de sentarme a escribirlos”.

Y, ¿cómo sucede, en qué circunstancia, bajo qué signo?

“Escribo de lo que me llama la atención. No soy buena evaluando mi trabajo, eso se lo dejo a los que se especializan en esas áreas. La mayoría de mis textos han surgido por compromisos, porque tengo que escribirlos por una razón. Mi primer libro, Adiós, Mariana y otras despedidas, es una colección de los cuentos que escribí mientras estuve en la maestría. Luego vino Manchas de tinta en los dedos, que fue mi tesis. Actualmente pertenezco a un colectivo literario que se llama Amalgama G7 junto a un grupo de colegas escritores. Nos obligamos a escribir, como hacía Guy de Maupassant con sus amigos en el siglo 19. Así nació Bola de Sebo, uno de los cuentos más espectaculares de la literatura francesa. Vamos a ver qué tal le va a nuestro grupo.

Uno de los temas que trabajo es las diferencias entre los hombres y las mujeres. Me parece interesante, quizá porque siempre he tenido amigos y amigas que me cuentan lo que les ocurre, por lo que me gusta comparar sus reacciones a determinadas situaciones”.

Su última publicación “Manchas de tinta en los dedos” bajo el sello editorial País Invisible se da en el trayecto de los colores que se infunden en el caleidoscopio, ese prisma que solo la tinta lucha en conservar, ese oficio de levantar en la escritura un lugar a la memoria:

“Para ese libro quise basar todas las historias en noticias, porque como aprendí a leer con el periódico, soy adicta a la información. Gracias al Internet tenemos acceso a cientos de periódicos de muchos países, por lo que diariamente leo las noticias de Puerto Rico, México, Brasil, Argentina, España… Me interesa saber lo que ocurre en el mundo. Aproveché que tenía que escribir un libro de cuentos para mi tesis de maestría y escogí redactar una historia por cada una de las noticias que me han impactado en los últimos 30 a 40 años: el terremoto de México de 1985, el periodo de la dictadura militar en Argentina, el tsunami de Asia, la explosión de los trenes en Londres, entre otros. En ese libro hay muchos muertos. Demasiados para mi gusto, pero es una de las caras de la realidad. Ocurre algo interesante, y es que sin que hubiese sido mi intención, los lectores se han puesto a buscar información acerca de los sucesos que sirven de base a cada una de las historias. Han sentido la curiosidad de saber más. El libro se asigna en escuelas y universidades. Me agrada saber que a través de la literatura hay una oportunidad de fomentar el diálogo y hasta debates entre los estudiantes”.

¿Nuevos proyectos? ¿Nuevos oleajes en el tintero?

“Actualmente estoy revisando mi primera novela y ya empecé a escribir la segunda. También trabajo con el Salón Literario Libroamérica en Puerto Rico (SLLPR), organizadores del Festival de la Palabra, que este año celebrará la quinta edición. Además, por primera vez celebraremos un evento regional, La Palabra en Caguas. Será un junte de 37 escritores de Puerto Rico durante los días 29 al 31 de agosto. Tendremos ventas y presentaciones de libros, foros, una gigantesca carpa infantil, música y charlas magistrales. Todo esto como antesala a nuestro gran Festival de la Palabra que este año se celebrará en el Paseo La princesa, el Arsenal de la Puntilla y el Teatro Tapia.

Pertenezco a la junta de gobierno de la Cofradía de Escritores de Puerto Rico y allí trabajo junto a un equipo de compañeros extraordinarios con el proyecto de celebrar los diez años de la maestría en Creación Literaria”.

Mundo y forma del Festival de la Palabra. Nuevos testimonios.

“Quien iba a decir que llegaríamos al año número cinco. Con mucho orgullo puedo decir que cada Festival se pone mejor. Tenemos un equipo de trabajo muy comprometido con la misión del SLLPR de promover la lectura y la internalización de los escritores puertorriqueños. Mayra Santos Febres, la Directora Ejecutiva de este proyecto, es una campeona. No ha sido fácil, pero vale la pena luchar por lo que uno cree que es bueno para el país. El Festival ha logrado impactar miles de estudiantes de escuelas públicas que han tenido oportunidad de conocer a nuestros escritores y sus obras. Los lectores se merecían desde hace tiempo una fiesta literaria como esta. Los esperamos este año del 13 al 19 de octubre”.

Panorama de nuestras Letras Nacionales. ¿Hemos trascendido?

“Estamos en un mundo globalizado que cada vez se hace más pequeño. Este es el momento de cruzar fronteras porque nunca hemos tenido tantas herramientas tecnológicas para hacerlo como las que tenemos hoy en día. La literatura hispanoamericana has sido por años lo que se produce en España, México, Colombia y Argentina. Perú, Chile y los latinos de Estados Unidos están ampliando la lista y es por ahí que vamos los puertorriqueños. Lamentablemente en PR no tenemos una industria editorial que nos respalde, pero ese reto nos hace escritores más activos y conocedores del mercado. Yo vengo del mundo de los negocios y te puedo decir que las editoriales son un negocio como cualquier otro. Los libros se ven como productos, al igual que los escritores. Nos toca defender la pureza de lo que hacemos y a la misma vez poder trabajar con las demandas del mercadeo. La nueva generación de escritores está comenzando a entender ese detalle; veo mucha producción literaria de autogestión, escritores que se han hecho expertos en distribución de su obra, hay mucho contacto directo con el público. Tenemos la capacidad y la oportunidad de exportar la literatura puertorriqueña, pero no debemos descuidar el lector boricua que está emigrando a leer libros escritos en inglés. Necesitamos darnos a conocer más, por eso el trabajo que te mencioné de visitar escuelas es tan importante. Hay que enamorarlos desde jóvenes. Tenemos que lograr un país donde la gente conozca a sus escritores por nombre y apellido”.

Conocer, difundir, proyectar nuestro tintero, hacer de esa tinta colores, prismas, voz volcada, deslumbramiento. Awilda Cáez sigue en esa senda de escritores que hacen su oficio, fuerza y lección de vida. Para más información de cómo adquirir su libro escriba a: [email protected] o visite cualquier librería cerca de usted.

De eso se trata el sendero de las letras: una alquimia profunda e irrepetible. Oficio de la tinta.

FIN


Versión original


“Awilda Cáez: el prisma irrepetible de la tinta”, Marioantonio Rosa, El Post Antillano, Puerto Rico, 16 agosto 2014, elpostantillano.net.

 


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