SANTO DOMINGO.-
En su libro ‘‘El deslinde: Prolegómenos a la teoría literaria. (México,
1944), Alfonso Reyes clamaba por una novela histórica al otorgarle
inevitable historicidad a toda trama, la cual se presta ‘‘tanto como el
drama al acarreo del tema histórico’’.
Décadas después de aquel reclamo memorable, Gabriel García Márquez cambió las reglas del juego.
En
su controversial novela “El general en su laberinto”, dejó a un lado el
significado simbólico de un héroe de la talla de Simón Bolívar y nos
presentó a un libertador libertino y libertario, lleno de
contradicciones y veleidades poco correspondidas con la visión del
héroe que nos enseñaron en las escuelas.
A partir de ese momento,
a la novela histórica latinoamericana se le incorporó con mayor
propiedad la irreverencia como categoría literaria.
Otro ejemplo
memorable lo consiguió el nicaragüense Sergio Ramírez Mercado con su
“Margarita, está linda la mar”. En ella, Sergio nos trajo a un Rubén
Darío borracho e impotente, que no dejó de escribir ni de enamorarse
jamás.
Luis López Nieves
En el Caribe hispánico, ha
surgido la figura del puertorriqueño
Luis López Nieves (1950), más
conocido como el “maestro de la tergiversación”, sobre todo, a partir
de la revolución que produjo en las letras regionales su relato “Seva”
(1983), una versión muy distinta a la que ofrecían los libros de
historia sobre la intervención de Puerto Rico por las tropas de Estados
Unidos, en 1898.
La fuerza de este relato y su repercusión
internacional provocaron que el mismo se transformara en libro y se
enriqueciera con otros elementos literarios concebidos por el autor que
engrandecían, aún más, la historia.
Su libro de cuentos “La
verdadera muerte de Juan Ponce de León" (2000) enfrenta también el
oficialismo académico, esta vez en relación a la conquista y
colonización de Puerto Rico.
El libro trata algunos
acontecimientos de la vida colonial y los primeros años de la
dominación española en su país, con muy poca fidelidad a los
elementos que hemos aprendido en la escuela.
Con una prosa
equilibrada, madura y llena de aristas creativas, nuestros antepasados
renacen con mucha sangre en las venas y deseos de ser escuchados a
partir de sus sueños.
La primera novela de López Nieves, y única
publicada hasta la fecha, significó otra audacia formal, esta vez,
introduciendo la técnica del “email” a la literatura como primicia de
la modernidad que hasta el momento no se había encontrado de manera
total en las letras hispanoamericanas.
Con anterioridad, en el
país, el escritor salcedense Pedro Camilo sorprendió con su novela “El
Chat”, la cual, a pesar de su importancia estética, ha pasado sin penas
ni glorias.
Por suerte, para la literatura caribeña de la era
global, la novela de López Nieves se ha instalado en la preferencia de
los lectores hispanos.
Con más de 25,000 ejemplares vendidos en menos
de 3 años, la obra ya ha sido contratada para ser llevada a otras
lenguas con independencia de que su casa matriz, el Grupo Editorial
Norma, le ha hecho, hasta el presente, 7 ediciones y prepara su octava,
algo realmente impresionante si atenemos al poco tiempo que lleva su
vida en el mercado.
En “El corazón de Voltaire”, la novela
histórica contiene la doble sublimación del relato histórico
“desacralizado” por el Gabo y “tergiversado” por López Nieves.
Aquí,
la relevancia histórica del gran filósofo de la ilustración es
reinventada a través de una pesquisa policial que envuelve a Ministros,
funcionarios internacionales, jefes de Estado, intelectuales, críticos
e investigadores literarios de todo el mundo.
Con independencia
de sus excelencias literarias, “El corazón de Voltaire” entraña un
recorrido por las instituciones oficiales que rigen la cultura de hoy
en un intento de ridiculizar y minimizar la gran burocracia que la
rodea junto a ese prurito intelectual que lo único que esconde es un
vacío cultural digno del gran incendio.
Unida a la investigación,
el autor se introduce en la vida del sabio francés con ojos no
convencionales. Su mirada es capaz no sólo de presentarlo con una piel
muy cercana a la nuestra, sino de voltear algunos de sus
acontecimientos vitales junto a ciertos significados de sus escritos.
Con
estas armas, al terminar el libro, el lector siente la sensación de
haber vivido un fresco cultural insospechado que no sólo lo sobrevoló
por la Francia de las pelucas y oropeles, sino le mostró la manera en
que se barajan los grandes secretos “de Estado” en determinadas
jerarquías institucionales y lo risible y ridículas que resultan
determinadas posiciones oficiales que, a fin de cuentas, están más
cercanas a la mentira y al abuso del poder que a la vocación de ofrecer
luz sobre la realidad de los hechos como supuestamente debiera ser en
aquéllos que tienen como norma el cumplimiento del deber en beneficio
de la humanidad.
Luis López Nieves no se ha conformado con su obra publicada hasta el momento.
Sus
cuatro libros (no hemos mencionado “Escribir para Rafa” por constituir
una colección de historias más cercanas al presente) son sólo el
preámbulo de lo que saldrá en los próximos años de su talento y su
vocación creativa.