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ENTREVISTA

El corazón de López Nieves
o el revés de la Historia (III)

Por Rafael Grillo

A: Luis <cs@ciudadseva.com>
De: Rafa <rgrillo@enet.cu>
Asunto: Toca el turno a La verdadera muerte...
Fecha: 19-01-07

Estimado Luis:
Es cierto que Voltaire tenía fe en el sentido común, pero... ¿no fue él mismo quien reconoció que entre nosotros, los seres humanos, el sentido común no es el más común de los sentidos? Y hablando de sentido común, recuerdo que además hay supuestas verdades de Perogrullo. La Historia, tal como nos la han contado, estaría llena de esas verdades que son inamovibles. Sin embargo, tú sueles remover muchas de ellas. Leyendo La verdadera muerte de Juan Ponce de León , el libro de cuentos con que obtuviste en el 2000 tu primer Premio Nacional de Literatura, aparece una razón insospechada para el viaje de Cristóbal Colón a “las Indias”, un héroe criollo desconocido en el fiasco de Francis Drake cuando su asalto a San Juan, y una versión muy particular sobre la muerte del fundador de Puerto Rico y el origen de la creencia en la Fuente de la Eterna Juventud, entre otras “reescrituras” tuyas de lo ocurrido en el siglo XVI en el Caribe. Ahora quisiera, a partir de lo que te propusiste con estos relatos, que me ahondaras en tu visión personal sobre las fronteras y entrecruzamientos de la Historia y la literatura. ¿Vale?
RAFA

 

A: Rafa <rgrillo@enet.cu>
De: Luis <cs@ciudadseva.com>
Asunto: RE: Toca el turno a La verdadera muerte...
Fecha: 24-01-07

Estimado Rafa:
Para explicarte mi visión de la literatura y la historia tendría que hablarte mucho, porque cuestiono la posibilidad misma del conocimiento. Por ejemplo, se me hace imposible definir palabras tan comunes como "verdad", "bien" o "mal". No es que pretenda ser filósofo, definitivamente no lo soy, pero he llegado a la conclusión de que la "verdad" simplemente no existe. Eso fue lo que quiso decir Sócrates cuando dijo "Sólo sé que no sé nada". No fue una expresión de modestia falsa, como piensan algunos. Sócrates se dio cuenta de que, mientras más aprendía, más difícil se le hacía conocer la "verdad", porque mientras más se aprende más se duda. Sólo los imbéciles y los fanáticos afirman categóricamente: la persona inteligente siempre reconoce (aunque a veces no lo diga públicamente) la posibilidad de que pueda estar equivocada.
Como te dije en un mensaje anterior, creo que la historia es un género literario que parte de un "dato histórico". Colón llegó a América en el 1492, bien. ¿Entonces qué pasó? Pues para muchos historiadores europeos fue un momento de gloria, de expansión del conocimiento, de hidalguía, etc. Pero, un historiador indígena o latinoamericano no puede verlo de la misma manera, porque en esa fecha comenzó para nosotros un holocausto como nunca se había visto ni se ha visto en el planeta.
Ahora bien, si un historiador europeo habla muy bonito sobre el "descubrimiento", ¿esta persona es "malvada" o vive de espaldas a la "verdad"? ¿Engaña a sus lectores? Yo no estoy de acuerdo con ese historiador, pero me parece que "malvado" es un término religioso, maniqueo, que no es el más adecuado.
Bueno, pues esta actitud mía me causa problemas hasta conmigo mismo. Por ejemplo, no soy fascista. De hecho, si los nazis hubieran conquistado el mundo, posiblemente me hubieran exterminado tarde o temprano. Sin embargo, comprendo perfectamente a Hitler. No estoy de acuerdo con sus ideas, pero entiendo por qué las tenía. No fue ni mejor ni peor que Napoleón, Alejandro Magno ni Julio César... a quienes tantas personas admiran. Fue un conquistador que, por suerte para mí, fracasó. Pero, si hubiera triunfado, hoy día sería un gran héroe mundial; Alemania, en vez de Estados Unidos, sería la gran superpotencia. Por tanto, no puedo usar términos como "malvado" o "diabólico" para describir a Hitler. Me parece infantil usarlos. Sólo puedo decir que fue un tipo que quiso lo mejor para su gente y que usó todos los medios que tenía a su alcance... para lograr su fin.
Ahora bien, para responder concretamente a tu pregunta: Si Hitler se hubiera apoderado del mundo y Latinoamérica fuera ahora una neocolonia alemana, en vez de norteamericana, "dos más dos" serían cuatro. Eso nunca cambia. Pero todos los libros de historia serían radicalmente diferentes. Roosevelt, el presidente de Estados Unidos durante la guerra, sería el "malo". Hitler y sus mariscales serían los "buenos". De hecho, estos libros también revisarían retrospectivamente. Probablemente dirían que los espartanos eran "mejores" que los "malos" atenienses, porque el régimen espartano era más afín al nazi que la democracia ateniense. Y esos libros no celebrarían la "gloria" del Imperio Romano, sino la de los "heroicos" bárbaros germanos que durante siglos le opusieron resistencia al "malvado" Imperio Romano. Las culturas latinas (francesa, italiana, española, etc) serían despreciadas, mientras que todo lo germánico se celebraría como paradigma de lo "bueno".
Por tanto, no es que la literatura y la historia se "entrecrucen", es que no hay diferencia. La historia es un género literario que crea mitos a partir de datos históricos, al igual que la mitología los crea a partir de la leyenda y la novela a partir de la imaginación.
¿Significa que no podemos ni debemos leer historia? No. Significa, creo yo, que debemos adoptar la historia que más nos conviene. Los Imperios venden estas visiones históricas en las que se describen como los más grandes, los "mejores", los más inteligentes, los más lindos, los que realmente saben y deben gobernar. Esta es una creación literaria, porque ningún pueblo es superior a otro.
Es lógico que un alemán pudiera creerse los cuentos de Hitler, después de todo les decía que eran la raza superior. ¿A quién le amarga un dulce? Asimismo es lógico que un norteamericano de hoy se crea la propaganda que sale a borbotones de la prensa, de Hollywood y del mundo académico. Es agradable escuchar que Dios En Persona nos ha escogido para llevar la libertad y la democracia al resto del mundo. Es bueno para la autoestima.
En fin, es comprensible que un alemán o un norteamericano se crean o se hayan creído la propaganda imperial de sus países, también conocida como "historia". Lo absolutamente estúpido, en mi opinión, es que un latinoamericano se crea estos cuentos. Una parte importante de mi proyecto literario tiene el objetivo de abrirle los ojos al lector ante la posibilidad de que la "verdad" que han estado creyendo durante tantos años no es más que una invención literaria.
Abrazos
Luis

 

A: Luis <cs@ciudadseva.com>
De: Rafa <rgrillo@enet.cu>
Asunto: RAFA pregunta sobre Escribir para Rafa…
Fecha: 25-01-07

Estimado Luis:
Ahora me estoy preguntando si ese escepticismo radical hacia la Historia y la posibilidad del conocimiento fue el causante de que tras la experiencia de tu primer libro, Seva , publicaras otro tan diferente como Escribir para Rafa ... pero ese no es el tipo de pregunta que podría hacerte pues vengo siguiendo tu trayectoria literaria al revés, y a Seva no le tocaría su turno aún; así que tendríamos que ir desde el 2000 y La verdadera muerte... hacia tu libro anterior, Escribir para Rafa , de 1987. Si La verdadera muerte... estaba compuesto por relatos sobre hechos y personajes históricos; en cambio, Escribir para Rafa es un libro de cuentos donde los protagonistas son un Doctor en Platillos, la actriz que rejuvenece sobre el escenario, un escritor que seduce por carta a la novia del amigo a pedido de este, una adolescente con mañas de mujer, la pareja que es toda lujuria bajo la luz de la luna pero se odia de día, etc... O sea, historias de vidas cotidianas y personajes algo raros, excéntricos. Y mi pregunta sería: ¿Por qué tanto tiempo, 13 años, entre la publicación de esos dos libros? Además, ¿qué pudo suceder en ti cómo para qué estos dos libros fueran tan diferentes?
Un abrazo,
RAFA

 

A: Rafa <rgrillo@enet.cu>
De: Luis <cs@ciudadseva.com>
Asunto: RE: RAFA pregunta sobre Escribir para Rafa...
Fecha: 30-01-07

Estimado Rafa:
La escritura de Seva y de los cuentos de Escribir para Rafa fue paralela. Son cuentos que escribí entre el 1980 y el 1986. Pero Seva resultó diferente. Te explico: Desde los 20 años de edad hasta los 30, cuando terminé mi doctorado en Literatura Comparada, prácticamente dediqué toda mi vida a la lectura de obras literarias. Me dediqué día y noche a leer literatura. Fueron diez años irrepetibles en que leí obras que hoy pocas personas tienen el tiempo (o la paciencia) para leer, como las novelas de Tolstoi, Dovstoyevski, Gogol y otros rusos, cantidades masivas de novelas francesas del XIX (Zola, Balzac, Stendhal, Dumas, Daudet, etc). También leí a los italianos, españoles, alemanes, ingleses y, por supuesto, a los hispanoamericanos. Fueron diez años bien aprovechados.
Pero, al graduarme, ocurrió algo raro: de pronto no tenía muchas ganas de leer literatura. Parece que sufría de una sobredosis. Pero no puedo concebir la vida sin un libro en la mano, así que de pronto me dio por leer historia. La había leído desde pequeño, mesuradamente, pero de pronto me empezó una furia de lectura histórica parecida a la furia literaria que me había poseído durante los diez años anteriores. Empecé a leer de los periodos más lejanos y exóticos. Leía libros que ya nadie lee, como los diez o doce volúmenes inmensos de La decadencia y caída del Imperio Romano , de Gibbon; una historia de los papas en tres volúmenes de más de mil páginas cada uno; La historia de las civilizaciones de Will Durant, que son once grandes volúmenes de unas 2000 páginas cada uno: los tres volúmenes de La historia de las cruzadas , de Runciman; la Historia del Estado Bizantino , de Ostrogorsky, historias de Egipto, de Roma, de Grecia, etcétera, etcétera. Empecé a obsesionarme con la Edad Media, probablemente mi periodo favorito, pero especialmente con la historia del Imperio Bizantino, sobre el cual he leído cientos de libros que hoy casi nadie lee ni recuerda. De hecho, yo no podía comentar estas lecturas con ninguno de mis amigos en Puerto Rico, porque aquí se sabe muy poco —o nada— sobre el Imperio Bizantino.
Yo no hacía estas lecturas como historiador, sino como lector aficionado. Pero comenzó en mí una grande transformación cuando empecé a notar que cada libro era una versión diferente de determinados hechos. Por ejemplo, he leído montones de historias del Imperio Romano, pero casi todas son diferentes. Coinciden en algunos datos, por supuesto. Creo que todas afirman que a Julio César lo mataron un 15 de marzo. Pero luego cada uno se va para su lado y escribe la historia que le place. De hecho, puedes leer una historia de Roma en que César es libertador, otra en que es tirano y otra en que es un poco de ambos.
De pronto, como Newton descubrió la Ley de la Gravedad, un buen día descubrí que cada cual manipula los datos y escribe la historia como le da la gana. Por tanto, concluí que la historia evidentemente es el sexto género literario. También concluí no había nada perverso en mi descubrimiento. Uno debe escribir la historia desde su perspectiva. Terrible es ver a un africano, asiático o latinoamericano que acepta, promueve o escribe su historia desde la perspectiva eurocéntrica o anglosajona, desde la perspectiva del "otro". Es horrible y patético, porque aplaude a los "otros" cuando éstos afirman que son superiores y que nosotros somos inferiores. O sea, imagínate a un cartaginés contando la historia de las Guerras Púnicas desde la perspectiva romana o a un persa narrando las victorias de Alejandro desde la perspectiva griega. Es una monstruosidad. Pues me di cuenta de que en América llevamos 500 años contando la historia desde la monstruosa perspectiva europea, no desde la nuestra.
Bueno, pues empecé estas lecturas históricas en el 1980. Mientras tanto, había estado escribiendo los cuentos que se publicaron en Escribir para Rafa en el 1987, pero también rescaté Seva , mi primera incursión en el cuento histórico, cuyo primer borrador había escrito unos años antes. A mí me deprimía la historia de Puerto Rico. Debido al evidente hecho de que somos una colonia norteamericana, pues todo lo que se decía sobre nosotros en los libros de historia era humillante, condescendiente, ridículo o simplemente absurdo. De hecho, el libro de texto de historia de Puerto Rico que se usaba en la escuela estaba escrito por un estadounidense. El tono era más o menos el siguiente: Éramos un montón de monos ignorantes y muertos de hambre, con poco o ninguna cultura, hasta el 1898, año en que los maravillosos Estados Unidos nos trajeron la luz, la civilización, la religión, la salud... y nos bajaron de los árboles. Ese era el tono del libro.
Cuando llegó el momento de publicar Seva en forma de libro, pues como que no "cabía" en un volumen con mis demás cuentos, porque era el único de naturaleza histórico. Los demás cuentos míos de ese momento, los que publiqué en Escribir para Rafa , estaban en otra línea muy diferentes: son cuentos contemporáneos con tramas fantásticas o semifantásticas, y con personajes y conflictos básicamente de la clase media profesional puertorriqueña. Por tanto, decidí publicarlos en libros diferentes: Seva primero, los demás luego en Escribir para Rafa .
Aunque en ese momento sólo tenía ese único cuento histórico, es curioso que a partir de entonces mis demás libros, La verdadera muerte de Juan Ponce de León y El corazón de Voltaire , hayan sido narrativa histórica. Pero he seguido escribiendo cuentos contemporáneos de vez en cuando y ya estoy reuniendo suficientes como para otro libro. Pero mi prioridad, obviamente, ha sido mi proyecto de narrativa histórica, en el que estoy todavía muy adentrado.
Abrazos,
Luis

El corazón de López Nieves
o el revés de la Historia
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