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Don Juan Tenorio

[Teatro - Texto completo.]

José Zorrilla

Drama religioso-fantástico en dos partes

AL SEÑOR DON FRANCISCO LUIS DE VALLEJO
EN PRENDA DE BUENA MEMORIA

Su mejor amigo,
JOSÉ ZORRILLA.

Madrid.- Marzo de 1844


PERSONAJES
DON JUAN TENORIO.
DON LUIS MEJÍA.
DON GONZALO DE ULLOA,   comendador de Calatrava.
DON DIEGO TENORIO.
DOÑA INÉS DE ULLOA.
DOÑA ANA DE PANTOJA.
CRISTÓFANO BUTTARELLI.
MARCOS CIUTTI.
BRÍGIDA.
PASCUAL.
EL CAPITÁN CENTELLAS.
DON RAFAEL DE AVELLANEDA.
LUCÍA.
LA ABADESA DE LAS CALATRAVAS DE SEVILLA.
LA TORNERA DE ÍDEM.
GASTÓN.
MIGUEL.
UN ESCULTOR.
ALGUACIL 1.º
ALGUACIL 2.º
UN PAJE   (que no habla).
LA ESTATUA DE DON GONZALO   (él mismo).
LA SOMBRA DE DOÑA INÉS   (ella misma).

 


Caballeros, sevillanos, encubiertos, curiosos, esqueletos, estatuas, ángeles, sombras, justicia y pueblo.

La acción en Sevilla, por los años de 1545, últimos del emperador Carlos V. Los cuatro primeros actos pasan en una sola noche. Los tres restantes, cinco años después y en otra noche.

Parte I

Acto I

 

Libertinaje y escándalo

 

DON JUAN, DON LUIS, DON DIEGO, DON GONZALO, BUTTARELLI, CIUTTI, CENTELLAS, AVELLANEDA, GASTÓN, MIGUEL. Caballeros, curiosos, enmascarados, rondas.
 

Hostería de Cristófano BUTTARELLI. Puerta en el fondo que da a la calle; mesas, jarros y demás utensilios propios de semejante lugar.
 
Escena I
DON JUAN, con antifaz, sentado a una mesa escribiendo, CIUTTI y BUTTARELLI, a un lado esperando. Al levantarse el telón, se ven pasar por la puerta del fondo máscaras, estudiantes y pueblo con hachones, músicas, etc. 
DON JUAN
   ¡Cuál gritan esos malditos!
¡Pero mal rayo me parta
si en concluyendo la carta
no pagan caros sus gritos!

 (Sigue escribiendo.) 

BUTTARELLI

  (A CIUTTI.) 

   Buen Carnaval.
CIUTTI

  (A BUTTARELLI.) 

Buen agosto
5
para rellenar la arquilla.
BUTTARELLI
¡Quiá! Corre ahora por Sevilla
poco gusto y mucho mosto.
   Ni caen aquí buenos peces,
que son casas mal miradas 10
por gentes acomodadas,
y atropelladas a veces.
CIUTTI
   Pero hoy…
BUTTARELLI
Hoy no entra en la cuenta,
Ciutti; se ha hecho buen trabajo.
CIUTTI
¡Chist! habla un poco más bajo, 15
que mi señor se impacienta
   pronto.
BUTTARELLI
¿A su servicio estás?
CIUTTI
Ya ha un año.
BUTTARELLI
¿Y qué tal te sale?
CIUTTI
No hay prior que se me iguale;
tengo cuanto quiero, y más. 20
   Tiempo libre, bolsa llena,
buenas mozas y buen vino.
BUTTARELLI
Cuerpo de tal, ¡qué destino!
CIUTTI

  (Señalando a DON JUAN.) 

Y todo ello a costa ajena.
BUTTARELLI
   Rico, ¿eh?
CIUTTI
Varea la plata.
25
BUTTARELLI
¿Franco?
CIUTTI
Como un estudiante.
BUTTARELLI
¿Y noble?
CIUTTI
Como un infante.
BUTTARELLI
¿Y bravo?
CIUTTI
Como un pirata.
BUTTARELLI
   ¿Español?
CIUTTI
Creo que sí.
BUTTARELLI
¿Su nombre?
CIUTTI
Lo ignoro en suma.
30
BUTTARELLI
¡Bribón! ¿Y dónde va?
CIUTTI
Aquí.
BUTTARELLI
Largo plumea.
CIUTTI
Es gran pluma.
BUTTARELLI
   ¿Y a quién mil diablos escribe
tan cuidadoso y prolijo?
CIUTTI
A su padre.
BUTTARELLI
¡Vaya un hijo!
35
CIUTTI
Para el tiempo en que se vive,
   es un hombre extraordinario.
Pero calla.
DON JUAN

 (Cerrando la carta.) 

Firmo y plego.
¡Ciutti!
CIUTTI
Señor.
DON JUAN
Este pliego
irá, dentro del Horario 40
   en que reza doña Inés,
a sus manos a parar.
CIUTTI
¿Hay respuesta que aguardar?
DON JUAN
Del diablo con guardapiés
   que la asiste, de su dueña, 45
que mis intenciones sabe,
recogerás una llave,
una hora y una seña;
   y más ligero que el viento,
aquí otra vez.
CIUTTI
Bien está.
50
(Vase.) 

Escena II

 

DON JUAN y BUTTARELLI. 
DON JUAN
Cristófano, vieni quá.
BUTTARELLI
Eccellenza!
DON JUAN
Senti.
BUTTARELLI
Sento.
    Ma ho imparato il castigliano,
se è più facile al signor
la sua lingua…
DON JUAN
Sí, es mejor:
55
lascia dunque il tuo toscano,
   y dime: don Luis Mejía
¿ha venido hoy?
BUTTARELLI
Excelencia,
no está en Sevilla.
DON JUAN
¿Su ausencia
dura en verdad todavía? 60
BUTTARELLI
   Tal creo.
DON JUAN
¿Y noticia alguna
no tienes de él?
BUTTARELLI
¡Ah! Una historia
me viene ahora a la memoria
que os podrá dar…
DON JUAN
¿Oportuna
   luz sobre el caso?
BUTTARELLI
Tal vez.
65
DON JUAN
Habla, pues.
BUTTARELLI

 (Hablando consigo mismo.) 

No, no me engaño;
esta noche cumple el año,
lo había olvidado.
DON JUAN
¡Pardiez!
   ¿Acabarás con tu cuento?
BUTTARELLI
Perdonad, señor; estaba 70
recordando el hecho.
DON JUAN
Acaba,
¡vive Dios! que me impaciento.
BUTTARELLI
   Pues es el caso, señor,
que el caballero Mejía,
por quien preguntáis, dio un día 75
en la ocurrencia peor
que ocurrírsele podía.
DON JUAN
   Suprime lo al hecho extraño;
que apostaron me es notorio
a quién haría en un año, 80
con más fortuna, más daño,
Luis Mejía y Juan Tenorio.
BUTTARELLI
   ¿La historia sabéis?
DON JUAN
Entera;
por eso te he preguntado
por Mejía.
BUTTARELLI
¡Oh! me pluguiera
85
que la apuesta se cumpliera,
que pagan bien y al contado.
DON JUAN
   ¿Y no tienes confianza
en que don Luis a esta cita
acuda?
BUTTARELLI
¡Quiá! ni esperanza;
90
el fin del plazo se avanza,
y estoy cierto que maldita
   la memoria que ninguno
guarda de ello.
DON JUAN
Basta ya.
Toma.
BUTTARELLI
Excelencia, ¿y de alguno
95
de ellos sabéis vos?
DON JUAN
Quizá.
BUTTARELLI
¿Vendrán, pues?
DON JUAN
Al menos uno;
   mas por si acaso los dos
dirigen aquí sus huellas
el uno del otro en pos, 100
tus dos mejores botellas
prevenles.
BUTTARELLI
Mas…
DON JUAN
¡Chito…!. Adiós.

Escena III

 

BUTTARELLI. 
BUTTARELLI
   ¡Santa Madona! De vuelta
Mejía y Tenorio están
sin duda… y recogerán 105
los dos la palabra suelta.
   ¡Oh! sí; ese hombre tiene traza
de saberlo a fondo.
(Ruido adentro.) 
Pero
¿qué es esto?

 (Se asoma a la puerta.) 

¡Anda! el forastero
está riñendo en la plaza. 110
   ¡Válgame Dios! ¡Qué bullicio!
¡Cómo se le arremolina
chusma… y cómo la acoquina
él solo! ¡Uf! ¡Qué estropicio!
   ¡Cuál corren delante de él! 115
No hay duda, están en Castilla
los dos, y anda ya Sevilla
toda revuelta. ¡Miguel!

Escena IV

 

BUTTARELLI y MIGUEL. 
MIGUEL
¿Che comanda?
BUTTARELLI
Presto, qui
servi una tabola, amico, 120
e del Lacryma più antico
porta due buttiglie.
MIGUEL
Si,
    signor padron.
BUTTARELLI
Micheletto,
apparechia in carità
lo più ricco, que si fa, 125
afrettati!
MIGUEL
Gia mi afretto,
    signor padrone.
(Vase.) 

Escena V

 

BUTTARELLI y DON GONZALO. 
DON GONZALO
Aquí es.
¿Patrón?
BUTTARELLI
¿Qué se ofrece?
DON GONZALO
Quiero
hablar con el hostelero.
BUTTARELLI
Con él habláis; decid, pues. 130
DON GONZALO
   ¿Sois vos?
BUTTARELLI
Sí, mas despachad,
que estoy de priesa.
DON GONZALO
En tal caso,
ved si es cabal y de paso
esa dobla, y contestad.
BUTTARELLI
   ¡Oh, excelencia!
DON GONZALO
¿Conocéis
135
a don Juan Tenorio?
BUTTARELLI
Sí.
DON GONZALO
¿Y es cierto que tiene aquí
hoy una cita?
BUTTARELLI
¡Oh! ¿seréis
   vos el otro?
DON GONZALO
¿Quién?
BUTTARELLI
Don Luis.
DON GONZALO
No; pero estar me interesa 140
en su entrevista.
BUTTARELLI
Esta mesa
les preparo; si os servís
   en esotra colocaros,
podréis presenciar la cena
que les daré… ¡Oh! será escena 145
que espero que ha de admiraros.
DON GONZALO
   Lo creo.
BUTTARELLI
Son, sin disputa,
los dos mozos más gentiles
de España.
DON GONZALO
Sí, y los más viles
también.
BUTTARELLI
¡Bah! Se les imputa
150
   cuanto malo se hace hoy día;
mas la malicia lo inventa,
pues nadie paga su cuenta
como Tenorio y Mejía.
DON GONZALO
   ¡Ya!
BUTTARELLI
Es afán de murmurar,
155
porque conmigo, señor,
ninguno lo hace mejor,
y bien lo puedo jurar.
DON GONZALO
   No es necesario más…
BUTTARELLI
¿Qué?
DON GONZALO
Quisiera yo ocultamente 160
verlos, y sin que la gente
me reconociera.
BUTTARELLI
A fe
   que eso es muy fácil, señor.
Las fiestas de Carnaval,
al hombre más principal 165
permiten sin deshonor
   de su linaje, servirse
de un antifaz, y bajo él,
¿quién sabe, hasta descubrirse,
de qué carne es el pastel? 170
DON GONZALO
   Mejor fuera en aposento
contiguo…
BUTTARELLI
Ninguno cae
aquí.
DON GONZALO
Pues entonces trae
el antifaz.
BUTTARELLI
Al momento.

Escena VI

 

DON GONZALO. 
DON GONZALO
   No cabe en mi corazón 175
que tal hombre pueda haber,
y no quiero cometer
con él una sinrazón.
   Yo mismo indagar prefiero
la verdad… mas, a ser cierta 180
la apuesta, primero muerta
que esposa suya la quiero.
   No hay en la tierra interés
que si la daña me cuadre;
primero seré buen padre, 185
buen caballero después.
   Enlace es de gran ventaja,
mas no quiero que Tenorio
del velo del desposorio
la recorte una mortaja. 190

Escena VII

 

DON GONZALO y BUTTARELLI, que trae un antifaz. 
BUTTARELLI
   Ya está aquí.
DON GONZALO
Gracias, patrón;
¿Tardarán mucho en llegar?
BUTTARELLI
Si vienen, no han de tardar;
cerca de las ocho son.
DON GONZALO
   ¿Esa es la hora señalada? 195
BUTTARELLI
Cierra el plazo, y es asunto
de perder quien no esté a punto
de la primer campanada.
DON GONZALO
   Quiera Dios que sea una chanza,
y no lo que se murmura. 200
BUTTARELLI
No tengo aún por muy segura
de que cumplan, la esperanza;
   pero si tanto os importa
lo que ello sea saber,
pues la hora está al caer, 205
la dilación es ya corta.
DON GONZALO
   Cúbrome, pues, y me siento.

 (Se sienta a una mesa a la derecha, y se pone el antifaz.) 

BUTTARELLI

 (Aparte.) 

Curioso el viejo me tiene
del misterio con que viene…
y no me quedo contento 210
   hasta saber quién es él.

 (Limpia y trajina, mirándole de reojo.) 

DON GONZALO

 (Aparte.) 

¡Que un hombre como yo tenga
que esperar aquí, y se avenga
con semejante papel!
   En fin, me importa el sosiego 215
de mi casa, y la ventura
de una hija sencilla y pura,
y no es para echarlo a juego.

Escena VIII

 

DON GONZALO, BUTTARELLI y DON DIEGO, a la puerta del fondo. 
DON DIEGO
   La seña está terminante,
aquí es; bien me han informado; 220
llego pues.
BUTTARELLI
¿Otro embozado?
DON DIEGO
¿Ah de esta casa?
BUTTARELLI
Adelante.
DON DIEGO
   ¿La Hostería del Laurel?
BUTTARELLI
En ella estáis, caballero.
DON DIEGO
¿Está en casa el hostelero? 225
BUTTARELLI
Estáis hablando con él.
DON DIEGO
   ¿Sois vos Buttarelli?
BUTTARELLI
Yo.
DON DIEGO
¿Es verdad que hoy tiene aquí
Tenorio una cita?
BUTTARELLI
Sí.
DON DIEGO
¿Y ha acudido a ella?
BUTTARELLI
No.
230
DON DIEGO
   ¿Pero acudirá?
BUTTARELLI
No sé.
DON DIEGO
¿Le esperáis vos?
BUTTARELLI
Por si acaso
venir le place.
DON DIEGO
En tal caso,
yo también le esperaré.

 (Se sienta al lado opuesto a DON GONZALO.) 

BUTTARELLI
   ¿Que os sirva vianda alguna 235
queréis mientras?
DON DIEGO
No; tomad.
BUTTARELLI
¿Excelencia?
DON DIEGO
Y excusad
conversación importuna.
BUTTARELLI
   Perdonad.
DON DIEGO
Vais perdonado;
dejadme, pues.
BUTTARELLI

 (Aparte.) 

¡Jesucristo!
240
En toda mi vida he visto
hombre más mal humorado.
DON DIEGO

 (Aparte.) 

   ¡Que un hombre de mi linaje
descienda a tan ruin mansión!
Pero no hay humillación 245
a que un padre no se baje
   por un hijo. Quiero ver
por mis ojos la verdad,
y el monstruo de liviandad
a quien pude dar el ser. 250
(BUTTARELLI, que anda arreglando sus trastos, contempla desde el fondo a DON GONZALO y a DON DIEGO, que permanecerán embozados y en silencio.) 
BUTTARELLI
   ¡Vaya un par de hombres de piedra!
Para éstos sobra mi abasto;
mas, ¡pardiez!, pagan el gasto
que no hacen, y así se medra.

Escena IX

 

DON GONZALO, DON DIEGO, BUTTARELLI, el Capitán CENTELLAS, AVELLANEDA y dos caballeros. 
AVELLANEDA
   Vinieron, y os aseguro 255
que se efectuará la apuesta.
CENTELLAS
Entremos, pues. ¿Buttarelli?
BUTTARELLI
Señor capitán Centellas,
¿vos por aquí?
CENTELLAS
Sí, Cristófano.
¿Cuándo aquí sin mi presencia 260
tuvieron lugar las orgias
que han hecho raya en la época?
BUTTARELLI
Como ha tanto tiempo ya
que no os he visto…
CENTELLAS
Las guerras
del Emperador a Túnez 265
me llevaron; mas mi hacienda
me vuelve a traer a Sevilla;
y, según lo que me cuentan,
llego lo más a propósito
para renovar añejas 270
amistades. Conque apróntanos
luego unas cuantas botellas,
y en tanto que humedecemos
la garganta, verdadera
relación haznos de un lance 275
sobre el cual hay controversia.
BUTTARELLI
Todo se andará; mas antes
dejadme ir a la bodega.
VARIOS
Sí, sí.

Escena X

 

Dichos, menos BUTTARELLI. 
CENTELLAS
Sentarse, señores,
y que siga Avellaneda 280
con la historia de don Luis.
AVELLANEDA
No hay ya más que decir de ella,
sino que creo imposible
que la de Tenorio sea
más endiablada, y que apuesto 285
por don Luis.
CENTELLAS
Acaso pierdas.
Don Juan Tenorio, se sabe
que es la más mala cabeza
del orbe, y no hubo hombre alguno
que aventajarle pudiera 290
con sólo su inclinación;
conque, ¿qué hará si se empeña?
AVELLANEDA
Pues yo sé bien que Mejía
las ha hecho tales, que a ciegas
se puede apostar por él. 295
CENTELLAS
Pues el capitán Centellas
pone por don Juan Tenorio
cuanto tiene.
AVELLANEDA
Pues se acepta
por don Luis, que es muy mi amigo.
CENTELLAS
Pues todo en contra se arriesga; 300
porque no hay como Tenorio
otro hombre sobre la tierra,
y es proverbial su fortuna
y extremadas sus empresas.

Escena XI

 

Dichos y BUTTARELLI, con botellas. 
BUTTARELLI
Aquí hay Falerno, Borgoña, 305
Sorrento.
CENTELLAS
De lo que quieras
sirve, Cristófano, y dinos:
¿Qué hay de cierto en una apuesta,
por don Juan Tenorio ha un año
y don Luis Mejía hecha? 310
BUTTARELLI
Señor capitán, no sé
tan a fondo la materia,
que os pueda sacar de dudas;
pero os diré lo que sepa.
VARIOS
Habla, habla.
BUTTARELLI
Yo, la verdad,
315
aunque fue en mi casa mesma
la cuestión entre ambos, como
pusieron tan larga fecha
a su plazo, creí siempre
que nunca a efecto viniera. 320
Así es que ni aun me acordaba
de tal cosa a la hora de esta.
Mas esta tarde, sería
al anochecer apenas,
entrose aquí un caballero 325
pidiéndome que le diera
recado con que escribir
una carta, y a sus letras
atento no más, me dio
tiempo a que charla metiera 330
con un paje que traía
paisano mío, de Génova.
No saqué nada del paje,
que es por Dios muy brava pesca;
mas cuando su amo acababa 335
la carta, le envió con ella
a quien iba dirigida;
el caballero en mi lengua
me habló, y me pidió noticias
de don Luis; dijo que entera 340
sabía de ambos la historia,
y tenía la certeza
de que al menos uno de ellos
acudiría a la apuesta.
Yo quise saber más de él; 345
mas púsome dos monedas
de oro en la mano, diciéndome
[así, como a la deshecha]:
«Y por si acaso los dos
al tiempo aplazado llegan, 350
ten prevenidas para ambos
tus dos mejores botellas».
Largose sin decir más,
y yo, atento a sus monedas,
les puse en el mismo sitio 355
donde apostaron, la mesa.
Y vedla allí con dos sillas,
dos copas y dos botellas.
AVELLANEDA
Pues señor, no hay que dudar;
era don Luis.
CENTELLAS
Don Juan era.
360
AVELLANEDA
¿Tú no le viste la cara?
BUTTARELLI
Si la traía cubierta
con un antifaz.
CENTELLAS
Pero, hombre,
¿tú a los dos no los recuerdas?
¿O no sabes distinguir 365
a las gentes por sus señas
lo mismo que por sus caras?
BUTTARELLI
Pues confieso mi torpeza;
no lo supe conocer,
y lo procuré de veras. 370
Pero silencio.
AVELLANEDA
¿Qué pasa?
BUTTARELLI
A dar el reloj comienza
los cuartos para las ocho.
(Dan.) 
CENTELLAS
Ved, ved la gente que se entra.
AVELLANEDA
Como que está de este lance 375
curiosa Sevilla entera.
(Se oyen dar las ocho; varias personas entran y se reparten en silencio por la escena; al dar la última campanada, DON JUAN, con antifaz, se llega a la mesa que ha preparado BUTTARELLI en el centro del escenario, y se dispone a ocupar una de las dos sillas que están delante de ella. Inmediatamente después de él, entra DON LUIS, también con antifaz, y se dirige a la otra. Todos los miran.) 

Escena XII

 

DON DIEGO, DON GONZALO, DON JUAN, DON LUIS, BUTTARELLI, CENTELLAS, AVELLANEDA, caballeros, curiosos y enmascarados. 
AVELLANEDA

 (A CENTELLAS por DON JUAN.) 

Verás aquél, si ellos vienen,
qué buen chasco que se lleva.
CENTELLAS

  (A AVELLANEDA por DON LUIS.) 

Pues allí va otro a ocupar
la otra silla; ¡uf! aquí es ella. 380
DON JUAN

  (A DON LUIS.) 

   Esa silla está comprada,
hidalgo.
DON LUIS

  (A DON JUAN.) 

Lo mismo digo,
hidalgo; para un amigo
tengo yo esotra pagada.
DON JUAN
   Que ésta es mía haré notorio. 385
DON LUIS
Y yo también que ésta es mía.
DON JUAN
Luego sois don Luis Mejía.
DON LUIS
Seréis, pues, don Juan Tenorio.
DON JUAN
   Puede ser.
DON LUIS
Vos lo decís.
DON JUAN
¿No os fiáis?
DON LUIS
No.
DON JUAN
Yo tampoco.
390
DON LUIS
Pues no hagamos más el coco.
DON JUAN
Yo soy don Juan.

 (Quitándose la máscara.) 

DON LUIS

 (Haciendo lo mismo.) 

Yo don Luis.
(Se sientan. El Capitán CENTELLAS, AVELLANEDA, BUTTARELLI y algunos otros se van a ellos y les saludan, abrazan y dan la mano, y hacen otras semejantes muestras de cariño y amistad. DON JUAN y DON LUIS las aceptan cortésmente.) 
CENTELLAS
   ¡Don Juan!
AVELLANEDA
¡Don Luis!
DON JUAN
¡Caballeros!
DON LUIS
¡Oh, amigos! ¿Qué dicha es ésta?
AVELLANEDA
Sabíamos vuestra apuesta 395
y hemos acudido a veros.
DON LUIS
   Don Juan y yo tal bondad
en mucho os agradecemos.
DON JUAN
El tiempo no malgastemos,
Don Luis.

 (A los otros.) 

Sillas arrimad.
400

 (A los que están lejos.) 

   Caballeros, yo supongo
que a ustedes también aquí
les trae la apuesta, y por mí,
a antojo tal no me opongo.
DON LUIS
   Ni yo; que aunque nada más 405
Fue el empeño entre los dos,
no ha de decirse, por Dios,
que me avergonzó jamás.
DON JUAN
   Ni a mí, que el orbe es testigo
de que hipócrita no soy, 410
pues por doquiera que voy
va el escándalo conmigo.
DON LUIS
   ¡Eh! ¿Y esos dos no se llegan
a escuchar? Vos.

  (Por DON DIEGO y DON GONZALO.) 

DON DIEGO
Yo estoy bien.
DON LUIS
¿Y vos?
DON GONZALO
De aquí oigo también.
415
DON LUIS
Razón tendrán si se niegan.
(Se sientan todos alrededor de la mesa en que están DON LUIS Mejía y DON JUAN Tenorio.) 
DON JUAN
   ¿Estamos listos?
DON LUIS
Estamos.
DON JUAN
Como quien somos cumplimos.
DON LUIS
Veamos, pues, lo que hicimos.
DON JUAN
Bebamos antes.
DON LUIS
Bebamos.
420
(Lo hacen.) 
DON JUAN
   La apuesta fue…
DON LUIS
Porque un día
dije que en España entera
no habría nadie que hiciera
lo que hiciera Luis Mejía.
DON JUAN
   Y siendo contradictorio 425
al vuestro mi parecer,
yo os dije: «Nadie ha de hacer
lo que hará don Juan Tenorio».
   ¿No es así?
DON LUIS
Sin duda alguna;
y vinimos a apostar 430
quién de ambos sabría obrar
peor, con mejor fortuna,
   en el término de un año;
juntándonos aquí hoy
a probarlo.
DON JUAN
Y aquí estoy.
435
DON LUIS
Y yo.
CENTELLAS
¡Empeño bien extraño,
   por vida mía!
DON JUAN
Hablad, pues.
DON LUIS
No, vos debéis empezar.
DON JUAN
Como gustéis, igual es,
que nunca me hago esperar. 440
   Pues señor, yo desde aquí,
buscando mayor espacio
para mis hazañas, dí
sobre Italia, porque allí
tiene el placer un palacio. 445
   De la guerra y del amor
antigua y clásica tierra,
y en ella el Emperador,
con ella y con Francia en guerra,
díjeme: «¿Dónde mejor? 450
   Donde hay soldados, hay juego,
hay pendencias y amoríos».
Dí, pues, sobre Italia luego,
buscando a sangre y a fuego
amores y desafíos. 455
   En Roma, a mi apuesta fiel,
fijé entre hostil y amatorio
en mi puerta este cartel:
«Aquí está don Juan Tenorio
para quien quiera algo de él». 460
   De aquellos días la historia
a relataros renuncio;
remítome a la memoria
que dejé allí, y de mi gloria
podéis juzgar por mi anuncio. 465
   Las romanas caprichosas,
las costumbres licenciosas,
yo gallardo y calavera,
quién a cuento redujera
mis empresas amorosas. 470
   Salí de Roma por fin
como os podéis figurar,
con un disfraz harto ruin,
y a lomos de un mal rocín,
pues me querían ahorcar. 475
   Fui al ejército de España;
mas todos paisanos míos,
soldados y en tierra extraña,
dejé pronto su compaña
tras cinco o seis desafíos. 480
   Nápoles, rico vergel
de amor, de placer emporio,
vio en mi segundo cartel:
«Aquí está don Juan Tenorio,
y no hay hombre para él. 485
   Desde la princesa altiva
a la que pesca en ruin barca,
no hay hembra a quien no suscriba,
y cualquiera empresa abarca
si en oro o valor estriba. 490
   Búsquenle los reñidores;
cérquenle los jugadores;
quien se precie, que le ataje;
a ver si hay quien le aventaje
en juego, en lid o en amores». 495
   Esto escribí; y en medio año
que mi presencia gozó
Nápoles, no hay lance extraño,
no hubo escándalo ni engaño
en que no me hallara yo. 500
   Por dondequiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí. 505
   Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé,
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí. 510
   Ni reconocí sagrado,
ni hubo razón ni lugar
por mi audacia respetado;
ni en distinguir me he parado
al clérigo del seglar. 515
   A quien quise provoqué,
con quien quiso me batí,
y nunca consideré
que pudo matarme a mí
aquel a quien yo maté. 520
   A esto don Juan se arrojó,
y escrito en este papel
está cuanto consiguió,
y lo que él aquí escribió,
mantenido está por él. 525
DON LUIS
   Leed, pues.
DON JUAN
No; oigamos antes
vuestros bizarros extremos,
y si traéis terminantes
vuestras notas comprobantes,
lo escrito cotejaremos. 530
DON LUIS
   Decís bien; cosa es que está,
Don Juan, muy puesta en razón;
aunque, a mi ver, poco irá
de una a otra relación.
DON JUAN
Empezad, pues.
DON LUIS
Allá va.
535
   Buscando yo, como vos,
a mi aliento empresas grandes,
dije: «¿Dó iré, ¡vive Dios!
de amor y lides en pos
que vaya mejor que a Flandes? 540
   Allí, puesto que empeñadas
guerras hay, a mis deseos
habrá al par centuplicadas
ocasiones extremadas
de riñas y galanteos». 545
   Y en Flandes conmigo dí,
mas con tan negra fortuna,
que al mes de encontrarme allí
todo mi caudal perdí,
dobla a dobla, una por una. 550
   En tan total carestía
mirándome de dineros,
de mí todo el mundo huía,
mas yo busqué compañía
y me uní a unos bandoleros. 555
   Lo hicimos bien, ¡voto a tal!,
y fuimos tan adelante,
con suerte tan colosal,
que entramos a saco en Gante
el palacio episcopal. 560
   ¡Qué noche! Por el decoro
de la Pascua, el buen obispo
bajó a presidir el coro,
y aún de alegría me crispo
al recordar su tesoro. 565
   Todo cayó en poder nuestro;
mas mi capitán, avaro,
puso mi parte en secuestro;
reñimos, yo fui más diestro,
y le crucé sin reparo. 570
   Jurome al punto la gente
capitán, por más valiente;
jureles yo amistad franca;
pero a la noche siguiente
huí y les dejé sin blanca. 575
   Yo me acordé del refrán
de que quien roba al ladrón
ha cien años de perdón,
y me arrojé a tal desmán
mirando a mi salvación. 580
   Pasé a Alemania opulento,
mas un Provincial jerónimo,
hombre de mucho talento,
me conoció, y al momento
me delató en un anónimo. 585
   Compré a fuerza de dinero
la libertad y el papel;
y topando en un sendero
al fraile, le envié certero
una bala envuelta en él. 590
   Salté a Francia, ¡buen país!,
y como en Nápoles vos,
puse un cartel en París
diciendo: «Aquí hay un don Luis
que vale lo menos dos. 595
   Parará aquí algunos meses,
y no trae más intereses
ni se aviene a más empresas,
que a adorar a las francesas
y a reñir con los franceses». 600
   Esto escribí; y en medio año
que mi presencia gozó
París, no hubo lance extraño,
ni hubo escándalo ni daño
donde no me hallara yo. 605
   Mas como don Juan, mi historia
también a alargar renuncio;
que basta para mi gloria
la magnífica memoria
que allí dejé con mi anuncio. 610
   Y cual vos, por donde fui
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé,
y a las mujeres vendí. 615
   Mi hacienda llevo perdida
tres veces; mas se me antoja
reponerla, y me convida
mi boda comprometida
con doña Ana de Pantoja. 620
   Mujer muy rica me dan,
y mañana hay que cumplir
los tratos que hechos están;
lo que os advierto, don Juan,
por si queréis asistir. 625
   A esto don Luis se arrojó,
y escrito en este papel
está lo que consiguió;
y lo que él aquí escribió
mantenido está por él. 630
DON JUAN
   La historia es tan semejante
que está en el fiel la balanza;
mas vamos a lo importante,
que es el guarismo a que alcanza
el papel; conque adelante. 635
DON LUIS
   Razón tenéis en verdad.
Aquí está el mío; mirad,
por una línea apartados
traigo los nombres sentados
para mayor claridad. 640
DON JUAN
   Del mismo modo arregladas
mis cuentas traigo en el mío;
en dos líneas separadas
los muertos en desafío
y las mujeres burladas. 645
   Contad.
DON LUIS
Contad.
DON JUAN
Veintitrés.
DON LUIS
Son los muertos. A ver vos.
¡Por la cruz de San Andrés!
Aquí sumo treinta y dos.
DON JUAN
Son los muertos.
DON LUIS
Matar es.
650
DON JUAN
   Nueve os llevo.
DON LUIS
Me vencéis.
Pasemos a las conquistas.
DON JUAN
Sumo aquí cincuenta y seis.
DON LUIS
Y yo sumo en vuestras listas
setenta y dos.
DON JUAN
Pues perdéis.
655
DON LUIS
   ¡Es increíble, don Juan!
DON JUAN
Si lo dudáis, apuntados
los testigos ahí están,
que si fueren preguntados
os lo testificarán. 660
DON LUIS
   ¡Oh! Y vuestra lista es cabal.
DON JUAN
Desde una princesa real
a la hija de un pescador,
¡oh! ha recorrido mi amor
toda la escala social. 665
   ¿Tenéis algo que tachar?
DON LUIS
Sólo una os falta en justicia.
DON JUAN
¿Me la podéis señalar?
DON LUIS
Sí, por cierto; una novicia
que esté para profesar. 670
DON JUAN
   ¡Bah! pues yo os complaceré
doblemente, porque os digo
que a la novicia uniré
la dama de algún amigo
que para casarse esté. 675
DON LUIS
   ¡Pardiez, que sois atrevido!
DON JUAN
Yo os lo apuesto si queréis.
DON LUIS
Digo que acepto el partido.
¿Para darlo por perdido,
queréis veinte días?
DON JUAN
Seis.
680
DON LUIS
   ¡Por Dios, que sois hombre extraño!
¿Cuántos días empleáis
en cada mujer que amáis?
DON JUAN
Partid los días del año
entre las que ahí encontráis. 685
   Uno para enamorarlas,
otro para conseguirlas,
otro para abandonarlas,
dos para sustituirlas,
y una hora para olvidarlas. 690
   Pero la verdad a hablaros,
pedir más no se me antoja,
porque, pues vais a casaros,
mañana pienso quitaros
a doña Ana de Pantoja. 695
DON LUIS
   Don Juan, ¿qué es lo que decís?
DON JUAN
Don Luis, lo que oído habéis.
DON LUIS
Ved, don Juan, lo que emprendéis.
DON JUAN
Lo que he de lograr, don Luis.
DON LUIS
   ¡Gastón!
GASTÓN
Señor.
DON LUIS
Ven acá.
700
(Habla DON LUIS en secreto con GASTÓN, y éste se va precipitadamente.) 
DON JUAN
¡Ciutti!
CIUTTI
Señor.
DON JUAN
Ven aquí.
(DON JUAN habla también con CIUTTI, que hace lo mismo.) 
DON LUIS
¿Estáis en lo dicho?
DON JUAN
Sí.
DON LUIS
Pues va la vida.
DON JUAN
Pues va.
(DON GONZALO, levantándose de la mesa en que ha permanecido inmóvil durante la escena anterior, se afronta con DON JUAN y DON LUIS.) 
DON GONZALO
   ¡Insensatos! Vive Dios,
que a no temblarme las manos, 705
a palos, como a villanos,
os diera muerte a los dos.
DON JUAN y
DON LUIS
   Veamos.
DON GONZALO
Excusado es,
que he vivido lo bastante
para no estar arrogante 710
donde no puedo.
DON JUAN
Idos, pues.
DON GONZALO
   Antes, don Juan, de salir
de donde oírme podáis,
es necesario que oigáis
lo que os tengo que decir. 715
   Vuestro buen padre don Diego,
porque pleitos acomoda,
os apalabró una boda
que iba a celebrarse luego;
   pero por mí mismo yo, 720
lo que erais queriendo ver,
vine aquí al anochecer,
y el veros me avergonzó.
DON JUAN
   ¡Por Satanás, viejo insano,
que no sé cómo he tenido 725
calma para haberte oído
sin asentarte la mano!
   ¡Pero di pronto quién eres,
porque me siento capaz
de arrancarte el antifaz 730
con el alma que tuvieres!
DON GONZALO
   ¡Don Juan!
DON JUAN
¡Pronto!
DON GONZALO
Mira, pues.
DON JUAN
¡Don Gonzalo!
DON GONZALO
El mismo soy.
Y adiós, don Juan; más desde hoy
no penséis en doña Inés. 735
   Porque antes que consentir
en que se case con vos,
el sepulcro, ¡juro a Dios!,
por mi mano la he de abrir.
DON JUAN
   Me hacéis reír, don Gonzalo; 740
pues venirme a provocar,
es como ir a amenazar
a un león con un mal palo.
   Y pues hay tiempo, advertir
os quiero a mi vez a vos 745
que, o me la dais, o por Dios
que a quitárosla he de ir.
DON GONZALO
   ¡Miserable!
DON JUAN
Dicho está;
sólo una mujer como ésta
me falta para mi apuesta; 750
ved, pues, que apostada va.
(DON DIEGO, levantándose de la mesa en que ha permanecido encubierto mientras la escena anterior, baja al centro de la escena, encarándose con DON JUAN.) 
DON DIEGO
   No puedo más escucharte,
vil don Juan, porque recelo
que hay algún rayo en el cielo
preparado a aniquilarte. 755
   ¡Ah…! No pudiendo creer
lo que de ti me decían,
confiando en que mentían,
te vine esta noche a ver.
   Pero te juro, malvado, 760
que me pesa haber venido
para salir convencido
de lo que es para ignorado.
   Sigue, pues, con ciego afán
en tu torpe frenesí, 765
mas nunca vuelvas a mí;
no te conozco, don Juan.
DON JUAN
   ¿Quién nunca a ti se volvió,
ni quién osa hablarme así,
ni qué se me importa a mí 770
que me conozcas o no?
DON DIEGO
   Adiós, pues; mas no te olvides
de que hay un Dios justiciero.
DON JUAN
Ten.

 (Deteniéndole.) 

DON DIEGO
¿Qué quieres?
DON JUAN
Verte quiero.
DON DIEGO
Nunca; en vano me lo pides. 775
DON JUAN
   ¿Nunca?
DON DIEGO
No.
DON JUAN
Cuando me cuadre.
DON DIEGO
¿Cómo?
DON JUAN
Así.

 (Le arranca el antifaz.) 

TODOS
¡Don Juan!
DON DIEGO
¡Villano!
¡Me has puesto en la faz la mano!
DON JUAN
¡Válgame Cristo, mi padre!
DON DIEGO
   Mientes; no lo fui jamás. 780
DON JUAN
DON DIEGO
No; los hijos como tú
son hijos de Satanás.
   Comendador, nulo sea
lo hablado.
DON GONZALO
Ya lo es por mí;
785
vamos.
DON DIEGO
Sí; vamos de aquí,
donde tal monstruo no vea.
   Don Juan, en brazos del vicio
desolado te abandono;
me matas… mas te perdono 790
de Dios en el santo juicio.
(Vanse poco a poco DON DIEGO y DON GONZALO.) 
DON JUAN
   Largo el plazo me ponéis;
mas ved que os quiero advertir
que yo no os he ido a pedir
jamás que me perdonéis. 795
   Conque no paséis afán
de aquí adelante por mí,
que como vivió hasta aquí,
vivirá siempre don Juan.

Escena XIII

 

DON JUAN, DON LUIS, CENTELLAS, AVELLANEDA, BUTTARELLI, curiosos y máscaras. 
DON JUAN
   ¡Eh! Ya salimos del paso; 800
y no hay que extrañar la homilía;
son pláticas de familia
de las que nunca hice caso.
   Conque lo dicho, don Luis,
van doña Ana y doña Inés 805
en puesta.
DON LUIS
Y el precio es
la vida.
DON JUAN
Vos lo decís;
vamos.
DON LUIS
Vamos.
(Al salir, se presenta una ronda que les detiene.) 

Escena XIV

 

Dichos y una ronda de Alguaciles. 
ALGUACIL
¡Alto allá!
¿Don Juan Tenorio?
DON JUAN
Yo soy.
ALGUACIL
Sed preso.
DON JUAN
¡Soñando estoy!
810
¿Por qué?
ALGUACIL
Después lo verá.
DON LUIS

  (Acercándose a DON JUAN y riéndose.) 

   Tenorio, no lo extrañéis,
pues mirando a lo apostado,
mi paje os ha delatado
para que vos no ganéis. 815
DON JUAN
   ¡Hola! Pues no os suponía
con tal despejo, ¡pardiez!
DON LUIS
Id, pues; que por esta vez,
don Juan, la partida es mía.
DON JUAN
   Vamos, pues.
(Al salir, les detiene otra ronda que entra en la escena.) 

Escena XV

 

Dichos y una ronda. 
ALGUACIL

 (Que entra.) 

Ténganse allá.
820
¿Don Luis Mejía?
DON LUIS
Yo soy.
ALGUACIL
Sed preso.
DON LUIS
¡Soñando estoy!
¡Yo preso!
DON JUAN

 (Soltando la carcajada.) 

¡Ja, ja, ja, ja!
   Mejía, no lo extrañéis,
pues mirando a lo apostado, 825
mi paje es ha delatado
para que no me estorbéis.
DON LUIS
   Satisfecho quedaré
aunque ambos muramos.
DON JUAN
Vamos:
conque, señores, quedamos 830
en que la apuesta está en pie.
(Las rondas se llevan a DON JUAN y a DON LUIS; muchos los siguen. El Capitán CENTELLAS, AVELLANEDA y sus amigos quedan en la escena mirándose unos a otros.) 

Escena XVI

 

El Capitán CENTELLAS, AVELLANEDA y curiosos. 
AVELLANEDA
   ¡Parece un juego ilusorio!
CENTELLLAS
¡Sin verlo no lo creería!
AVELLANEDA
Pues yo apuesto por Mejía.
CENTELLAS
Y yo pongo por Tenorio. 835
 

Fin de la Parte I. Acto I.


Parte I

Acto II

 

Destreza

 

DON JUAN Tenorio, DON LUIS Mejía, DOÑA ANA de Pantoja, CIUTTI, PASCUAL, LUCÍA y BRÍGIDA.
 

 

Tres embozados del servicio de DON JUAN.
Exterior de la casa de DOÑA ANA, vista por una esquina. Las dos paredes que forman el ángulo se prolongan igualmente por ambos lados, dejando ver en la de la derecha una reja, y en la de la izquierda una reja y una puerta.
 

Escena I

 

DON LUIS Mejía, embozado. 
DON LUIS
   Ya estoy frente de la casa
de doña Ana, y es preciso
que esta noche tenga aviso
de lo que en Sevilla pasa.
   No dí con persona alguna 5
por dicha mía… ¡Oh, qué afán!
Por ahora, señor don Juan,
cada cual con su fortuna.
   Si honor y vida se juega,
mi destreza y mi valor 10
por mi vida y por mi honor
jugarán… mas alguien llega.

Escena II

 

DON LUIS, PASCUAL. 
PASCUAL
   ¡Quién creyera lance tal!
¡Jesús, qué escándalo! ¡Presos!
DON LUIS
¡Qué veo! ¿Es Pascual?
PASCUAL
Los sesos
15
me estrellaría.
DON LUIS
¿Pascual?
PASCUAL
   ¿Quién me llama tan apriesa?
DON LUIS
Yo. Don Luis.
PASCUAL
¡Válame Dios!
DON LUIS
¿Qué te asombra?
PASCUAL
Que seáis vos.
DON LUIS
Mi suerte, Pascual, es esa. 20
   Que a no ser yo quien me soy
y a no dar contigo ahora,
el honor de mi señora
doña Ana moría hoy.
PASCUAL
   ¿Qué es lo que decís?
DON LUIS
¿Conoces
25
a don Juan Tenorio?
PASCUAL
Sí.
¿Quién no le conoce aquí?
Mas, según públicas voces,
   estabais presos los dos.
¡Vamos, lo que el vulgo miente! 30
DON LUIS
Ahora acertadamente
habló el vulgo; y juro a Dios
   que a no ser porque mi primo,
el tesorero real,
quiso fiarme, Pascual, 35
pierdo cuanto más estimo.
PASCUAL
   ¿Pues cómo?
DON LUIS
¿En servirme estás?
PASCUAL
Hasta morir.
DON LUIS
Pues escucha.
Don Juan y yo en una lucha
arriesgada por demás 40
   empeñados nos hallamos;
pero a querer tú ayudarme,
más que la vida salvarme
puedes.
PASCUAL
¿Qué hay que hacer? Sepamos.
DON LUIS
   En una insigne locura 45
dimos tiempo ha; en apostar
cuál de ambos sabría obrar
peor, con mejor ventura.
   Ambos nos hemos portado
bizarramente a cual más; 50
pero él es un Satanás,
y por fin me ha aventajado.
   Púsele no sé qué pero,
Dijímonos no sé qué
sobre ello, y el hecho fue 55
que él, mofándose altanero,
   me dijo: «Y si esto no os llena,
pues que os casáis con doña Ana,
os apuesto a que mañana
os la quito yo».
PASCUAL
¡Esa es buena!
60
   ¿Tal se ha atrevido a decir?
DON LUIS
No es lo malo que lo diga,
Pascual, sino que consiga
lo que intenta.
PASCUAL
¿Conseguir?
   En tanto que yo esté aquí, 65
descuidad, don Luis.
DON LUIS
Te juro
que si el lance no aseguro,
no sé qué va a ser de mí.
PASCUAL
   Por la Virgen del Pilar,
¿le teméis?
DON LUIS
No; ¡Dios testigo!
70
Mas lleva ese hombre consigo
algún diablo familiar.
PASCUAL
   Dadlo por asegurado.
DON LUIS
¡Oh! Tal es el afán mío
que ni en mí propio me fío 75
con un hombre tan osado.
PASCUAL
   Yo os juro, por San Ginés,
que con toda su osadía,
le ha de hacer, por vida mía,
mal tercio un aragonés; 80
   nos veremos.
DON LUIS
¡Ay, Pascual,
que en qué te metes no sabes!
PASCUAL
En apreturas más graves
me he visto, y no salí mal.
DON LUIS
   Estriba en lo perentorio 85
del plazo, y en ser quien es.
PASCUAL
Más que un buen aragonés,
no ha de valer un Tenorio.
   Todos esos lenguaraces,
espadachines de oficio, 90
no son más que frontispicio
y de poca alma capaces.
   Para infamar a mujeres
tienen lengua, y tienen manos
para osar a los ancianos 95
o apalear a mercaderes.
   Mas cuando una buena espada
por un buen brazo esgrimida
con la muerte les convida,
todo su valor es nada. 100
   Y sus empresas y bullas
se reducen todas ellas
a hablar mal de las doncellas
y a huir ante las patrullas.
DON LUIS
   ¡Pascual!
PASCUAL
No lo hablo por vos,
105
que aunque sois un calavera,
tenéis la alma bien entera
y reñís bien, ¡voto a bríos!
DON LUIS
   Pues si es en mí tan notorio
el valor, mira, Pascual, 110
que el valor es proverbial
en la raza de Tenorio.
   Y porque conozco bien
de su valor el extremo,
de sus ardides me temo 115
que en tierra con mi honra den.
PASCUAL
   Pues suelto estáis ya, don Luis,
y pues que tanto os acucia
el mal de celos, su astucia
con la astucia prevenís. 120
   ¿Qué teméis de él?
DON LUIS
No lo sé;
mas esta noche sospecho
que ha de procurar el hecho
consumar.
PASCUAL
Soñáis.
DON LUIS
¿Por qué?
PASCUAL
   ¿No está preso?
DON LUIS
Sí que está;
125
mas también lo estaba yo,
y un hidalgo me fió
PASCUAL
Mas, ¿quién a él le fiará?
DON LUIS
   En fin, sólo un medio encuentro
de satisfacerme.
PASCUAL
¿Cuál?
130
DON LUIS
Que de esta casa, Pascual,
quede yo esta noche dentro.
PASCUAL
   Mirad que así de doña Ana
tenéis el honor vendido.
DON LUIS
¡Qué mil rayos! ¿Su marido 135
no voy a ser yo mañana?
PASCUAL
   Mas, señor, ¿no os digo yo
que os fío con la existencia?
DON LUIS
Sí; salir de una pendencia,
mas de un ardid diestro, no. 140
   Y en fin, o paso en la casa
la noche, o tomo la calle
aunque la justicia me halle.
PASCUAL
Señor don Luis, eso pasa
   de terquedad, y es capricho 145
que dejar os aconsejo,
y os irá bien.
DON LUIS
No lo dejo,
Pascual.
PASCUAL
¡Don Luis!
DON LUIS
Está dicho.
PASCUAL
   ¡Vive Dios! ¿Hay tal afán?
DON LUIS
Tú dirás lo que quisieres, 150
mas yo fío en las mujeres
mucho menos que en don Juan.
   Y pues lance es extremado
por dos locos emprendido,
bien será un loco atrevido 155
para un loco desalmado.
PASCUAL
   Mirad bien lo que decís,
porque yo sirvo a doña Ana
desde que nació, y mañana
seréis su esposo, don Luis. 160
DON LUIS
   Pascual, esa hora llegada
y ese derecho adquirido,
yo sabré ser su marido
y la haré ser bien casada.
   Mas en tanto…
PASCUAL
No habléis más.
165
Yo os conozco desde niños,
y sé lo que son cariños,
¡por vida de Barrabás!
   Oíd: mi cuarto es sobrado
para los dos; dentro de él 170
quedad; mas palabra fiel
dadme de estaros callado.
DON LUIS
   Te la doy.
PASCUAL
Y hasta mañana,
juntos con doble cautela
nos quedaremos en vela. 175
DON LUIS
Y se salvará doña Ana.
PASCUAL
   Sea.
DON LUIS
Pues vamos.
PASCUAL
Teneos.
¿Qué vais a hacer?
DON LUIS
A entrar.
PASCUAL
¿Ya?
DON LUIS
¿Quién sabe lo que él hará?
PASCUAL
Vuestros celosos deseos 180
   reprimid, que ser no puede
mientras que no se recoja
mi amo don Gil de Pantoja
y todo en silencio quede.
DON LUIS
   ¡Voto a…!
PASCUAL
¡Eh! Dad una vez
185
breves treguas al amor.
DON LUIS
¿Y a qué hora ese buen señor
suele acostarse?
PASCUAL
A las diez;
   y en esa calleja estrecha
hay una reja; llamad 190
a las diez, y descuidad
mientras en mí.
DON LUIS
Es cosa hecha.
PASCUAL
   Don Luis, hasta luego, pues.
DON LUIS
Adiós, Pascual, hasta luego.

Escena III

 

DON LUIS, solo. 
DON LUIS
Jamás tal desasosiego 195
tuve. Paréceme que es
   esta noche hora menguada
para mí… y no sé qué vago
presentimiento, qué estrago
teme mi alma acongojada. 200
   Por Dios que nunca pensé
que a doña Ana amara así,
ni por ninguna sentí
lo que por ella… ¡Oh! Y a fe
   que de don Juan me amedrenta, 205
no el valor, mas la ventura.
Parece que le asegura
Satanás en cuanto intenta.
   No, no; es un hombre infernal,
y téngome para mí 210
que si me aparto de aquí
me burla, pese a Pascual.
   Y, aunque me tenga por necio,
quiero entrar; que con don Juan
las precauciones no están 215
para vistas con desprecio.

 (Llama a la ventana.) 

Escena IV

 

DON LUIS y DOÑA ANA. 
DOÑA ANA
   ¿Quién va?
DON LUIS
¿No es Pascual?
DOÑA ANA
¡Don Luis!
DON LUIS
¡Doña Ana!
DOÑA ANA
¿Por la ventana
llamas ahora?
DON LUIS
¡Ay, doña Ana,
cuán a buen tiempo salís! 220
DOÑA ANA
   ¿Pues qué hay, Mejía?
DON LUIS
Un empeño
por tu beldad con un hombre
que temo.
DOÑA ANA
¿Y qué hay que te asombre
en él, cuando eres tú el dueño
   de mi corazón?
DON LUIS
Doña Ana,
225
no lo puedes comprender
de ese hombre sin conocer
nombre y suerte.
DOÑA ANA
Será vana
   su buena suerte conmigo;
ya ves, sólo horas nos faltan 230
para la boda, y te asaltan
vanos temores.
DON LUIS
Testigo
   me es Dios que nada por mí
me da pavor mientras tenga
espada, y ese hombre venga 235
cara a cara contra ti.
   Mas como el león audaz,
y cauteloso y prudente
como la astuta serpiente…
DOÑA ANA
¡Bah! Duerme, don Luis, en paz, 240
   que su audacia y su prudencia
nada lograrán de mí,
que tengo cifrada en ti
la gloria de mi existencia.
DON LUIS
   Pues bien, Ana, de ese amor 245
que me aseguras en nombre,
para no temer a ese hombre,
voy a pedirte un favor.
DOÑA ANA
   Di; mas bajo, por si escucha
tal vez alguno.
DON LUIS
Oye, pues.
250

Escena V

 

DOÑA ANA y DON LUIS, a la reja derecha; DON JUAN y CIUTTI, en la calle izquierda. 
CIUTTI
Señor, por mi vida que es
vuestra suerte buena y mucha.
DON JUAN
   Ciutti, nadie como yo;
ya viste cuán fácilmente
el buen Alcaide prudente 255
se avino, y suelta me dio.
   Mas no hay ya en ello que hablar;
¿mis encargos has cumplido?
CIUTTI
Todos los he concluido
mejor que pude esperar. 260
DON JUAN
   ¿La beata…?
CIUTTI
Esta es la llave
de la puerta del jardín,
que habrá que escalar al fin;
pues como usarced ya sabe,
   las tapias de este convento 265
no tienen entrada alguna.
DON JUAN
¿Y te dio carta?
CIUTTI
Ninguna;
me dijo que aquí al momento
   iba a salir de camino;
que al convento se volvía, 270
y que con vos hablaría.
DON JUAN
Mejor es.
CIUTTI
Lo mismo opino.
DON JUAN
   ¿Y los caballos?
CIUTTI
Con silla
y freno los tengo ya.
DON JUAN
¿Y la gente?
CIUTTI
Cerca está.
275
DON JUAN
Bien, Ciutti; mientras Sevilla
   tranquila en sueño reposa
creyéndome encarcelado,
otros dos nombres añado
a mi lista numerosa. 280
   ¡Ja, ja!
CIUTTI
Señor.
DON JUAN
¿Qué?
CIUTTI
Callad.
DON JUAN
¿Qué hay, Ciutti?
CIUTTI
Al doblar la esquina
en esa reja vecina
he visto un hombre.
DON JUAN
Es verdad;
pues ahora sí que es mejor 285
el lance; ¿y si es ése…?
CIUTTI
¿Quién?
DON JUAN
   Don Luis.
CIUTTI
Imposible.
DON JUAN
¡Toma!
¿No estoy yo aquí?
CIUTTI
Diferencia
va de él a vos.
DON JUAN
Evidencia
lo creo, Ciutti; allí asoma 290
   tras de la reja una dama.
CIUTTI
Una criada tal vez.
DON JUAN
Preciso es verlo, pardiez,
no perdamos lance y fama.
   Mira, Ciutti; a fuer de ronda, 295
tú con varios de los míos,
por esa calle escurríos
dando vuelta a la redonda
   a la casa.
CIUTTI
Y en tal caso
cerrará ella.
DON JUAN
Pues con eso,
300
ella ignorante y él preso,
nos dejará franco el paso.
CIUTTI
   Decís bien.
DON JUAN
Corre, y atájale,
que en ello el vencer consiste.
CIUTTI
¿Mas si el truhán se resiste? 305
DON JUAN
Entonces de un tajo rájale.

Escena VI

 

DON JUAN, DOÑA ANA y DON LUIS. 
DON LUIS
   ¿Me das, pues, tu asentimiento?
DOÑA ANA
Consiento.
DON LUIS
¿Complácesme de ese modo?
DOÑA ANA
En todo. 310
DON LUIS
Pues te velaré hasta el día.
DOÑA ANA
Sí, Mejía.
DON LUIS
Páguete el cielo, Ana mía,
satisfacción tan entera.
DOÑA ANA
Porque me juzgues sincera, 315
consiento en todo, Mejía.
DON LUIS
   Volveré, pues, otra vez.
DOÑA ANA
Sí, a las diez.
DON LUIS
¿Me aguardarás, Ana?
DOÑA ANA
Sí.
DON LUIS
Aquí.
DOÑA ANA
Y tú estarás puntual, ¿eh?
DON LUIS
Estaré.
DOÑA ANA
La llave, pues, te daré.
DON LUIS
Y dentro yo de tu casa,
venga Tenorio.
DOÑA ANA
Alguien pasa.
325
A las diez.
DON LUIS
Aquí estaré.

Escena VII

 

DON JUAN y DON LUIS. 
DON LUIS
   Mas se acercan. ¿Quién va allá?
DON JUAN
Quien va.
DON LUIS
De quien va así, ¿qué se infiere?
DON JUAN
Que quiere… 330
DON LUIS
¿Ver si la lengua le arranco?
DON JUAN
El paso franco.
DON LUIS
Guardado está.
DON JUAN
¿Y yo soy manco?
DON LUIS
Pidiéraislo en cortesía.
DON JUAN
¿Y a quién?
DON LUIS
A don Luis Mejía.
335
DON JUAN
Quien va, quiere el paso franco.
DON LUIS
   ¿Conocéisme?
DON JUAN
Sí.
DON LUIS
¿Y yo a vos?
DON JUAN
Los dos.
DON LUIS
¿Y en qué estriba el estorballe?
DON JUAN
En la calle. 340
DON LUIS
¿De ella los dos por ser amos?
DON JUAN
Estamos.
DON LUIS
Dos hay no más que podamos
necesitarla a la vez.
DON JUAN
Lo sé.
DON LUIS
¡Sois don Juan!
DON JUAN
¡Pardiez!
345
Los dos ya en la calle estamos.
DON LUIS
   ¿No os prendieron?
DON JUAN
Como a vos.
DON LUIS
¡Vive Dios!
¿Y huisteis?
DON JUAN
Os imité.
¿Y qué? 350
DON LUIS
Que perderéis.
DON JUAN
No sabemos.
DON LUIS
Lo veremos.
DON JUAN
La dama entrambos tenemos
sitiada; y estáis cogido.
DON LUIS
Tiempo hay.
DON JUAN
Para vos perdido.
355
DON LUIS
¡Vive Dios que lo veremos!
(DON LUIS desenvaina su espada; mas CIUTTI, que ha bajado con los suyos cautelosamente hasta colocarse detrás de él, lo sujeta.) 
DON JUAN
Señor don Luis, vedlo, pues.
DON LUIS
Traición es.
DON JUAN
La boca…

 (A los suyos que le tapan a DON LUIS.) 

DON LUIS
¡Oh!
DON JUAN
Sujeto atrás,
más. 360

 (Le sujetan los brazos.) 

La empresa es, señor Mejía,
como mía.

 (A los suyos.) 

Encerrádmele hasta el día.

  (A DON LUIS.) 

La apuesta está ya en mi mano.
Adiós, don Luis; si os la gano, 365
traición es, mas como mía.

Escena VIII

 

DON JUAN, solo. 
DON JUAN
   Buen lance, ¡viven los cielos!
¡Estos son los que dan fama!
Mientras le soplo la dama,
él se arrancará los pelos 370
   encerrado en mi bodega.
¿Y ella…? Cuando crea hallarse
con él… ¡ja! ¡ja!… ¡Oh! y quejarse
no puede; limpio se juega.
   A la cárcel le llevé, 375
y salió; llevome a mí,
y salí; hallarnos aquí
era fuerza… ya se ve,
   su parte en la grave apuesta
defendía cada cual. 380
Mas con la suerte está mal
Mejía, y también pierde ésta.
   Sin embargo, y por si acaso,
no es demás asegurarse
de Lucía, a desgraciarse 385
no vaya por poco el paso.
   Mas por allí un bulto negro
se aproxima… y, a mi ver,
es el bulto una mujer.
¿Otra aventura? Me alegro. 390

Escena IX

 

DON JUAN y BRÍGIDA. 
BRÍGIDA
   ¿Caballero?
DON JUAN
¿Quién va allá?
BRÍGIDA
¿Sois don Juan?
DON JUAN
¡Por vida de…!
¡Si es la beata! Y a fe
que la había olvidado ya.
   Llegaos; don Juan soy yo. 395
BRÍGIDA
¿Estáis solo?
DON JUAN
Con el diablo.
BRÍGIDA
¡Jesucristo!
DON JUAN
Por vos lo hablo.
BRÍGIDA
¿Soy yo el diablo?
DON JUAN
Creoló.
BRÍGIDA
   ¡Vaya! ¡Qué cosas tenéis!
Vos sí que sois un diablillo… 400
DON JUAN
Que te llenará el bolsillo
si le sirves.
BRÍGIDA
Lo veréis.
DON JUAN
   Descarga, pues, ese pecho.
¿Qué hiciste?
BRÍGIDA
Cuanto me ha dicho
vuestro paje… ¡Y qué mal bicho 405
es ese Ciutti!
DON JUAN
¿Qué ha hecho?
BRÍGIDA
   ¡Gran bribón!
DON JUAN
¿No os ha entregado
un bolsillo y un papel?
BRÍGIDA
Leyendo estará ahora en él
doña Inés.
DON JUAN
¿La has preparado?
410
BRÍGIDA
   ¡Vaya! Y os la he convencido
con tal maña y de manera,
que irá como una cordera
tras vos.
DON JUAN
¿Tan fácil te ha sido?
BRÍGIDA
   ¡Bah! Pobre garza enjaulada, 415
dentro la jaula nacida,
¿qué sabe ella si hay más vida
ni más aire en que volar?
Si no vio nunca sus plumas
del sol a los resplandores, 420
¿qué sabe de los colores
de que se puede ufanar?
   No cuenta la pobrecilla
diez y siete primaveras,
y aún virgen a las primeras 425
impresiones del amor,
nunca concibió la dicha
fuera de su pobre estancia,
tratada desde la infancia
con cauteloso rigor. 430
   Y tantos años monótonos
de soledad y convento
tenían su pensamiento
ceñido a punto tan ruin,
a tan reducido espacio 435
y a círculo tan mezquino,
que era el claustro su destino
y el altar era su fin.
   «Aquí está Dios», la dijeron;
y ella dijo: «Aquí le adoro». 440
«Aquí está el claustro y el coro».
Y pensó: «No hay más allá».
Y sin otras ilusiones
que sus sueños infantiles,
pasó diez y siete abriles 445
sin conocerlo quizá.
DON JUAN
   ¿Y está hermosa?
BRÍGIDA
¡Oh! como un ángel.
DON JUAN
Y la has dicho…
BRÍGIDA
Figuraos
si habré metido mal caos
en su cabeza, don Juan. 450
La hablé del amor, del mundo,
de la corte y los placeres,
de cuánto con las mujeres
erais pródigo y galán.
   La dije que erais el hombre 455
por su padre destinado
para suyo; os he pintado
muerto por ella de amor,
desesperado por ella,
y por ella perseguido, 460
y por ella decidido
a perder vida y honor.
   En fin, mis dulces palabras
al posarse en sus oídos,
sus deseos mal dormidos 465
arrastraron de sí en pos;
y allá dentro de su pecho
han inflamado una llama
de fuerza tal, que ya os ama
y no piensa más que en vos. 470
DON JUAN
   Tan incentiva pintura
los sentidos me enajena,
y el alma ardiente me llena
de su insensata pasión.
Empezó por una apuesta, 475
siguió por un devaneo,
engendró luego un deseo,
y hoy me quema el corazón.
   Poco es el centro de un claustro;
¡al mismo infierno bajara, 480
y a estocadas la arrancara
de los brazos de Satán!
¡Oh, hermosa flor cuyo cáliz
al rocío aún no se ha abierto!
A trasplantarte va al huerto 485
de sus amores don Juan.
   ¡Brígida!
BRÍGIDA
Os estoy oyendo,
y me hacéis perder el tino;
yo os creía un libertino
sin alma y sin corazón. 490
DON JUAN
¿Eso extrañas? ¿No está claro
que en un objeto tan noble
hay que interesarse doble
que en otros?
BRÍGIDA
Tenéis razón.
DON JUAN
   Conque ¿a qué hora se recogen 495
las madres?
BRÍGIDA
Ya recogidas
estarán. ¿Vos prevenidas
todas las cosas tenéis?
DON JUAN
Todas.
BRÍGIDA
Pues luego que doblen
a las ánimas, con tiento 500
saltando al huerto, al convento
fácilmente entrar podéis
   con la llave que os he enviado;
de un claustro obscuro y estrecho
es, seguid bien derecho, 505
y daréis con poco afán
en nuestra celda.
DON JUAN
Y si acierto
a robar tan gran tesoro,
te he de hacer pesar en oro.
BRÍGIDA
Por mí no queda, don Juan. 510
DON JUAN
   Ve y aguárdame.
BRÍGIDA
Voy, pues,
a entrar por la portería,
y a cegar a sor María
la tornera. Hasta después.
(Vase BRÍGIDA, y un poco antes de concluir esta escena, sale CIUTTI, que se para en el fondo esperando.) 
 

Escena X

 

DON JUAN y CIUTTI. 
 
DON JUAN
   ¡Pues señor, soberbio envite! 515
Muchas hice hasta esta hora,
mas, por Dios, que la de ahora
será tal que me acredite.
   Mas ya veo que me espera
Ciutti. ¡Lebrel!

 (Llamándole.) 

CIUTTI
Aquí estoy.
520
DON JUAN
¿Y don Luis?
CIUTTI
Libre por hoy
estáis de él.
DON JUAN
Ahora quisiera
   ver a Lucía.
CIUTTI
Llegar
podéis aquí.

 (A la reja derecha.) 

Yo la llamo,
y al salir a mi reclamo 525
la podéis vos abordar.
DON JUAN
   Llama, pues.
CIUTTI
La seña mía
sabe bien para que dude
en acudir.
DON JUAN
Pues si acude,
lo demás es cuenta mía. 530
(CIUTTI llama a la reja con una seña que parezca convenida. LUCÍA se asoma a ella, y al ver a DON JUAN se detiene un momento.) 
 

Escena XI

 

DON JUAN, LUCÍA y CIUTTI. 
 
LUCÍA
   ¿Qué queréis, buen caballero?
DON JUAN
Quiero.
LUCÍA
¿Qué queréis? Vamos a ver.
DON JUAN
Ver.
LUCÍA
¿Ver? ¿Qué veréis a esta hora? 535
DON JUAN
A tu señora.
LUCÍA
Idos, hidalgo, en mal hora:
¿quién pensáis que vive aquí?
DON JUAN
Doña Ana Pantoja, y
quiero ver a tu señora. 540
LUCÍA
   ¿Sabéis que casa doña Ana?
DON JUAN
Sí, mañana.
LUCÍA
¿Y ha de ser tan infiel ya?
DON JUAN
Sí será.
LUCÍA
¿Pues no es de don Luis Mejía? 545
DON JUAN
¡Ca! otro día.
Hoy no es mañana, Lucía;
yo he de estar hoy con doña Ana,
y si se casa mañana,
mañana será otro día. 550
LUCÍA
   ¡Ah! ¿En recibiros está?
DON JUAN
Podrá.
LUCÍA
¿Qué haré si os he de servir?
DON JUAN
Abrir.
LUCÍA
¡Bah! ¿Y quién abre este castillo? 555
DON JUAN
Ese bolsillo.
LUCÍA
¡Oro!
DON JUAN
Pronto te dio el brillo.
LUCÍA
¿Cuánto?
DON JUAN
De cien doblas pasa.
LUCÍA
¡Jesús!
DON JUAN
Cuenta, y di: ¿esta casa
podrá abrir ese bolsillo? 560
LUCÍA
   ¡Oh! Si es quien me dora el pico…
DON JUAN
Muy rico.

 (Interrumpiéndola.) 

LUCÍA
¿Sí? ¿Qué nombre usa el galán?
DON JUAN
Don Juan.
LUCÍA
¿Sin apellido notorio? 565
DON JUAN
Tenorio.
LUCÍA
¡Ánimas del purgatorio!
¿Vos don Juan?
DON JUAN
¿Qué te amedrenta,
si a tus ojos se presenta
muy rico don Juan Tenorio? 570
LUCÍA
   Rechina la cerradura.
DON JUAN
Se asegura.
LUCÍA
¿Y a mí quién? ¡Por Belcebú!
DON JUAN
Tú.
LUCÍA
¿Y qué me abrirá el camino? 575
DON JUAN
Buen tino.
LUCÍA
¡Bah! Id en brazos del destino…
DON JUAN
Dobla el oro.
LUCÍA
Me acomodo.
DON JUAN
Pues mira cómo de todo
se asegura tu buen tino. 580
LUCÍA
   ¡Dadme algún tiempo, pardiez!
DON JUAN
A las diez.
LUCÍA
¿Dónde os busco, o vos a mí?
DON JUAN
Aquí.
LUCÍA
¿Conque estaréis puntual, eh? 585
DON JUAN
Estaré.
LUCÍA
Pues yo una llave os traeré.
DON JUAN
Y yo otra igual cantidad.
LUCÍA
No me faltéis.
DON JUAN
No en verdad;
a las diez aquí estaré. 590
   Adiós, pues, y en mí te fía.
LUCÍA
Y en mí el garboso galán.
DON JUAN
Adiós, pues, franca Lucía.
LUCÍA
Adiós, pues, rico don Juan.
(LUCÍA cierra la ventana. CIUTTI se acerca a DON JUAN a una seña de éste.) 
 

Escena XII

 

DON JUAN y CIUTTI. 
 
DON JUAN

 (Riéndose.) 

   Con oro nada hay que falle; 595
Ciutti, ya sabes mi intento:
a las nueve, en el convento;
a las diez, en esta calle.
 

Fin de la Parte I. Acto II.


Parte I

Acto III

 

Profanación

DON JUAN, DOÑA INÉS, DON GONZALO, BRÍGIDA, la ABADESA, la TORNERA.
 

Celda de DOÑA INÉS. Puerta en el fondo y a la izquierda.
 

Escena I

 

DOÑA INÉS y la ABADESA. 
 
ABADESA
   ¿Conque me habéis entendido?
DOÑA INÉS
Sí, señora.
ABADESA
Está muy bien;
la voluntad decisiva
de vuestro padre, tal es.
Sois joven, cándida y buena; 5
vivido en el claustro habéis
casi desde que nacisteis;
y para quedar en él
atada con santos votos
para siempre, ni aún tenéis, 10
como otras, pruebas difíciles
ni penitencias que hacer.
Dichosa mil veces vos;
dichosa, sí, doña Inés,
que no conociendo el mundo, 15
no le debéis de temer.
Dichosa vos, que del claustro
al pisar en el dintel,
no os volveréis a mirar
lo que tras vos dejaréis; 20
y los mundanos recuerdos
del bullicio y del placer,
no os turbarán, tentadores,
del ara santa a los pies;
pues ignorando lo que hay 25
tras esa santa pared,
lo que tras ella se queda,
jamás apeteceréis.
Mansa paloma, enseñada
en las palmas a comer 30
del dueño que la ha criado
en doméstico vergel,
no habiendo salido nunca
de la protectora red,
no ansiaréis nunca las alas 35
por el espacio tender.
Lirio gentil, cuyo tallo
mecieron sólo tal vez
las embalsamadas brisas
del más florecido mes, 40
aquí a los besos del aura
vuestro cáliz abriréis,
y aquí vendrán vuestras hojas
tranquilamente a caer.
Y en el pedazo de tierra 45
que abarca nuestra estrechez
y en el pedazo de cielo
que por las rejas se ve,
vos no veréis más que un lecho
do en dulce sueño yacer, 50
y un velo azul suspendido
a las puertas del Edén…
¡Ay! En verdad que os envidio,
venturosa doña Inés,
con vuestra inocente vida, 55
la virtud del no saber.
Mas, ¿por qué estáis cabizbaja?
¿Por qué no me respondéis
como otras veces, alegre,
cuando en lo mismo os hablé? 60
¿Suspiráis…? ¡Oh!, ya comprendo;
de vuelta aquí hasta no ver
a vuestra aya, estáis inquieta,
pero nada receléis.
A casa de vuestro padre 65
fue casi al anochecer,
y abajo en la portería
estará; yo os la enviaré,
que estoy de vela esta noche.
Conque, vamos, doña Inés, 70
recogeos, que ya es hora;
Mal ejemplo no me deis
a las novicias, que ha tiempo
que duermen ya; hasta después.
DOÑA INÉS
Id con Dios, madre abadesa. 75
ABADESA
Adiós, hija.

Escena II

 

DOÑA INÉS, sola. 
 
DOÑA INÉS
[Ya se fue.]
No sé qué tengo, ¡ay de mí!,
que en tumultuoso tropel
mil encontradas ideas
me combaten a la vez. 80
Otras noches complacida
sus palabras escuché,
y de esos cuadros tranquilos
que sabe pintar tan bien,
de esos placeres domésticos 85
la dichosa sencillez
y la calma venturosa,
me hicieron apetecer
la soledad de los claustros
y su santa rigidez. 90
Mas hoy la oí distraída,
y en sus pláticas hallé,
si no enojosos discursos,
a lo menos aridez.
Y no sé por qué al decirme 95
que podría acontecer
que se acelerase el día
de mi profesión, temblé,
y sentí del corazón
acelerarse el vaivén, 100
y teñírseme el semblante
de amarilla palidez.
¡Ay de mí…! Pero mi dueña,
¿dónde estará…? Esa mujer,
con sus pláticas, al cabo, 105
me entretiene alguna vez.
Y hoy la echo menos… Acaso
porque la voy a perder,
que en profesando, es preciso
renunciar a cuanto amé. 110
Mas pasos siento en el claustro;
¡oh! reconozco muy bien
sus pisadas… Ya está aquí.

Escena III

 

DOÑA INÉS y BRÍGIDA. 
 
BRÍGIDA
Buenas noches, doña Inés.
DOÑA INÉS
   ¿Cómo habéis tardado tanto? 115
BRÍGIDA
Voy a cerrar esta puerta.
DOÑA INÉS
Hay orden de que esté abierta.
BRÍGIDA
Eso es muy bueno y muy santo
   para las otras novicias
que han de consagrarse a Dios: 120
no, doña Inés, para vos.
DOÑA INÉS
Brígida, no ves que vicias
   las reglas del monasterio,
que no permiten…
BRÍGIDA
¡Bah! ¡bah!
Más seguro así se está, 125
y así se habla sin misterio
   ni estorbos: ¿habéis mirado
el libro que os he traído?
DOÑA INÉS
¡Ay!, se me había olvidado.
BRÍGIDA
¡Pues me hace gracia el olvido! 130
DOÑA INÉS
   ¡Como la madre abadesa
se entró aquí inmediatamente!
BRÍGIDA
¡Vieja más impertinente!
DOÑA INÉS
¿Pues tanto el libro interesa?
BRÍGIDA
   Vaya si interesa, mucho. 135
¡Pues quedó con poco afán
el infeliz!
DOÑA INÉS
¿Quién?
BRÍGIDA
Don Juan.
DOÑA INÉS
¡Válgame el cielo! ¡Qué escucho!
   ¿Es don Juan quien me le envía?
BRÍGIDA
Por supuesto.
DOÑA INÉS
¡Oh! Yo no debo
140
tomarle.
BRÍGIDA
¡Pobre mancebo!
Desairarle así, sería
   matarle.
DOÑA INÉS
¿Qué estás diciendo?
BRÍGIDA
Si ese Horario no tomáis,
tal pesadumbre le dais, 145
que va a enfermar, lo estoy viendo.
DOÑA INÉS
   ¡Ah! No, no; de esa manera
le tomaré.
BRÍGIDA
Bien haréis.
DOÑA INÉS
¡Y qué bonito es!
BRÍGIDA
Ya veis:
quien quiere agradar, se esmera. 150
DOÑA INÉS
   Con sus manecillas de oro.
¡Y cuidado, que está prieto!
A ver, a ver si completo
contiene el rezo del coro.

 (Le abre y cae una carta de entre sus hojas.) 

   Mas ¿qué cayó?
BRÍGIDA
Un papelito.
155
DOÑA INÉS
¡Una carta!
BRÍGIDA
Claro está;
en esa carta os vendrá
ofreciendo el regalito.
DOÑA INÉS
   ¡Qué! ¿Será suyo el papel?
BRÍGIDA
¡Vaya, que sois inocente! 160
Pues que os feria, es consiguiente
que la carta será de él.
DOÑA INÉS
   ¡Ay, Jesús!
BRÍGIDA
¿Qué es lo que os da?
DOÑA INÉS
Nada, Brígida, no es nada.
BRÍGIDA
No, no; si estáis inmutada. 165

 (Aparte.) 

Ya presa en la red está.
   ¿Se os pasa?
DOÑA INÉS
Sí.
BRÍGIDA
Eso habrá sido
cualquier mareíllo vano.
DOÑA INÉS
¡Ay! Se me abrasa la mano
con que el papel he cogido. 170
BRÍGIDA
   Doña Inés, válgame Dios,
jamás os he visto así;
estáis trémula.
DOÑA INÉS
¡Ay de mí!
BRÍGIDA
¿Qué es lo que pasa por vos?
DOÑA INÉS
   No sé… El campo de mi mente 175
siento que cruzan perdidas
mil sombras desconocidas,
que me inquietan vagamente;
   y ha tiempo al alma me dan
con su agitación tortura. 180
BRÍGIDA
¿Tiene alguna, por ventura,
el semblante de don Juan?
DOÑA INÉS
   No sé; desde que le vi,
Brígida mía, y su nombre
me dijiste, tengo a ese hombre 185
siempre delante de mí.
   Por doquiera me distraigo
con su agradable recuerdo,
y si un instante le pierdo,
en su recuerdo recaigo. 190
   No sé qué fascinación
en mis sentidos ejerce,
que siempre hacia él se me tuerce
la mente y el corazón;
   y aquí, y en el oratorio, 195
y en todas partes advierto
que el pensamiento divierto
con la imagen de Tenorio.
BRÍGIDA
   ¡Válgame Dios! Doña Inés,
según lo vais explicando, 200
tentaciones me van dando
de creer que eso amor es.
DOÑA INÉS
   ¿Amor has dicho?
BRÍGIDA
Sí, amor.
DOÑA INÉS
No, de ninguna manera.
BRÍGIDA
Pues por amor lo entendiera 205
el menos entendedor;
   mas vamos la carta a ver:
¿En qué os paráis? ¿Un suspiro?
DOÑA INÉS
¡Ay! Que cuanto más la miro
menos me atrevo a leer. 210

 (Lee.) 

   «Doña Inés del alma mía».
Virgen santa, ¡qué principio!
BRÍGIDA
Vendrá en verso, y será un ripio
que traerá la poesía.
   Vamos, seguid adelante. 215
DOÑA INÉS

 (Lee.) 

«Luz de donde el sol la toma,
hermosísima paloma
privada de libertad,
si os dignáis por estas letras
pasar vuestros lindos ojos, 220
no los tornéis con enojos
sin concluir, acabad».
BRÍGIDA
   ¡Qué humildad y qué finura!
¿Dónde hay mayor rendimiento?
DOÑA INÉS
Brígida, no sé qué siento. 225
BRÍGIDA
Seguid, seguid la lectura.
DOÑA INÉS

 (Lee.) 

   «Nuestros padres de consuno
nuestras bodas acordaron,
porque los cielos juntaron
los destinos de los dos. 230
Y halagado desde entonces
con tan risueña esperanza,
mi alma, doña Inés, no alcanza
otro porvenir que vos.
   De amor con ella en mi pecho 235
brotó una chispa ligera,
que han convertido en hoguera
tiempo y afición tenaz.
Y esta llama, que en mí mismo
se alimenta, inextinguible, 240
cada día más terrible
va creciendo y más voraz».
BRÍGIDA
   Es claro; esperar le hicieron
en vuestro amor algún día,
y hondas raíces tenía 245
cuando a arrancársele fueron.
   Seguid.
DOÑA INÉS

 (Lee.) 

«En vano a apagarla
concurren tiempo y ausencia,
que doblando su violencia,
no hoguera ya, volcán es; 250
y yo, que en medio del cráter
desamparado batallo,
suspendido en él me hallo
entre mi tumba y mi Inés».
BRÍGIDA
   ¿Lo veis, Inés? Si ese Horario 255
le despreciáis, al instante
le preparan el sudario.
DOÑA INÉS
Yo desfallezco.
BRÍGIDA
Adelante.
DOÑA INÉS

 (Lee.) 

   «Inés, alma de mi alma,
perpetuo imán de mi vida, 260
perla sin concha escondida
entre las algas del mar;
garza que nunca del nido
tender osastes el vuelo
al diáfano azul del cielo 265
para aprender a cruzar,
   si es que a través de esos muros
el mundo apenada miras,
y por el mundo suspiras,
de libertad con afán, 270
acuérdate que al pie mismo
de esos muros que te guardan,
para salvarte te aguardan
los brazos de tu don Juan».

 (Representa.) 

   ¿Qué es lo que me pasa, ¡cielo!, 275
que me estoy viendo morir?
BRÍGIDA

 (Aparte.) 

Ya tragó todo el anzuelo.
Vamos, que está al concluir.
DOÑA INÉS

 (Lee.) 

   «Acuérdate de quien llora
al pie de tu celosía, 280
y allí le sorprende el día
y le halla la noche allí;
acuérdate de quien vive
sólo por ti, ¡vida mía!,
y que a tus pies volaría 285
si le llamaras a ti».
BRÍGIDA
   ¿Lo veis? Vendría.
DOÑA INÉS
¡Vendría!
BRÍGIDA
A postrarse a vuestros pies.
DOÑA INÉS
¿Puede?
BRÍGIDA
¡Oh, sí!
DOÑA INÉS
¡Virgen María!
BRÍGIDA
Pero acabad, doña Inés. 290
DOÑA INÉS

 (Lee.) 

   «Adiós, oh luz de mis ojos;
adiós, Inés de mi alma;
medita, por Dios, en calma
las palabras que aquí van;
y si odias esa clausura 295
que ser tu sepulcro debe,
manda, que a todo se atreve
por tu hermosura don Juan».

  (Representa DOÑA INÉS.) 

   ¡Ay! ¿Qué filtro envenenado
me dan en este papel, 300
que el corazón desgarrado
me estoy sintiendo con él?
   ¿Qué sentimientos dormidos
son los que revela en mí;
qué impulsos jamás sentidos, 305
qué luz, que hasta hoy nunca vi?
   ¿Qué es lo que engendra en mi alma
tan nuevo y profundo afán?
¿Quién roba la dulce calma
de mi corazón?
BRÍGIDA
Don Juan.
310
DOÑA INÉS
   ¡Don Juan dices…! ¿Conque ese hombre
me ha de seguir por doquier?
¿Sólo he de escuchar su nombre,
sólo su sombra he de ver?
   ¡Ah! Bien dice: juntó el cielo 315
los destinos de los dos,
y en mi alma engendró este anhelo
fatal.
BRÍGIDA
¡Silencio, por Dios!
(Se oyen dar las ánimas.) 
 
DOÑA INÉS
   ¿Qué?
BRÍGIDA
Silencio.
DOÑA INÉS
Me estremezco.
BRÍGIDA
¿Oís, doña Inés, tocar? 320
DOÑA INÉS
Sí; lo mismo que otras veces,
las ánimas oigo dar.
BRÍGIDA
   Pues no habléis de él.
DOÑA INÉS
¡Cielo santo!
¿De quién?
BRÍGIDA
¿De quién ha de ser?
De ese don Juan que amáis tanto, 325
porque puede aparecer.
DOÑA INÉS
   ¡Me amedrentas! ¿Puede ese hombre
llegar hasta aquí?
BRÍGIDA
Quizá,
porque el eco de su nombre
tal vez llega adonde está. 330
DOÑA INÉS
   ¡Cielos! ¿Y podrá…?
BRÍGIDA
¡Quién sabe!
DOÑA INÉS
¿Es un espíritu, pues?
BRÍGIDA
No; mas si tiene una llave…
DOÑA INÉS
¡Dios!
BRÍGIDA
Silencio, doña Inés;
   ¿no oís pasos?
DOÑA INÉS
¡Ay! Ahora
335
nada oigo.
BRÍGIDA
Las nueve dan,
suben… se acercan… señora…
   Ya está aquí.
DOÑA INÉS
¿Quién?
BRÍGIDA
Él.
DOÑA INÉS
¡Don Juan!

Escena IV

 

DOÑA INÉS, DON JUAN y BRÍGIDA. 
 
DOÑA INÉS
   ¿Qué es esto? ¿Sueño… deliro?
DON JUAN
¡Inés de mi corazón! 340
DOÑA INÉS
¿Es realidad lo que miro,
o es una fascinación…?
Tenedme, apenas respiro…
Sombra… ¡huye por compasión!
   ¡Ay de mí…!
(Desmáyase DOÑA INÉS, y DON JUAN la sostiene. La carta de DON JUAN queda en el suelo abandonada por DOÑA INÉS al desmayarse.) 
 
BRÍGIDA
La ha fascinado
345
vuestra repentina entrada,
y el pavor la ha trastornado.
DON JUAN
Mejor, así nos ha ahorrado
la mitad de la jornada.
   ¡Ea! No desperdiciemos 350
el tiempo aquí en contemplarla,
si perdernos no queremos.
En los brazos a tomarla
voy, y cuanto antes, ganemos
   ese claustro solitario. 355
BRÍGIDA
¡Oh! ¿Vais a sacarla así?
DON JUAN
¿Necia, piensas que rompí
la clausura temerario,
para dejármela aquí?
   Mi gente abajo me espera; 360
sígueme.
BRÍGIDA
¡Sin alma estoy!
¡Ay! Este hombre es una fiera;
nada le ataja ni altera…
Sí, sí; a su sombra me voy.

Escena V

 

La ABADESA, sola. 
 
ABADESA
   Jurara que había oído 365
por estos claustros andar;
hoy a doña Inés velar
algo más la he permitido,
   y me temo… mas no están
aquí. ¿Qué pudo ocurrir 370
a las dos para salir
de la celda? ¿Dónde irán?
   ¡Hola! Yo las ataré
corto para que no vuelvan
a enredar y me revuelvan 375
a las novicias… sí a fe.
   Mas siento por allá fuera
pasos. ¿Quién es?

Escena VI

 

La ABADESA y la TORNERA. 
 
TORNERA
Yo, señora.
ABADESA
¡Vos en el claustro a esta hora!
¿Qué es esto, hermana Tornera? 380
TORNERA
   Madre Abadesa, os buscaba.
ABADESA
¿Qué hay? Decid.
TORNERA
Un noble anciano
quiere hablaros.
ABADESA
Es en vano.
TORNERA
Dice que es de Calatrava
   caballero; que sus fueros 385
le autorizan a este paso,
y que la urgencia del caso
le obliga al instante a veros.
ABADESA
   ¿Dijo su nombre?
TORNERA
El señor
don Gonzalo Ulloa.
ABADESA
¿Qué
390
puede querer…? Ábrale,
hermana, es Comendador
   de la Orden, y derecho
tiene en el claustro de entrada.

Escena VII

 

La ABADESA y DON GONZALO, después. 
 
ABADESA
¿A una hora tan avanzada 395
venir así…? No sospecho
   qué pueda ser… mas me place,
pues no hallando a su hija aquí,
la reprenderá, y así
mirará otra vez lo que hace. 400

Escena VIII

 

La ABADESA, DON GONZALO y la TORNERA, a la puerta. 
 
DON GONZALO
   Perdonad, madre Abadesa,
que en hora tal os moleste;
mas para mí, asunto es éste
que honra y vida me interesa.
ABADESA
   ¡Jesús!
DON GONZALO
Oíd.
ABADESA
Hablad, pues.
405
DON GONZALO
Yo guardé hasta hoy un tesoro
de más quilates que el oro,
y ese tesoro es mi Inés.
ABADESA
   A propósito…
DON GONZALO
Escuchad.
Se me acaba de decir 410
que han visto a su dueña ir
ha poco por la ciudad
   hablando con el criado
de un don Juan, de tal renombre,
que no hay en la tierra otro hombre 415
tan audaz y tan malvado.
   En tiempo atrás se pensó
con él a mi hija casar,
y hoy, que se la fui a negar,
robármela me juró. 420
   Que por el torpe doncel
ganada la dueña está,
no puedo dudarlo ya;
debo, pues, guardarme de él;
425
de imprevisión le bastara
para que mi honor manchara
ese hijo de Satanás.
   He aquí mi inquietud cuál es;
por la dueña, en conclusión, 430
vengo; vos la profesión
abreviad de doña Inés.
ABADESA
   Sois padre, y es vuestro afán
muy justo, Comendador;
mas ved que ofende a mi honor. 435
DON GONZALO
No sabéis quién es don Juan.
ABADESA
   Aunque le pintáis tan malo,
yo os puedo decir de mí,
que mientra Inés esté aquí,
segura está, don Gonzalo. 440
DON GONZALO
   Lo creo; mas las razones
abreviemos: entregadme
esa dueña, y perdonadme
mis mundanas opiniones.
   Si vos de vuestra virtud 445
me respondéis, yo me fundo
en que conozco del mundo
la insensata juventud.
ABADESA
   Se hará como lo exigís.
Hermana Tornera, id pues 450
a buscar a doña Inés
y a su dueña.
(Vase la TORNERA.) 
 
DON GONZALO
¿Qué decís,
   señora? O traición me ha hecho
mi memoria, o yo sé bien
que esta es hora de que estén 455
ambas a dos en su lecho.
ABADESA
   Ha un punto sentí a las dos
salir de aquí, no sé a qué.
DON GONZALO
¡Ay! Por qué tiemblo no sé.
Mas, ¡qué veo, Santo Dios! 460
   Un papel… me lo decía
a voces mi mismo afán.

 (Leyendo.) 

«Doña Inés del alma mía…»
Y la firma de don Juan.
   Ved… ved… esa prueba escrita. 465
Leed ahí… ¡Oh! Mientras que vos
por ella rogáis a Dios,
viene el diablo y os la quita.

Escena IX

 

La ABADESA, DON GONZALO y la TORNERA. 
 
TORNERA
   Señora…
ABADESA
¿Qué?
TORNERA
Vengo muerta.
DON GONZALO
Concluid.
TORNERA
No acierto a hablar…
470
He visto a un hombre saltar
por las tapias de la huerta.
DON GONZALO
   ¿Veis? Corramos; ¡ay de mí!
ABADESA
¿Dónde vais, Comendador?
DON GONZALO
¡Imbécil! Tras de mi honor, 475
que os roban a vos de aquí.
 

Fin de la Parte I. Acto III.


Parte I

Acto IV

 

El diablo a las puertas del cielo

DON JUAN, DOÑA INÉS, DON GONZALO, DON LUIS, CIUTTI, BRÍGIDA, ALGUACIL 1.º y ALGUACIL 2.º
Quinta de DON JUAN Tenorio, cerca de Sevilla y sobre el Guadalquivir. Balcón en el fondo. Dos puertas a cada lado.
 

Escena I

 

BRÍGIDA y CIUTTI. 
 
BRÍGIDA
   ¡Qué noche, válgame Dios!
A poderlo calcular,
no me meto yo a servir
a tan fogoso galán.
¡Ay, Ciutti! Molida estoy; 5
no me puedo menear.
CIUTTI
Pues, ¿qué os duele?
BRÍGIDA
Todo el cuerpo,
y toda el alma además.
CIUTTI
¡Ya! No estáis acostumbrada
al caballo, es natural. 10
BRÍGIDA
Mil veces pensé caer;
¡Uf! ¡Qué mareo! ¡Qué afán!
Veía yo unos tras otros
ante mis ojos pasar
los árboles como en alas 15
llevados de un huracán,
tan apriesa y produciéndome
ilusión tan infernal,
que perdiera los sentidos
si tardamos en parar. 20
CIUTTI
Pues de estas cosas veréis,
si en esta casa os quedáis,
lo menos seis por semana.
BRÍGIDA
¡Jesús!
CIUTTI
Y esa niña, ¿está
reposando todavía? 25
BRÍGIDA
¿Y a qué se ha de despertar?
CIUTTI
Sí; es mejor que abra los ojos
en los brazos de don Juan.
BRÍGIDA
Preciso es que tu amo tenga
algún diablo familiar. 30
CIUTTI
Yo creo que sea él mismo
un diablo en carne mortal,
porque a lo que él, solamente
se arrojara Satanás.
BRÍGIDA
¡Oh! ¡El lance ha sido extremado! 35
CIUTTI
Pero al fin logrado está.
BRÍGIDA
¡Salir así de un convento
en medio de una ciudad
como Sevilla!
CIUTTI
Es empresa
tan sólo para hombre tal; 40
mas, ¡qué diablos!, si a su lado
la fortuna siempre va,
y encadenado a sus pies
duerme sumiso el azar.
BRÍGIDA
Sí; decís bien.
CIUTTI
No he visto hombre
45
de corazón más audaz;
no halla riesgo que le espante,
ni encuentra dificultad
que al empeñarse en vencer,
le haga un punto vacilar. 50
A todo osado se arroja,
de todo se ve capaz;
ni mira dónde se mete,
ni lo pregunta jamás.
«Allí hay un lance», le dicen; 55
y él dice: «Allá va don Juan».
Mas ya tarda, ¡vive Dios!
BRÍGIDA
Las doce en la catedral
han dado ha tiempo.
CIUTTI
Y de vuelta
debía a las doce estar. 60
BRÍGIDA
Pero, ¿por qué no se vino
con nosotros?
CIUTTI
Tiene allá
en la ciudad todavía
cuatro cosas que arreglar.
BRÍGIDA
¿Para el viaje?
CIUTTI
Por supuesto;
65
aunque muy fácil será
que esta noche a los infiernos
le hagan a él mismo viajar.
BRÍGIDA
¡Jesús, qué ideas!
CIUTTI
¡Pues digo!
¿Son obras de caridad 70
en las que nos empleamos,
para mejor esperar?
Aunque seguros estamos
como vuelva por acá.
BRÍGIDA
¿De veras, Ciutti?
CIUTTI
Venid
75
a este balcón, y mirad.
¿Qué veis?
BRÍGIDA
Veo un bergantín
que anclado en el río está.
CIUTTI
Pues su patrón sólo aguarda
las órdenes de don Juan, 80
y salvos en todo caso
a Italia nos llevará.
BRÍGIDA
¿Cierto?
CIUTTI
Y nada receléis
por nuestra seguridad,
que es el barco más velero 85
que boga sobre la mar.
BRÍGIDA
¡Chist! Ya siento a doña Inés.
CIUTTI
Pues yo me voy, que don Juan
encargó que sola vos
debíais con ella hablar. 90
BRÍGIDA
Y encargó bien, que yo entiendo
de esto.
CIUTTI
Adiós, pues.
BRÍGIDA
Vete en paz.

Escena II

 

DOÑA INÉS y BRÍGIDA. 
 
DOÑA INÉS
¡Dios mío, cuánto he soñado!
¡Loca estoy! ¿Qué hora será?
Pero ¿qué es esto? ¡Ay de mí! 95
No recuerdo que jamás
haya visto este aposento.
¿Quién me trajo aquí?
BRÍGIDA
Don Juan.
DOÑA INÉS
Siempre don Juan…
¿Aquí tú también estás, 100
Brígida?
BRÍGIDA
Sí, doña Inés.
DOÑA INÉS
Pero dime en caridad,
¿dónde estamos? Este cuarto
¿es del convento?
BRÍGIDA
No tal;
aquello era un cuchitril 105
en donde no había más
que miseria.
DOÑA INÉS
Pero, en fin,
¿en dónde estamos?
BRÍGIDA
Mirad,
mirad por este balcón,
y alcanzaréis lo que va 110
desde un convento de monjas
a una quinta de don Juan.
DOÑA INÉS
¿Es de don Juan esta quinta?
BRÍGIDA
Y creo que vuestra ya.
DOÑA INÉS
Pero no comprendo, Brígida, 115
lo que dices.
BRÍGIDA
Escuchad.
   Estabais en el convento
leyendo con mucho afán
una carta de don Juan,
cuando estalló en un momento 120
   un incendio formidable.
DOÑA INÉS
¡Jesús!
BRÍGIDA
Espantoso, inmenso;
el humo era ya tan denso,
que el aire se hizo palpable.
DOÑA INÉS
   Pues no recuerdo…
BRÍGIDA
Las dos,
125
con la carta entretenidas,
olvidamos nuestras vidas,
yo oyendo, y leyendo vos.
   Y estaba en verdad tan tierna,
que entrambas a su lectura, 130
achacamos la tortura
que sentíamos interna.
   Apenas ya respirar
podíamos, y las llamas
prendían en nuestras camas; 135
nos íbamos a asfixiar,
   cuando don Juan, que os adora,
y que rondaba el convento,
al ver crecer con el viento
la llama devastadora, 140
   con inaudito valor,
viendo que ibais a abrasaros,
se metió para salvaros
por donde pudo mejor.
   Vos, al verle así asaltar 145
la celda tan de improviso,
os desmayasteis… preciso;
la cosa era de esperar.
   Y él, cuando os vio caer así,
en sus brazos os tomó 150
y echó a huir, yo le seguí,
y del fuego nos sacó.
   ¿Dónde íbamos a esta hora?
Vos seguíais desmayada;
yo estaba ya casi ahogada. 155
Dijo, pues: «Hasta la aurora
   en mi casa las tendré».
Y henos, doña Inés, aquí.
DOÑA INÉS
¿Conque ésta es su casa?
BRÍGIDA
Sí.
DOÑA INÉS
Pues nada recuerdo a fe. 160
   Pero… ¡en su casa…! ¡Oh! Al punto
salgamos de ella… yo tengo
la de mi padre.
BRÍGIDA
Convengo
con vos; pero es el asunto…
DOÑA INÉS
   ¿Qué?
BRÍGIDA
Que no podemos ir.
165
DOÑA INÉS
Oír tal me maravilla.
BRÍGIDA
Nos aparta de Sevilla…
DOÑA INÉS
¿Quién?
BRÍGIDA
Vedlo, el Guadalquivir.
DOÑA INÉS
   ¿No estamos en la ciudad?
BRÍGIDA
A una legua nos hallamos 170
de sus murallas.
DOÑA INÉS
¡Oh! ¡Estamos
perdidas!
BRÍGIDA
¡No sé en verdad
   por qué!
DOÑA INÉS
Me estás confundiendo,
Brígida… y no sé qué redes
son las que entre estas paredes 175
temo que me estás tendiendo.
   Nunca el claustro abandoné,
ni sé del mundo exterior
los usos, mas tengo honor;
noble soy, Brígida, y sé 180
   que la casa de don Juan
no es buen sitio para mí;
me lo está diciendo aquí
no sé qué escondido afán.
   Ven, huyamos.
BRÍGIDA
Doña Inés,
185
la existencia os ha salvado.
DOÑA INÉS
Sí, pero me ha envenenado
el corazón.
BRÍGIDA
¿Le amáis, pues?
DOÑA INÉS
   No sé… mas, por compasión,
huyamos pronto de ese hombre, 190
tras de cuyo solo nombre
se me escapa el corazón.
   ¡Ah! Tú me diste un papel
de manos de ese hombre escrito,
y algún encanto maldito 195
me diste encerrado en él.
   Una sola vez le vi
por entre unas celosías,
y que estaba, me decías,
en aquel sitio por mí. 200
   Tú, Brígida, a todas horas
me venías de él a hablar,
haciéndome recordar
sus gracias fascinadoras.
   Tú me dijiste que estaba 205
para mío destinado
por mi padre, y me has jurado
en su nombre que me amaba.
   ¿Que le amo dices…? Pues bien;
si esto es amar, sí, le amo; 210
pero yo sé que me infamo
con esa pasión también.
   Y si el débil corazón
se me va tras de don Juan,
tirándome de él están 215
mi honor y mi obligación.
   Vamos, pues, vamos de aquí
primero que ese hombre venga;
pues fuerza acaso no tenga
si le veo junto a mí. 220
   Vamos, Brígida.
BRÍGIDA
Esperad.
¿No oís?
DOÑA INÉS
¿Qué?
BRÍGIDA
Ruido de remos.
DOÑA INÉS
Sí, dices bien; volveremos
en un bote a la ciudad.
BRÍGIDA
   Mirad, mirad, doña Inés. 225
DOÑA INÉS
Acaba… por Dios, partamos.
BRÍGIDA
Ya, imposible que salgamos.
DOÑA INÉS
¿Por qué razón?
BRÍGIDA
Porque él es
   quien en ese barquichuelo
se adelanta por el río. 230
DOÑA INÉS
¡Ay! ¡Dadme fuerzas, Dios mío!
BRÍGIDA
Ya llegó; ya está en el suelo.
   Sus gentes nos volverán
a casa; mas antes de irnos,
es preciso despedirnos 235
a lo menos de don Juan.
DOÑA INÉS
   Sea, y vamos al instante.
No quiero volverle a ver.
BRÍGIDA

 (Aparte.) 

Los ojos te hará volver
al encontrarle delante. 240
   Vamos.
DOÑA INÉS
Vamos.
CIUTTI

 (Dentro.) 

Aquí están.
DON JUAN

 (Dentro.) 

Alumbra.
BRÍGIDA
¡Nos busca!
DOÑA INÉS
Él es.

Escena III

 

Dichas y DON JUAN. 
 
DON JUAN
¿Adónde vais, doña Inés?
DOÑA INÉS
Dejadme salir, don Juan.
DON JUAN
   ¿Que os deje salir?
BRÍGIDA
Señor,
245
sabiendo ya el accidente
del fuego, estará impaciente
por su hija el Comendador.
DON JUAN
   ¡El fuego! ¡Ah! No os dé cuidado
por don Gonzalo, que ya 250
dormir tranquilo le hará
el mensaje que le he enviado.
DOÑA INÉS
   ¿Le habéis dicho…?
DON JUAN
Que os hallabais
bajo mi amparo segura,
y el aura del campo pura 255
libre por fin respirabais.
(Vase BRÍGIDA.) 
 
   Cálmate, pues, vida mía;
reposa aquí, y un momento
olvida de tu convento
la triste cárcel sombría. 260
   ¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
   Esta aura que vaga llena 265
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor 270
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?
   Esa armonía que el viento 275
recoge entre esos millares
de floridos olivares,
que agita con manso aliento,
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor 280
de sus copas morador
llamando al cercano día,
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?
   Y estas palabras que están 285
filtrando insensiblemente
tu corazón, ya pendiente
de los labios de don Juan,
y cuyas ideas van
inflamando en su interior 290
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿no es verdad, estrella mía,
que están respirando amor?
   Y esas dos líquidas perlas 295
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse a no verlas
de sí mismas al calor, 300
y ese encendido color
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?
   ¡Oh! sí, bellísima Inés, 305
espejo y luz de mis ojos;
escucharme sin enojos
como lo haces, amor es;
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor 310
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.
DOÑA INÉS
   Callad, por Dios, ¡oh don Juan!, 315
que no podré resistir
mucho tiempo sin morir
tan nunca sentido afán.
   ¡Ah! Callad, por compasión,
que oyéndoos me parece 320
que mi cerebro enloquece
y se arde mi corazón.
   ¡Ah! Me habéis dado a beber
un filtro infernal sin duda,
que a rendiros os ayuda 325
la virtud de la mujer.
   Tal vez poseéis, don Juan,
un misterioso amuleto,
que a vos me atrae en secreto
como irresistible imán. 330
   Tal vez Satán puso en vos
su vista fascinadora,
su palabra seductora
y el amor que negó a Dios.
   ¿Y qué he de hacer, ¡ay de mí!, 335
sino caer en vuestros brazos,
si el corazón en pedazos
me vais robando de aquí?
   No, don Juan; en poder mío
resistirte no está ya; 340
yo voy a ti, como va
sorbido al mar ese río.
   Tu presencia me enajena,
tus palabras me alucinan,
y tus ojos me fascinan, 345
y tu aliento me envenena.
   ¡Don Juan! ¡Don Juan! Yo lo imploro
de tu hidalga compasión:
o arráncame el corazón,
o ámame, porque te adoro. 350
DON JUAN
   ¡Alma mía! Esa palabra
cambia de modo mi ser,
que alcanzo que puede hacer
hasta que el Edén se me abra.
   No es, doña Inés, Satanás 355
quien pone este amor en mí;
es Dios, que quiere por ti
ganarme para Él quizás.
   No; el amor que hoy se atesora
en mi corazón mortal, 360
no es un amor terrenal
como el que sentí hasta ahora;
   no es esa chispa fugaz
que cualquier ráfaga apaga;
es incendio que se traga 365
cuanto ve, inmenso, voraz.
   Desecha, pues, tu inquietud,
bellísima doña Inés,
porque me siento a tus pies
capaz aún de la virtud. 370
   Sí; iré mi orgullo a postrar
ante el buen Comendador,
y, o habrá de darme tu amor,
o me tendrá que matar.
DOÑA INÉS
   ¡Don Juan de mi corazón! 375
DON JUAN
¡Silencio! ¿Habéis escuchado?
DOÑA INÉS
¿Qué?
DON JUAN
Sí; una barca ha atracado
debajo de ese balcón.
   Un hombre embozado de ella
salta… Brígida, al momento 380
(Entra BRÍGIDA.) 

pasad a esotro aposento;
y perdonad, Inés bella,
   si solo me importa estar.
DOÑA INÉS
¿Tardarás?
DON JUAN
Poco ha de ser.
DOÑA INÉS
A mi padre hemos de ver. 385
DON JUAN
Sí; en cuanto empiece a clarear.
   Adiós.

Escena IV

 

DON JUAN y CIUTTI. 

CIUTTI
Señor.
DON JUAN
¿Qué sucede,
Ciutti?
CIUTTI
Ahí está un embozado
en veros muy empeñado.
DON JUAN
¿Quién es?
CIUTTI
Dice que no puede
390
   descubrirse más que a vos,
y que es cosa de tal priesa,
que en ella se os interesa
la vida a entrambos a dos.
DON JUAN
   ¿Y en él no has reconocido 395
marca ni señal alguna
que nos oriente?
CIUTTI
Ninguna;
mas a veros decidido
   viene.
DON JUAN
¿Trae gente?
CIUTTI
No más
que los remeros del bote. 400
DON JUAN
Que entre.

Escena V

 

DON JUAN. Luego CIUTTI y DON LUIS, embozado. 

DON JUAN
¡Jugamos a escote
la vida…! Mas, si es quizás
   un traidor que hasta mi quinta
me viene siguiendo el paso…
hálleme, pues, por si acaso, 405
con las armas en la cinta.
( Se ciñe la espada y suspende al cinto un par de pistolas, que habrá colocado sobre la mesa a su salida en la escena tercera. Al momento sale CIUTTI conduciendo a DON LUIS, que, embozado hasta los ojos, espera a que se queden solos. DON JUAN hace a CIUTTI una seña para que se retire. Lo hace.) 

Escena VI

 

DON JUAN y DON LUIS. 

DON JUAN

 (Aparte.) 

   Buen talante. Bien venido,
caballero.
DON LUIS
Bien hallado,
señor mío.
DON JUAN
Sin cuidado
hablad.
DON LUIS
Jamás lo he tenido.
410
DON JUAN
   Decid, pues: ¿a qué venís
a esta hora y con tal afán?
DON LUIS
Vengo a mataros, don Juan.
DON JUAN
¿Según eso, sois don Luis?
DON LUIS
   No os engañó el corazón, 415
y el tiempo no malgastemos,
don Juan; los dos no cabemos
ya en la tierra.
DON JUAN
En conclusión,
   señor Mejía, es decir
que, porque os gané la apuesta, 420
¿queréis que acabe la fiesta
con salirnos a batir?
DON LUIS
   Estáis puesto en la razón;
la vida apostado habemos,
y es fuerza que nos paguemos. 425
DON JUAN
Soy de la misma opinión.
   Mas ved que os debo advertir
que sois vos quien la ha perdido.
DON LUIS
Pues por eso os la he traído;
mas no creo que morir 430
   deba nunca un caballero
que lleva en el cinto espada,
como una res destinada
por su dueño al matadero.
DON JUAN
   Ni yo creo que resquicio 435
habréis jamás encontrado
por donde me hayáis tomado
por un cortador de oficio.
DON LUIS
   De ningún modo, y ya veis
que, pues os vengo a buscar, 440
mucho en vos debo fiar.
DON JUAN
No más de lo que podéis.
   Y por mostraros mejor
mi generosa hidalguía,
decid si aún puedo, Mejía, 445
satisfacer vuestro honor.
   Leal la apuesta os gané
mas si tanto os ha escocido,
mirad si halláis conocido
remedio, y le aplicaré. 450
DON LUIS
   No hay más que el que os he propuesto,
don Juan. Me habéis maniatado,
y habéis la casa asaltado
usurpándome mi puesto;
   y pues el mío tomasteis 455
para triunfar de doña Ana,
no sois vos, don Juan, quien gana,
porque por otro jugasteis.
DON JUAN
   Ardides del juego son.
DON LUIS
Pues no os los quiero pasar, 460
y por ellos a jugar
vamos ahora el corazón.
DON JUAN
   ¿Le arriesgáis, pues, en revancha
de doña Ana de Pantoja?
DON LUIS
Sí; y lo que tardo me enoja 465
en lavar tan fea mancha.
   Don Juan, yo la amaba, sí;
mas con lo que habéis osado,
imposible la hais dejado
para vos y para mí. 470
DON JUAN
   ¿Por qué la apostasteis, pues?
DON LUIS
Porque no pude pensar
que la pudierais lograr.
Y… vamos, por San Andrés,
   a reñir, que me impaciento. 475
DON JUAN
Bajemos a la ribera.
DON LUIS
Aquí mismo.
DON JUAN
Necio fuera;
¿no veis que en este aposento
   prendieran al vencedor?
Vos traéis una barquilla. 480
DON LUIS
Sí.
DON JUAN
Pues que lleve a Sevilla
al que quede.
DON LUIS
Eso es mejor;
Salgamos, pues.
DON JUAN
Esperad.
DON LUIS
¿Qué sucede?
DON JUAN
Ruido siento.
DON LUIS
Pues no perdamos momento. 485

Escena VII

 

DON JUAN, DON LUIS y CIUTTI. 

CIUTTI
Señor, la vida salvad.
DON JUAN
   ¿Qué hay, pues?
CIUTTI
El Comendador,
que llega con gente armada.
DON JUAN
Déjale franca la entrada,
pero a él solo.
CIUTTI
Mas, señor…
490
DON JUAN
   Obedéceme.
(Vase CIUTTI.) 

Escena VIII

 

DON JUAN y DON LUIS. 

DON JUAN
Don Luis,
pues de mí os habéis fiado
cuanto dejáis demostrado
cuando, a mi casa venís,
   no dudaré en suplicaros, 495
pues mi valor conocéis,
que un instante me aguardéis.
DON LUIS
Yo nunca puse reparos
   en valor que es tan notorio;
mas no me fío de vos. 500
DON JUAN
Ved que las partes son dos
de la apuesta con Tenorio,
   y que ganadas están.
DON LUIS
¡Lograsteis a un tiempo…!
DON JUAN
Sí;
la del convento está aquí; 505
y pues viene de don Juan
   a reclamarla quien puede,
cuando me podéis matar,
no debo asunto dejar
tras mí que pendiente quede. 510
DON LUIS
   Pero mirad que meter
quien puede el lance impedir
entre los dos, puede ser…
DON JUAN
¿Qué?
DON LUIS
Excusaros de reñir.
DON JUAN
   ¡Miserable…! De don Juan 515
podéis dudar sólo vos;
mas aquí entrad, vive Dios,
y no tengáis tanto afán
   por vengaros, que este asunto
arreglado con ese hombre, 520
don Luis, yo os juro a mi nombre
que nos batimos al punto.
DON LUIS
   Pero…
DON JUAN
¡Con una legión
de diablos! Entrad aquí,
que harta nobleza es en mí 525
aún daros satisfacción.
   Desde ahí ved y escuchad;
franca tenéis esa puerta;
si veis mi conducta incierta,
como os acomode obrad. 530
DON LUIS
   Me avengo, si muy reacio
no andáis.
DON JUAN
Calculadlo vos
a placer; mas, ¡vive Dios!,
¡que para todo hay espacio!
(Entra DON LUIS en el cuarto que DON JUAN le señala.) 

   Ya suben.

 (DON JUAN escucha.) 

DON GONZALO

 (Dentro.) 

¿Dónde está?
DON JUAN
Él es.
535

Escena IX

 

DON JUAN y DON GONZALO. 

DON GONZALO
¿Adónde está ese traidor?
DON JUAN
Aquí está, Comendador.
DON GONZALO
¿De rodillas?
DON JUAN
Y a tus pies.
DON GONZALO
   Vil eres hasta en tus crímenes.
DON JUAN
Anciano, la lengua ten, 540
y escúchame un solo instante.
DON GONZALO
¿Qué puede en tu lengua haber
que borre lo que tu mano
escribió en este papel?
¡Ir a sorprender, infame, 545
la cándida sencillez
de quien no pudo el veneno
de esas letras precaver!
¡Derramar en su alma virgen
traidoramente la hiel 550
en que rebosa la tuya
seca de virtud y fe!
¡Proponerse así enlodar
de mis timbres la alta prez,
como si fuera un harapo 555
que desecha un mercader!
¿Ese es el valor, Tenorio,
de que blasonas? ¿Esa es
la proverbial osadía
que te da a el vulgo a temer? 560
¿Con viejos y con doncellas
las muestras…? ¿Y para qué?
¡Vive Dios! Para venir
sus plantas así a lamer,
mostrándote a un tiempo ajeno 565
de valor y de honradez.
DON JUAN
¡Comendador!
DON GONZALO
¡Miserable!
Tú has robado a mi hija Inés
de su convento, y yo vengo
por tu vida o por mi bien. 570
DON JUAN
Jamás delante de un hombre
mi alta cerviz incliné,
ni he suplicado jamás,
ni a mi padre, ni a mi rey.
Y pues conservo a tus plantas 575
la postura en que me ves,
considera, don Gonzalo,
que razón debo tener.
DON GONZALO
Lo que tienes es pavor
de mi justicia.
DON JUAN
¡Pardiez!
580
Óyeme, Comendador,
o tenerme no sabré,
y seré quien siempre he sido
no queriéndolo ahora ser.
DON GONZALO
¡Vive Dios!
DON JUAN
Comendador,
585
yo idolatro a doña Inés,
persuadido de que el cielo
me la quiso conceder
para enderezar mis pasos
por el sendero del bien. 590
No amé la hermosura en ella
ni sus gracias adoré;
lo que adoro es la virtud,
don Gonzalo, en doña Inés.
Lo que justicias ni obispos 595
no pudieron de mí hacer
con cárceles y sermones,
lo pudo su candidez.
Su amor me torna en otro hombre
regenerando mi ser, 600
y ella puede hacer un ángel
de quien un demonio fue.
Escucha, pues, don Gonzalo,
lo que te puede ofrecer
el audaz don Juan Tenorio 605
de rodillas a tus pies.
Yo seré esclavo de tu hija,
en tu casa viviré,
tú gobernarás mi hacienda
diciéndome esto ha de ser. 610
El tiempo que señalares,
en reclusión estaré;
cuantas pruebas exigieres
de mi audacia o mi altivez,
del modo que me ordenares 615
con sumisión te daré.
Y cuando estime tu juicio
que la pueda merecer,
yo la daré un buen esposo
y ella me dará el Edén. 620
DON GONZALO
me he podido contener
oyendo tan torpes pruebas
de tu infame avilantez.
Don Juan, tú eres un cobarde 625
cuando en la ocasión te ves,
y no hay bajeza a que no oses
como te saque con bien.
DON JUAN
¡Don Gonzalo!
DON GONZALO
Y me avergüenzo
de mirarte así a mis pies, 630
lo que apostabas por fuerza
suplicando por merced.
DON JUAN
Todo así se satisface,
don Gonzalo, de una vez.
DON GONZALO
¡Nunca! ¡Nunca! ¿Tú su esposo? 635
Primero la mataré.
Ea, entregádmela al punto,
o, sin poderme valer,
en esa postura vil
el pecho te cruzaré. 640
DON JUAN
Míralo bien, don Gonzalo,
que vas a hacerme perder
con ella hasta la esperanza
de mi salvación tal vez.
DON GONZALO
¿Y qué tengo yo, don Juan, 645
con tu salvación que ver?
DON JUAN
¡Comendador, que me pierdes!
DON GONZALO
¡Mi hija!
DON JUAN
Considera bien
que por cuantos medios pude
te quise satisfacer; 650
y que con armas al cinto
tus denuestos toleré,
proponiéndote la paz
de rodillas a tus pies.

Escena X

 

Dichos y DON LUIS, soltando una carcajada de burla. 

DON LUIS
   Muy bien, don Juan.
DON JUAN
¡Vive Dios!
655
DON GONZALO
¿Quién es ese hombre?
DON LUIS
Un testigo
de su miedo, y un amigo,
Comendador, para vos.
DON JUAN
   ¡Don Luis!
DON LUIS
Ya he visto bastante,
don Juan, para conocer 660
cuál uso puedes hacer
de tu valor arrogante;
   y quien hiere por detrás
y se humilla en la ocasión,
es tan vil como el ladrón 665
que roba y huye.
DON JUAN
¿Esto más?
DON LUIS
   Y pues la ira soberana
de Dios junta, como ves,
al padre de doña Inés
y al vengador de doña Ana, 670
   mira el fin que aquí te espera
cuando a igual tiempo te alcanza
aquí dentro su venganza
y la justicia allá fuera.
DON GONZALO
   ¡Oh! Ahora comprendo… ¿Sois vos 675
el que…?
DON LUIS
Soy don Luis Mejía,
a quien a tiempo os envía
por vuestra venganza Dios.
DON JUAN
   ¡Basta, pues, de tal suplicio!
Si con hacienda y honor 680
ni os muestro ni doy valor
a mi franco sacrificio,
   y la leal solicitud
con que ofrezco cuanto puedo
tomáis, vive Dios, por miedo 685
y os mofáis de mi virtud,
   os acepto el que me dais
plazo breve y perentorio
para mostrarme el Tenorio
de cuyo valor dudáis. 690
DON LUIS
   Sea, y cae a nuestros pies
digno al menos de esa fama
que por tan bravo te aclama.
DON JUAN
Y venza el infierno, pues.
   ¡Ulloa, pues mi alma así 695
vuelves a hundir en el vicio,
cuando Dios me llame a juicio
tú responderás por mí!
(Le da un pistoletazo.) 

DON GONZALO

 (Cayendo.) 

   ¡Asesino!
DON JUAN
¡Y tú, insensato,
que me llamas vil ladrón, 700
di en prueba de tu razón
que cara a cara te mato!
(Riñen, y le da una estocada.) 

DON LUIS

 (Cayendo.) 

   ¡Jesús!
DON JUAN
Tarde tu fe ciega
acude al cielo, Mejía,
y no fue por culpa mía. 705
Pero la justicia llega,
   y a fe que ha de ver quién soy.
CIUTTI

 (Dentro.) 

¡Don Juan!
DON JUAN

 (Asomándose al balcón.) 

¿Quién es?
CIUTTI

 (Dentro.) 

Por aquí;
Salvaos.
DON JUAN
¿Hay paso?
CIUTTI
Sí:
arrojaos.
DON JUAN
Allá voy.
710
   Llamé al cielo, y no me oyó,
y pues sus puertas me cierra,
de mis pasos en la tierra
responda el cielo, y no yo.
(Se arroja por el balcón, y se le oye caer en el agua del río; al mismo tiempo que el ruido de los remos muestra la rapidez del barco en que parte, se oyen golpes en las puertas de la habitación; poco después entra la justicia, soldados, etc.) 

Escena XI

 

Alguaciles, soldados. Luego DOÑA INÉS y BRÍGIDA. 

ALGUACIL 1.º
   El tiro ha sonado aquí. 715
ALGUACIL 2.º
Aún hay humo.
ALGUACIL 1.º
¡Santo Dios!
Aquí hay un cadáver.
ALGUACIL 2.º
Dos.
ALGUACIL 1.º
¿Y el matador?
ALGUACIL 2.º
Por allí.
(Abren el cuarto en que están DOÑA INÉS y BRÍGIDA, y las sacan a la escena; DOÑA INÉS reconoce el cadáver de su padre). 

ALGUACIL 1.º
   ¡Dos mujeres!
DOÑA INÉS
¡Ah! ¡Qué horror!
¡Padre mío!
ALGUACIL 1.º
¡Es su hija!
BRÍGIDA
Sí.
720
DOÑA INÉS
¡Ah! ¿Dó estás, don Juan, que aquí
me olvidas en tal dolor?
ALGUACIL 1.º
   Él le asesinó.
DOÑA INÉS
¡Dios mío!
¿Me guardabas esto más?
ALGUACIL 2.º
Por aquí ese Satanás 725
se arrojó sin duda al río.
ALGUACIL 1.º
   Miradlos… a bordo están
del bergantín calabrés.
TODOS
Justicia por doña Inés.
DOÑA INÉS
Pero no contra don Juan. 730
(Esta escena puede suprimirse en la representación, terminando el acto con el último verso de la anterior.) 

 

Fin de la Parte I. Acto IV.

 


Parte II

Acto I

 

La sombra de doña Inés

 

DON JUAN, el Capitán CENTELLAS, don Rafael de AVELLANEDA, un ESCULTOR, la SOMBRA de doña Inés.
 

Panteón de la familia Tenorio. El teatro representa un magnífico cementerio, hermoseado a manera de jardín. En primer término, aislados y de bulto, los sepulcros de DON GONZALO de Ulloa, de DOÑA INÉS y de DON LUIS Mejía, sobre los cuales se ven sus estatuas de piedra. El sepulcro de DON GONZALO a la derecha, y su estatua de rodillas; el de DON LUIS a la izquierda, y su estatua también de rodillas; el de DOÑA INÉS en el centro, y su estatua al pie. En segundo término otros dos sepulcros en la forma que convenga; y en tercer término y en puesto elevado el sepulcro y la estatua del fundador, DON DIEGO Tenorio, en cuya figura remata la perspectiva de los sepulcros. Una pared llena de nichos y lápidas circuye el cuadro hasta el horizonte. Dos llorones a cada lado de la tumba de doña Inés, dispuestos a servir de la manera que a su tiempo exige el juego escénico. Cipreses y flores de todas clases embellecen la decoración, que no debe tener nada horrible. La acción se supone en una tranquila noche de verano, y alumbrada por una clarísima luna.
 

Escena I

 

El ESCULTOR, disponiéndose a marchar. 

ESCULTOR
   Pues señor, es cosa hecha;
el alma del buen don Diego
puede, a mi ver, con sosiego
reposar muy satisfecha.
   La obra está ya rematada 5
con cuanta suntuosidad
su postrera voluntad
dejó al mundo encomendada.
   Y ya quisieran, ¡pardiez!,
todos los ricos que mueren 10
que su voluntad cumplieren
los vivos, como esta vez.
   Mas ya de marcharme es hora;
todo corriente lo dejo,
y de Sevilla me alejo 15
al despuntar de la aurora.
   ¡Ah, mármoles que mis manos
pulieron con tanto afán!
Mañana os contemplarán
los absortos sevillanos; 20
   y al mirar de este panteón
las gigantes proporciones,
tendrán las generaciones
la nuestra en veneración.
   Mas yendo y viniendo días, 25
se hundirán unas tras otras,
mientra en pie estaréis vosotras,
póstumas memorias mías.
   ¡Oh, frutos de mis desvelos,
peñas a quien yo animé, 30
y por quienes arrostré
la intemperie de los cielos!
   El que forma y ser os dio
va ya a perderos de vista;
velad mi gloria de artista, 35
pues viviréis más que yo.
   Mas… ¿quién llega?

Escena II

 

El ESCULTOR y DON JUAN, que entra embozado. 

ESCULTOR
Caballero…
DON JUAN
Dios le guarde.
ESCULTOR
Perdonad,
mas ya es tarde, y…
DON JUAN
Aguardad
un instante, porque quiero 40
   que me expliquéis…
ESCULTOR
¿Por acaso
sois forastero?
DON JUAN
Años ha
que falto de España ya,
y me chocó el ver al paso,
   cuando a esas verjas llegué, 45
que encontraba este recinto
enteramente distinto
de cuando yo lo dejé.
ESCULTOR
   ¡Ya lo creo! Como que esto
era entonces un palacio, 50
y hoy es panteón el espacio
donde aquél estuvo puesto.
DON JUAN
   ¡El palacio hecho panteón!
ESCULTOR
Tal fue de su antiguo dueño
la voluntad, y fue empeño 55
que dio al mundo admiración.
DON JUAN
   ¡Y, por Dios, que es de admirar!
ESCULTOR
Es una famosa historia,
a la cual debo mi gloria.
DON JUAN
¿Me la podéis relatar? 60
ESCULTOR
   Sí; aunque muy sucintamente,
pues me aguardan.
DON JUAN
Sea.
ESCULTOR
Oíd
la verdad pura.
DON JUAN
Decid,
que me tenéis impaciente.
ESCULTOR
   Pues habitó esta ciudad 65
y este palacio, heredado,
un varón muy estimado
por su noble calidad.
DON JUAN
   Don Diego Tenorio.
ESCULTOR
El mismo.
Tuvo un hijo este don Diego 70
peor mil veces que el fuego,
un aborto del abismo.
   Un mozo sangriento y cruel,
que con tierra y cielo en guerra,
dicen que nada en la tierra 75
fue respetado por él.
   Quimerista, seductor
y jugador con ventura,
no hubo para él segura
vida, ni hacienda, ni honor. 80
   Así le pinta la historia,
y si tal era, por cierto
que obró cuerdamente el muerto
para ganarse la gloria.
DON JUAN
   ¿Pues cómo obró?
ESCULTOR
Dejó entera
85
su hacienda al que la empleara
en un panteón que asombrara
a la gente venidera.
   Mas con condición, que dijo,
que se enterraran en él 90
los que a la mano cruel
sucumbieron de su hijo.
   Y mirad en derredor
los sepulcros de los más
de ellos.
DON JUAN
¿Y vos sois quizás
95
el conserje?
ESCULTOR
El escultor
   de estas obras encargado.
DON JUAN
¡Ah! ¿Y las habéis concluido?
ESCULTOR
Ha un mes; mas me he detenido
hasta ver ese enverjado 100
   colocado en su lugar;
pues he querido impedir
que pueda el vulgo venir
este sitio a profanar.
DON JUAN

 (Mirando.) 

   ¡Bien empleó sus riquezas 105
El difunto!
ESCULTOR
¡Ya lo creo!
Miradle allí.
DON JUAN
Ya le veo.
ESCULTOR
¿Le conocisteis?
DON JUAN
Sí.
ESCULTOR
Piezas
   son todas muy parecidas,
y a conciencia trabajadas. 110
DON JUAN
¡Cierto que son extremadas!
ESCULTOR
¿Os han sido conocidas
   las personas?
DON JUAN
Todas ellas.
ESCULTOR
¿Y os parecen bien?
DON JUAN
Sin duda,
según lo que a ver me ayuda 115
el fulgor de las estrellas.
ESCULTOR
   ¡Oh! Se ven como de día
con esta luna tan clara.
Esta es mármol de Carrara.

 (Señalando a la de DON LUIS.) 

DON JUAN
¡Buen busto es el de Mejía! 120
   ¡Hola! Aquí el Comendador
se representa muy bien.
ESCULTOR
Yo quise poner también
la estatua del matador
   entre sus víctimas; pero 125
no pude a manos haber
su retrato. Un Lucifer
dicen que era el caballero
   don Juan Tenorio.
DON JUAN
¡Muy malo!
Mas, como pudiera hablar, 130
le había algo de abonar
la estatua de don Gonzalo.
ESCULTOR
   ¿También habéis conocido
a don Juan?
DON JUAN
Mucho.
ESCULTOR
Don Diego
le abandonó desde luego 135
desheredándole.
DON JUAN
Ha sido
   para don Juan poco daño
ése, porque la fortuna
va tras él desde la cuna.
ESCULTOR
Dicen que ha muerto.
DON JUAN
Es engaño;
140
   vive.
ESCULTOR
¿Y dónde?
DON JUAN
Aquí, en Sevilla.
ESCULTOR
¿Y no teme que el furor
popular…?
DON JUAN
En su valor
no ha echado el miedo semilla.
ESCULTOR
   Mas cuando vea el lugar 145
en que está ya convertido
el solar que suyo ha sido,
no osará en Sevilla estar.
DON JUAN
   Antes ver tendrá a fortuna
en su casa reunidas 150
personas de él conocidas,
puesto que no odia a ninguna.
ESCULTOR
   ¿Creéis que ose aquí venir?
DON JUAN
¿Por qué no? Pienso, a mi ver,
que donde vino a nacer 155
justo es que venga a morir.
   Y pues le quitan su herencia
para enterrar a éstos bien,
a él es muy justo también
que le entierren con decencia. 160
ESCULTOR
   Sólo a él le está prohibida
en este panteón la entrada.
DON JUAN
Trae don Juan muy buena espada,
y no sé quién se lo impida.
ESCULTOR
   ¡Jesús! ¡Tal profanación! 165
DON JUAN
Hombre es don Juan que, a querer,
volverá el palacio hacer
encima del panteón.
ESCULTOR
   ¿Tan audaz ese hombre es
que aún a los muertos se atreve? 170
DON JUAN
¿Qué respetos gastar debe
con los que tendió a sus pies?
ESCULTOR
   ¿Pero no tiene conciencia
ni alma ese hombre?
DON JUAN
Tal vez no;
que al cielo una vez llamó 175
con voces de penitencia,
   y el cielo en trance tan fuerte
allí mismo le metió,
que a dos inocentes dio,
para salvarse, la muerte. 180
ESCULTOR
   ¡Qué monstruo, supremo Dios!
DON JUAN
Podéis estar convencido
de que Dios no le ha querido.
ESCULTOR
Tal será.

 (Aparte.) 

¿Y quién será el que a don Juan
abona con tanto brío? 185
Caballero, a pesar mío,
como aguardándome están…
DON JUAN
   Idos, pues, enhorabuena.
ESCULTOR
He de cerrar.
DON JUAN
No cerréis,
y marchaos.
ESCULTOR
¿Mas no veis…?
190
DON JUAN
Veo una noche serena
   y un lugar que me acomoda
para gozar su frescura,
y aquí he de estar a mi holgura,
si pesa a Sevilla toda. 195
ESCULTOR

 (Aparte.) 

   ¿Si acaso padecerá
de locura desvaríos?
DON JUAN

 (Dirigiéndose a las estatuas.) 

Ya estoy aquí, amigos míos.
ESCULTOR
¿No lo dije? Loco está.
DON JUAN
   Mas, ¡cielos!, ¿qué es lo que veo? 200
¡O es ilusión de mi vista,
o a doña Inés el artista
aquí representa creo!
ESCULTOR
   Sin duda.
DON JUAN
¿También murió?
ESCULTOR
Dicen que de sentimiento 205
cuando de nuevo al convento
abandonada volvió
   por don Juan.
DON JUAN
¿Y yace aquí?
ESCULTOR
Sí.
DON JUAN
¿La visteis muerta vos?
ESCULTOR
Sí.
DON JUAN
¿Cómo estaba?
ESCULTOR
¡Por Dios,
210
que dormida la creí!
   La muerte fue tan piadosa
con su cándida hermosura,
que la envió con frescura
y las tintas de la rosa. 215
DON JUAN
   ¡Ah! Mal la muerte podría
deshacer con torpe mano
el semblante soberano
que un ángel envidiaría.
   ¡Cuán bella y cuán parecida 220
su efigie en el mármol es!
¡Quién pudiera, doña Inés,
volver a darte la vida!
   ¿Es obra del cincel vuestro?
ESCULTOR
Como todas las demás. 225
DON JUAN
Pues bien merece algo más
un retrato tan maestro.
   Tomad.
ESCULTOR
¿Qué me dais aquí?
DON JUAN
¿No lo veis?
ESCULTOR
Mas… caballero…
¿por qué razón…?
DON JUAN
Porque quiero
230
yo que os acordéis de mí.
ESCULTOR
   Mirad que están bien pagadas.
DON JUAN
Así lo estarán mejor.
ESCULTOR
Mas vamos de aquí, señor,
que aún las llaves entregadas 235
   no están, y al salir la aurora
tengo que partir de aquí.
DON JUAN
Entregádmelas a mí,
y marchaos desde ahora.
ESCULTOR
   ¿A vos?
DON JUAN
A mí; ¿qué dudáis?
240
ESCULTOR
Como no tengo el honor…
DON JUAN
Ea, acabad, escultor.
ESCULTOR
Si el nombre al menos que usáis
   supiera…
DON JUAN
¡Viven los cielos!
Dejad a don Juan Tenorio 245
velar el lecho mortuorio
en que duermen sus abuelos.
ESCULTOR
   ¡Don Juan Tenorio!
DON JUAN
Yo soy,
y si no me satisfaces,
compañía juro que haces 250
a tus estatuas desde hoy.
ESCULTOR

 (Alargándole las llaves.) 

   Tomad.

 (Aparte.) 

No quiero la piel
dejar aquí entre sus manos.
Ahora que los sevillanos
se las compongan con él. 255
(Vase.) 

Escena III

 

DON JUAN, solo. 

DON JUAN
   Mi buen padre empleó en esto
entera la hacienda mía;
hizo bien; yo al otro día
la hubiera a una carta puesto.

 (Pausa.) 

   No os podréis quejar de mí, 260
vosotros a quien maté;
si buena vida os quité,
buena sepultura os dí.
   ¡Magnífica es en verdad
la idea del tal panteón! 265
Y… siento que el corazón
me halaga esta soledad.
   ¡Hermosa noche…! ¡Ay de mí!
¡Cuántas como ésta tan puras
en infames aventuras 270
desatinado perdí!
   ¡Cuántas al mismo fulgor
de esa luna transparente,
arranqué a algún inocente
la existencia o el honor! 275
   Sí; después de tantos años
cuyos recuerdos espantan,
siento que aquí se levantan

 (Señalando a la frente.) 

pensamientos en mí extraños.
   ¡Oh! Acaso me lo[s ] inspira 280
desde el cielo, en donde mora,
esa sombra protectora
que por mi mal no respira.

 (Se dirige a la estatua de DOÑA INÉS, hablándola con respeto.) 

   ¡Mármol en quien doña Inés
en cuerpo sin alma existe, 285
deja que el alma de un triste
llore un momento a tus pies!
De azares mil a través
conservé tu imagen pura;
y pues la mala ventura 290
te asesinó de don Juan,
contempla con cuánto afán
vendrá hoy a tu sepultura.
   En ti nada más pensó
desde que se fue de ti; 295
y desde que huyó de aquí,
sólo en volver meditó.
Don Juan tan sólo esperó
de doña Inés su ventura,
y hoy que en pos de su hermosura 300
vuelve el infeliz don Juan,
mira cuál será su afán
al dar con tu sepultura.
   Inocente doña Inés,
cuya hermosa juventud 305
encerró en el ataúd
quien llorando está a tus pies;
si de esa piedra a través
puedes mirar la amargura
del alma que tu hermosura 310
adoró con tanto afán,
prepara un lado a don Juan
en tu misma sepultura.
   Dios te crió por mi bien,
por ti pensé en la virtud, 315
adoré su excelsitud,
y anhelé su santo Edén.
Sí; aún hoy mismo en ti también
mi esperanza se asegura,
y oigo una voz que murmura 320
en derredor de don Juan
palabras con que su afán
se calma en tu sepultura.
   ¡Oh, doña Inés de mi vida!
Si esa voz con quien deliro 325
es el postrimer suspiro
de tu eterna despedida;
si es que de ti desprendida
llega esa voz a la altura,
y hay un Dios tras de esa anchura 330
por donde los astros van,
dile que mire a don Juan
llorando en tu sepultura.
(Se apoya en el sepulcro, ocultando el rostro; y mientras se conserva en esta postura, un vapor que se levanta del sepulcro oculta la estatua de DOÑA INÉS. Cuando el vapor se desvanece, la estatua ha desaparecido. DON JUAN sale de su enajenamiento.) 

   Este mármol sepulcral
adormece mi vigor, 335
y sentir creo en redor
un ser sobrenatural.
Mas… ¡cielos! ¡El pedestal
no mantiene su escultura!
¿Qué es esto? Aquella figura 340
¿fue creación de mi afán?

Escena IV

 

DON JUAN y la SOMBRA de doña Inés. El llorón y las flores de la izquierda del sepulcro de DOÑA INÉS se cambian en una apariencia, dejando ver dentro de ella, y en medio de resplandores, la SOMBRA de doña Inés. 

SOMBRA
No; mi espíritu, don Juan,
te aguardó en mi sepultura.
DON JUAN

 (De rodillas.) 

   ¡Doña Inés! ¡Sombra querida,
alma de mi corazón, 345
no me quites la razón
si me has de dejar la vida!
Si eres imagen fingida,
sólo hija de mi locura,
no aumentes mi desventura 350
burlando mi loco afán.
SOMBRA
Yo soy doña Inés, don Juan,
que te oyó en su sepultura.
DON JUAN
   ¿Conque vives?
SOMBRA
Para ti;
mas tengo mi purgatorio 355
en ese mármol mortuorio
que labraron para mí.
Yo a Dios mi alma ofrecí
en precio de tu alma impura;
y Dios, al ver la ternura 360
con que te amaba mi afán,
me dijo: «Espera a don Juan
en tu misma sepultura.
   Y pues quieres ser tan fiel
a un amor de Satanás, 365
con don Juan te salvarás,
o te perderás con él.
Por él vela; mas si cruel
te desprecia tu ternura,
y en su torpeza y locura 370
sigue con bárbaro afán,
llévese tu alma don Juan
de tu misma sepultura».
DON JUAN

 (Fascinado.) 

   ¡Yo estoy soñando quizás
con las sombras de un Edén! 375
SOMBRA
No; y ve que si piensas bien,
a tu lado me tendrás;
mas si obras mal, causarás
nuestra eterna desventura.
Y medita con cordura 380
que es esta noche, don Juan,
el espacio que nos dan
para buscar sepultura.
   Adiós, pues; y en la ardua lucha
en que va a entrar tu existencia, 385
de tu dormida conciencia
la voz que va a alzarse escucha,
porque es de importancia mucha
meditar con sumo tiento
la elección de aquel momento 390
que, sin poder evadirnos,
al mal o al bien ha de abrirnos
la losa del monumento.
(Se cierra la apariencia; desaparece DOÑA INÉS, y todo queda como al principio del acto, menos la estatua de DOÑA INÉS, que no vuelve a su lugar. DON JUAN queda atónito.) 

 

Escena V

 

DON JUAN, solo. 

DON JUAN
   ¡Cielos! ¿Qué es lo que escuché?
¡Hasta los muertos así 395
dejan sus tumbas por mí!
Mas, sombra, delirio fue.
Yo en mi mente lo forjé;
la imaginación le dio
la forma en que se mostró, 400
y ciego, vine a creer
en la realidad de un ser
que mi mente fabricó.
   Mas nunca de modo tal
fanatizó mi razón 405
mi loca imaginación
con su poder ideal.
Sí; algo sobrenatural
vi en aquella doña Inés
tan vaporosa, a través 410
aun de esa enramada espesa;
mas… ¡bah!, circunstancia es ésa
que propia de sombra es.
   ¿Qué más diáfano y sutil
que las quimeras de un sueño? 415
¿Dónde hay nada más risueño,
más flexible y más gentil?
¿Y no pasa veces mil
que, en febril exaltación,
ve nuestra imaginación 420
como ser y realidad
la vacía vanidad
de una anhelada ilusión?
   ¡Sí, por Dios; delirio fue!
Mas su estatua estaba aquí. 425
Sí; yo la vi y la toqué,
y aun en albricias le dí
al escultor, no sé qué.
¡Y ahora sólo el pedestal
veo en la urna funeral! 430
¡Cielos! ¿La mente me falta,
o de improviso me asalta
algún vértigo infernal?
   ¿Qué dijo aquella visión?
¡Oh! Yo la oí claramente, 435
y su voz triste y doliente
resonó en mi corazón.
¡Ah! ¡Y breves las horas son
del plazo que nos augura!
¡No, no; de mi calentura 440
delirio insensato es!
Mi fiebre fue a doña Inés
quien abrió la sepultura.
   ¡Pasad y desvaneceos;
pasad, siniestros vapores 445
de mis perdidos amores
y mis fallidos deseos!
¡Pasad, vanos devaneos
de un amor muerto al nacer;
no me volváis a traer 450
entre vuestro torbellino
ese fantasma divino
que recuerda a una mujer!
   ¡Ah!, estos sueños me aniquilan,
mi cerebro se enloquece… 455
¡y esos mármoles parece
que estremecidos vacilan!
(Las estatuas se mueven lentamente, y vuelven la cabeza hacia él.) 

¡Sí, sí; sus bustos oscilan,
su vago contorno medra…!
Pero don Juan no se arredra. 460
¡Alzaos, fantasmas vanos,
y os volveré con mis manos
a vuestros lechos de piedra!
   No; no me causan pavor
vuestros semblantes esquivos; 465
jamás, ni muertos ni vivos,
humillaréis mi valor.
Yo soy vuestro matador,
como al mundo es bien notorio;
si en vuestro alcázar mortuorio 470
me aprestáis venganza fiera,
daos prisa, que aquí os espera
otra vez don Juan Tenorio.

 

Escena VI

 

DON JUAN, el Capitán CENTELLAS y AVELLANEDA. 

CENTELLAS
   ¿Don Juan Tenorio?

 (Dentro.) 

DON JUAN

 (Volviendo en sí.) 

¿Qué es eso?
¿Quién me repite mi nombre? 475
AVELLANEDA

 (Saliendo.) 

¿Veis a alguien?

 (A CENTELLAS.) 

CENTELLAS

 (Saliendo.) 

Sí; allí hay un hombre.
DON JUAN
¿Quién va?
AVELLANEDA
Él es.
CENTELLAS

  (Yéndose a DON JUAN.) 

Yo pierdo el seso
   con la alegría. ¡Don Juan!
AVELLANEDA
¡Señor Tenorio!
DON JUAN
¡Apartaos,
vanas sombras!
CENTELLAS
Reportaos,
480
señor don Juan… Los que están
   en vuestra presencia ahora,
no son sombras, hombres son,
y hombres cuyo corazón
vuestra amistad atesora. 485
   A la luz de las estrellas
os hemos reconocido,
y un abrazo hemos venido
a daros.
DON JUAN
Gracias, Centellas.
CENTELLAS
   Mas… ¿qué tenéis? Por mi vida 490
que os tiembla el brazo, y está
vuestra faz descolorida.
DON JUAN
La luna tal vez lo hará.

 (Recobrando su aplomo.) 

AVELLANEDA
   Mas, don Juan, ¿qué hacéis aquí?
¿Este sitio conocéis? 495
DON JUAN
¿No es un panteón?
CENTELLAS
¿Y sabéis
a quién pertenece?
DON JUAN
A mí;
   mirad a mi alrededor,
y no veréis más que amigos
de mi niñez, o testigos 500
de mi audacia y mi valor.
CENTELLAS
   Pero os oímos hablar:
¿con quién estabais?
DON JUAN
Con ellos.
CENTELLAS
¿Venís aún a escarnecellos?
DON JUAN
No; los vengo a visitar. 505
   Mas un vértigo insensato
que la mente me asaltó,
un momento me turbó;
y a fe que me dio un mal rato.
   Esos fantasmas de piedra 510
me amenazaban tan fieros,
que a mí acercado no haberos
pronto…
CENTELLAS
¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¿Os arredra,
   don Juan, como a los villanos,
el temor de los difuntos? 515
DON JUAN
No a fe; contra todos juntos
tengo aliento y tengo manos.
   Si volvieran a salir
de las tumbas en que están,
a las manos de don Juan 520
volverían a morir.
   Y desde aquí en adelante
sabed, señor capitán,
que yo soy siempre don Juan,
y no hay cosa que me espante. 525
   Un vapor calenturiento
un punto me fascinó,
Centellas, mas ya pasó;
cualquiera duda un momento.
AVELLANEDA y
CENTELLAS
   Es verdad.
DON JUAN
Vamos de aquí.
530
CENTELLAS
Vamos, y nos contaréis
cómo a Sevilla volvéis
tercera vez.
DON JUAN
Lo haré así.
   Si mi historia os interesa,
a fe que oírse merece, 535
aunque mejor me parece
que la oigáis de sobremesa.
   ¿No opináis…?
AVELLANEDA y
CENTELLAS
Como gustéis.
DON JUAN
Pues bien; cenaréis conmigo,
y en mi casa.
CENTELLAS
Pero digo:
540
¿es cosa de que dejéis
   algún huésped por nosotros?
¿No tenéis gato encerrado?
DON JUAN
¡Bah! Si apenas he llegado;
no habrá allí más que vosotros 545
   esta noche.
CENTELLAS
¿Y no hay tapada
a quien algún plantón demos?
DON JUAN
Los tres solos cenaremos.
Digo, si de esta jornada
   no quiere igualmente ser 550
alguno de éstos.

 (Señalando a las estatuas de los sepulcros.) 

CENTELLAS
Don Juan,
dejad tranquilos yacer
a los que con Dios están.
DON JUAN
   ¡Hola! ¿Parece que vos
sois ahora el que teméis 555
y mala cara ponéis
a los muertos? ¡Mas, por Dios,
   que ya que de mí os burlasteis
cuando me visteis así,
en lo que penda de mí 560
os mostraré cuánto errasteis!
   Por mí, pues, no ha de quedar;
y, a poder ser, estad ciertos
que cenaréis con los muertos,
y os los voy a convidar. 565
AVELLANEDA
   Dejaos de esas quimeras.
DON JUAN
¿Duda en mi valor ponerme,
cuando hombre soy para hacerme
platos de sus calaveras?
   Yo a nada tengo pavor; 570
(Dirigiéndose a la ESTATUA de don Gonzalo, que es la que tiene más cerca.)  

tú eres el más ofendido:
mas, si quieres, te convido
a cenar, Comendador.
   Que no lo puedas hacer
creo, y es lo que me pesa; 575
mas, por mi parte, en la mesa
te haré un cubierto poner.
   Y a fe que favor me harás,
pues podré saber de ti
si hay más mundo que el de aquí 580
y otra vida, en que jamás,
a decir verdad, creí.
CENTELLAS
   Don Juan, eso no es valor:
locura, delirio es.
DON JUAN
Como lo juzguéis mejor; 585
yo cumplo así. Vamos, pues.
Lo dicho, Comendador.

Fin de la Parte II. Acto I.

 


Parte II

Acto II

La estatua de don Gonzalo

 

DON JUAN, CENTELLAS, AVELLANEDA, CIUTTI, la SOMBRA de doña Inés, la ESTATUA de don Gonzalo.
 

Aposento de DON JUAN Tenorio. Dos puertas en el fondo a derecha e izquierda preparadas para el juego escénico del acto. Otra puerta en el bastidor que cierra la decoración por la izquierda. Ventana en el de la derecha. Al alzarse el telón están sentados a la mesa DON JUAN, CENTELLAS y AVELLANEDA. La mesa ricamente servida, el mantel cogido con guirnaldas de flores, etc. Enfrente del espectador, DON JUAN, y a su izquierda AVELLANEDA; en el lado izquierdo de la mesa, CENTELLAS, y en el de enfrente de éste, una silla y un cubierto desocupado.
 

Escena I

 

DON JUAN, el Capitán CENTELLAS, AVELLANEDA, CIUTTI y un PAJE. 

DON JUAN
   Tal es mi historia, señores;
pagado de mi valor,
quiso el mismo Emperador
dispensarme sus favores.
   Y aunque oyó mi historia entera, 5
dijo: «Hombre de tanto brío
merece el amparo mío;
vuelva a España cuando quiera»;
   y heme aquí en Sevilla ya.
CENTELLAS
¡Y con qué lujo y riqueza! 10
DON JUAN
Siempre vive con grandeza
quien hecho a grandeza está.
CENTELLAS
   A vuestra vuelta.
DON JUAN
Bebamos.
CENTELLAS
Lo que no acierto a creer
es cómo llegando ayer 15
ya establecido os hallamos.
DON JUAN
   Fue el adquirirme, señores,
tal casa con tal boato,
porque se vendió a barato
para pago de acreedores. 20
   Y como al llegar aquí
desheredado me hallé,
tal como está la compré.
CENTELLAS
¿Amueblada y todo?
DON JUAN
Sí;
   un necio que se arruinó 25
por una mujer, vendiola.
CENTELLAS
¿Y vendió la hacienda sola?
DON JUAN
Y el alma al diablo.
CENTELLAS
¿Murió?
DON JUAN
   De repente; y la justicia,
que iba a hacer de cualquier modo 30
pronto despacho de todo,
viendo que yo su codicia
   saciaba, pues los dineros
ofrecía dar al punto,
cediome el caudal por junto 35
y estafó a los usureros.
CENTELLAS
   Y la mujer, ¿qué fue de ella?
DON JUAN
Un escribano la pista
la siguió, pero fue lista
y escapó.
CENTELLAS
¿Moza?
DON JUAN
Y muy bella.
40
CENTELLAS
   Entrar hubiera debido
en los muebles de la casa.
DON JUAN
Don Juan Tenorio no pasa
moneda que se ha perdido.
   Casa y bodega he comprado; 45
dos cosas que, no os asombre,
pueden bien hacer a un hombre
vivir siempre acompañado;
   como lo puede mostrar
vuestra agradable presencia, 50
que espero que con frecuencia
me hagáis ambos disfrutar.
CENTELLAS
   Y nos haréis honra inmensa.
DON JUAN
Y a mí vos. ¡Ciutti!
CIUTTI
Señor.
DON JUAN
Pon vino al Comendador. 55

 (Señalando al vaso del puesto vacío.) 

CENTELLAS
Don Juan, ¿aún en eso piensa
   vuestra locura?
DON JUAN
¡Sí, a fe!
Que si él no puede venir,
de mí no podréis decir
que en ausencia no le honré. 60
CENTELLAS
   ¡Ja! ¡ja! ¡ja! Señor Tenorio,
creo que vuestra cabeza
va menguando en fortaleza.
DON JUAN
Fuera en mí contradictorio
   y ajeno de mi hidalguía 65
a un amigo convidar,
y no guardarle el lugar
mientras que llegar podría.
   Tal ha sido mi costumbre
siempre, y siempre ha de ser ésa; 70
y al mirar sin él la mesa,
me da en verdad pesadumbre.
   Porque si el Comendador
es difunto tan tenaz
como vivo, es muy capaz 75
de seguirnos el humor.
CENTELLAS
   Brindemos a su memoria,
y más en él no pensemos.
DON JUAN
Sea.
CENTELLAS
Brindemos.
AVELLANEDA y
DON JUAN
Brindemos.
CENTELLAS
A que Dios le dé su gloria. 80
DON JUAN
   Mas yo, que no creo que haya
más gloria que esta mortal,
no hago mucho en brindis tal;
mas por complaceros, ¡vaya!
   Y brindo a que Dios te dé 85
la gloria, Comendador.
(Mientras beben se oye lejos un aldabonazo, que se supone dado en la puerta de la calle.) 

Mas, ¿llamaron?
CIUTTI
Sí, señor.
DON JUAN
Ve quién.
CIUTTI

 (Asomándose por la ventana.) 

A nadie se ve.
   ¿Quién va allá? Nadie responde.
CENTELLAS
Algún chusco.
AVELLANEDA
Algún menguado
90
que al pasar habrá llamado
sin mirar siquiera dónde.
DON JUAN

  (A CIUTTI.) 

   Pues cierra y sirve licor.
(Llaman otra vez más recio.) 

Mas llamaron otra vez.
CIUTTI
Sí.
DON JUAN
Vuelve a mirar.
CIUTTI
¡Pardiez!
95
A nadie veo, señor.
DON JUAN
   Pues, por Dios, que del bromazo
quien es no se ha de alabar.
Ciutti, si vuelve a llamar,
suéltale un pistoletazo. 100
(Llaman otra vez, y se oye un poco más cerca.) 

   ¿Otra vez?
CIUTTI
¡Cielos!
CENTELLAS
¿Qué pasa?
CIUTTI
Que esa aldabada postrera
ha sonado en la escalera,
no en la puerta de la casa.
AVELLANEDA y
CENTELLAS
   ¿Qué dices?

 (Levantándose asombrados.) 

CIUTTI
Digo lo cierto,
105
nada más; dentro han llamado
de la casa.
DON JUAN
¿Qué os ha dado?
¿Pensáis que sea ya el muerto?
   Mis armas cargué con bala;
Ciutti, sal a ver quién es. 110
(Vuelven a llamar más cerca.) 

AVELLANEDA
¿Oisteis?
CIUTTI
Por San Ginés,
que eso ha sido en la antesala.
DON JUAN
   ¡Ah! Ya lo entiendo, me habéis
vosotros mismos dispuesto
esta comedia, supuesto 115
que lo del muerto sabéis.
AVELLANEDA
   Yo os juro, don Juan…
CENTELLAS
Y yo.
DON JUAN
¡Bah! Diera en ello el más topo;
y apuesto a que ese galopo
los medios para ello os dio. 120
AVELLANEDA
   Señor don Juan, escondido
algún misterio hay aquí.
(Vuelven a llamar más cerca.) 
 
CENTELLAS
¡Llamaron otra vez!
CIUTTI
Sí,
y ya en el salón ha sido.
DON JUAN
   ¡Ya! Mis llaves en manojo 125
habréis dado a la fantasma,
y que entre así no me pasma;
mas no saldrá a vuestro antojo,
   ni me han de impedir cenar
vuestras farsas desdichadas. 130
(Se levanta y corre los cerrojos de la puerta del fondo, volviendo a su lugar.) 
 
Ya están las puertas cerradas;
ahora el coco, para entrar,
   tendrá que echarlas al suelo,
y en el punto que lo intente,
que con los muertos se cuente, 135
y apele después al cielo.
CENTELLAS
   ¡Qué diablos, tenéis razón!
DON JUAN
¿Pues no temblabais?
CENTELLAS
Confieso
que en tanto que no dí en eso,
tuve un poco de aprensión. 140
DON JUAN
   ¿Declaráis, pues, vuestro enredo?
AVELLANEDA
Por mi parte nada sé.
CENTELLAS
Ni yo.
DON JUAN
Pues yo volveré
contra el inventor el miedo.
   Mas, sigamos con la cena; 145
vuelva cada uno a su puesto,
que luego sabremos de esto.
AVELLANEDA
Tenéis razón.
DON JUAN

  (Sirviendo a CENTELLAS.) 

Cariñena;
   sé que os gusta, capitán.
CENTELLAS
Como que somos paisanos. 150
DON JUAN

  (A AVELLANEDA, sirviéndole de otra botella.) 

Jerez a los sevillanos,
don Rafael.
AVELLANEDA
Hais, don Juan,
   dado a entrambos por el gusto;
mas, ¿con cuál brindaréis vos?
DON JUAN
Yo haré justicia a los dos. 155
CENTELLAS
Vos siempre estáis en lo justo.
DON JUAN
   Sí, a fe; bebamos.
AVELLANEDA y
CENTELLAS
Bebamos.
(Llaman a la misma puerta de la escena, fondo derecha.) 
 
DON JUAN
Pesada me es ya la broma;
mas veremos quién asoma
mientras en la mesa estamos. 160

 (A CIUTTI, que se manifiesta asombrado.) 

   ¿Y qué haces tú ahí, bergante?
¡Listo! Trae otro manjar;
(Vase CIUTTI.) 
 
mas me ocurre en este instante
que nos podemos mofar
   de los de afuera, invitándoles 165
a probar su sutileza,
entrándose hasta esta pieza
y sus puertas no franqueándoles.
AVELLANEDA
   Bien dicho.
CENTELLAS
Idea brillante.
(Llaman fuerte, fondo derecha.) 
 
DON JUAN
¡Señores! ¿A qué llamar? 170
Los muertos se han de filtrar
por la pared; adelante.
(La ESTATUA de don Gonzalo pasa por la puerta, sin abrirla y sin hacer ruido.) 
 

Escena II

 

DON JUAN, CENTELLAS, AVELLANEDA y la ESTATUA de don Gonzalo. 
 
CENTELLAS
   ¡Jesús!
AVELLANEDA
¡Dios mío!
DON JUAN
¡Qué es esto!
AVELLANEDA
Yo desfallezco.

 (Cae desvanecido.) 

CENTELLAS
Yo expiro.

 (Cae lo mismo.) 

DON JUAN
¡Es realidad, o deliro! 175
Es su figura… su gesto.
ESTATUA
   ¿Por qué te causa pavor
quien convidado a tu mesa
viene por ti?
DON JUAN
¡Dios! ¿No es ésa
la voz del Comendador? 180
ESTATUA
   Siempre supuse que aquí
no me habías de esperar.
DON JUAN
Mientes, porque hice arrimar
esa silla para ti.
   Llega, pues, para que veas
que, aunque dudé en un extremo
de sorpresa, no te temo,
aunque el mismo Ulloa seas.
ESTATUA
   ¿Aún lo dudas?
DON JUAN
No lo sé.
ESTATUA
Pon, si quieres, hombre impío, 190
tu mano en el mármol frío
de mi estatua.
DON JUAN
¿Para qué?
   Me basta oírlo de ti;
cenemos, pues; mas te advierto…
ESTATUA
¿Qué?
DON JUAN
Que si no eres el muerto,
195
lo vas a salir de aquí.
   ¡Ea! Alzad.

 (A CENTELLAS y a AVELLANEDA.) 

ESTATUA
No pienses, no,
que se levanten, don Juan,
porque en sí no volverán
hasta que me ausente yo. 200
   Que la divina clemencia
del Señor para contigo,
no requiere más testigo
que tu juicio y tu conciencia.
   Al sacrílego convite 205
que me has hecho en el panteón,
para alumbrar tu razón
Dios asistir me permite.
   Y heme que vengo en su nombre
a enseñarte la verdad; 210
y es: que hay una eternidad
tras de la vida del hombre.
   Que numerados están
los días que has de vivir,
y que tienes que morir 215
mañana mismo, don Juan.
   Mas, como esto que a tus ojos
está pasando, supones
ser del alma aberraciones
y de la aprensión antojos, 220
   Dios en su santa clemencia
te concede todavía
un plazo hasta el nuevo día
para ordenar tu conciencia.
   Y su justicia infinita 225
por que conozcas mejor,
espero de tu valor
que me pagues la visita.
   ¿Irás, don Juan?
DON JUAN
Iré, sí;
mas me quiero convencer 230
de lo vago de tu ser
antes que salgas de aquí.

 (Coge una pistola.) 

ESTATUA
   Tu necio orgullo delira,
don Juan; los hierros más gruesos
y los muros más espesos 235
se abren a mi paso; mira.
(Desaparece la ESTATUA sumiéndose por la pared.) 

Escena III

 

DON JUAN, AVELLANEDA y CENTELLAS. 

DON JUAN
   ¡Cielos! ¡Su esencia se trueca
el muro hasta penetrar
cual mancha de agua que seca
el ardor canicular! 240
   ¿No me dijo: «El mármol toca
de mi estatua»? ¿Cómo, pues,
se desvanece una roca?
¡Imposible! Ilusión es.
   Acaso su antiguo dueño 245
mis cubas envenenó,
y el licor tan vano ensueño
en mi mente levantó.
   Mas si estas que sombras creo
espíritus reales son 250
que por celestial empleo
llaman a mi corazón,
   entonces, para que iguale
su penitencia don Juan
con sus delitos, ¿qué vale 255
el plazo ruin que le dan…?
   ¡Dios me da tan sólo un día…!
Si fuese Dios en verdad,
a más distancia pondría
su aviso a mi eternidad. 260
   «Piensa bien que al lado tuyo
me tendrás…», dijo de Inés
la sombra; y si bien arguyo,
pues no la veo, sueño es.
(Transparéntase en la pared la SOMBRA de doña Inés.) 

 

Escena IV

 

DON JUAN, la SOMBRA de doña Inés, CENTELLAS y AVELLANEDA dormidos. 

SOMBRA
   Aquí estoy.
DON JUAN
¡Cielos!
SOMBRA
Medita
265
lo que al buen Comendador
has oído, y ten valor
para acudir a su cita.
Un punto se necesita
para morir con ventura: 270
elígele con cordura,
porque mañana, don Juan,
nuestros cuerpos dormirán
en la misma sepultura.
(Desaparece la SOMBRA.) 

 

Escena V

 

DON JUAN, CENTELLAS y AVELLANEDA. 

DON JUAN
   Tente, doña Inés, espera; 275
y si me amas en verdad,
hazme al fin la realidad
distinguir de la quimera.
Alguna más duradera
señal dame, que segura 280
me pruebe que no es locura
lo que imagina mi afán,
para que baje don Juan
tranquilo a la sepultura.
   Mas ya me irrita, por Dios, 285
el verme siempre burlado,
corriendo desatentado
de varias sombras en pos.
   ¡Oh! Tal vez todo esto ha sido
por estos dos preparado, 290
y mientras se ha ejecutado
su privación han fingido.
   Mas, por Dios, que, si es así,
se han de acordar de don Juan.
¡Eh! don Rafael, capitán, 295
ya basta: alzaos de ahí.
(DON JUAN mueve a CENTELLAS y a AVELLANEDA, que se levantan como quien vuelve de un profundo sueño.) 

CENTELLAS
   ¿Quién va?
DON JUAN
Levantad.
AVELLANEDA
¿Qué pasa?
Hola, ¿sois vos?
CENTELLAS
¿Dónde estamos?
DON JUAN
Caballeros, claro vamos.
Yo os he traído a mi casa, 300
   y temo que a ella al venir
con artificio apostado
habéis sin duda pensado
a costa mía reír;
   mas basta ya de ficción, 305
y concluid de una vez.
CENTELLAS
Yo no os entiendo.
AVELLANEDA
¡Pardiez!
Tampoco yo.
DON JUAN
En conclusión:
   ¿nada habéis visto ni oído?
AVELLANEDA y
CENTELLAS
¿De qué?
DON JUAN
No finjáis más.
310
CENTELLAS
Yo no he fingido jamás,
señor don Juan.
DON JUAN
¡Habrá sido
   realidad! ¿Contra Tenorio
las piedras se han animado,
y su vida han acortado 315
con plazo tan perentorio?
   Hablad, pues, por compasión.
CENTELLAS
¡Voto va Dios! ¡Ya comprendo
lo que pretendéis!
DON JUAN
Pretendo
que me deis una razón 320
   de lo que ha pasado aquí,
señores, o juro a Dios
que os haré ver a los dos
que no hay quien me burle a mí.
CENTELLAS
   Pues ya que os formalizáis, 325
don Juan, sabed que sospecho
que vos la burla habéis hecho
de nosotros.
DON JUAN
¡Me insultáis!
CENTELLAS
   No, por Dios; mas si cerrado
seguís en que aquí han venido 330
fantasmas, lo sucedido
oíd cómo me he explicado.
   Yo he perdido aquí del todo
los sentidos, sin exceso
de ninguna especie, y eso 335
lo entiendo yo de este modo.
DON JUAN
   A ver, decídmelo, pues.
CENTELLAS
Vos habéis compuesto el vino,
semejante desatino
para encajarnos después. 340
DON JUAN
   ¡Centellas!
CENTELLAS
Vuestro valor
al extremo por mostrar,
convidasteis a cenar
con vos al Comendador.
   Y para poder decir 345
que a vuestro convite exótico
asistió, con un narcótico
nos habéis hecho dormir.
   Si es broma, puede pasar;
mas a ese extremo llevada, 350
ni puede probarnos nada,
ni os la hemos de tolerar.
AVELLANEDA
   Soy de la misma opinión.
DON JUAN
¡Mentís!
CENTELLAS
Vos.
DON JUAN
Vos, capitán.
CENTELLAS
Esa palabra, don Juan… 355
DON JUAN
La he dicho de corazón.
   Mentís; no son a mis bríos
menester falsos portentos,
porque tienen mis alientos
su mejor prueba en ser míos. 360
AVELLANEDA y
CENTELLAS
   Veamos.

 (Ponen mano a las espadas.) 

DON JUAN
Poned a tasa
vuestra furia, y vamos fuera,
no piense después cualquiera
que os asesiné en mi casa.
AVELLANEDA
   Decís bien… mas somos dos. 365
CENTELLAS
Reñiremos, si os fiáis,
el uno del otro en pos.
DON JUAN
O los dos, como queráis.
CENTELLAS
   ¡Villano fuera, por Dios!
Elegid uno, don Juan, 370
por primero.
DON JUAN
Sedlo vos.
CENTELLAS
Vamos.
DON JUAN
Vamos, capitán.

Fin de la Parte II. Acto II.

 


Parte II

Acto III

DON JUAN, la ESTATUA de don Gonzalo, DOÑA INÉS.
 

 

Sombras, estatuas, espectros, ángeles.
Panteón de la familia Tenorio. Como estaba en el acto primero de la segunda parte, menos las estatuas de DOÑA INÉS y DON GONZALO, que no están en su lugar.
 

Escena I

 

DON JUAN, embozado y distraído, entra en la escena lentamente. 

DON JUAN
   Culpa mía no fue; delirio insano
me enajenó la mente acalorada.
Necesitaba víctimas mi mano
que inmolar a mi fe desesperada,
   y al verlos en mitad de mi camino, 5
presa les hice allí de mi locura.
¡No fui yo, vive Dios! ¡Fue su destino!
Sabían mi destreza y mi ventura.
   ¡Oh! Arrebatado el corazón me siento
por vértigo infernal… Mi alma perdida 10
va cruzando el desierto de la vida
cual hoja seca que arrebata el viento.
   Dudo… temo… vacilo… en mi cabeza
siento arder un volcán… muevo la planta
sin voluntad, y humilla mi grandeza 15
un no sé qué de grande que me espanta.

 (Un momento de pausa.) 

   Jamás mi orgullo concibió que hubiere
Nada más que el valor… Que se aniquila
el alma con el cuerpo cuando muere
creí… mas hoy mi corazón vacila. 20
   ¡Jamás creí en fantasmas…! ¡Desvaríos!
Mas del fantasma aquel, pese a mi aliento
los pies de piedra caminando siento
por doquiera que voy tras de los míos.
   ¡Oh! Y me trae a este sitio irresistible 25
misterioso poder…
(Levanta la cabeza y ve que no está en su pedestal la ESTATUA de don Gonzalo.) 

Pero, ¡qué veo!
¡Falta de allí su estatua…! Sueño horrible,
déjame de una vez… ¡No, no te creo!
   Sal; huye de mi mente fascinada,
fatídica ilusión… estás en vano 30
con pueriles asombros empeñada
en agotar mi aliento sobrehumano.
   Si todo es ilusión, mentido sueño,
nadie me ha de aterrar con trampantojos;
si es realidad, querer es necio empeño 35
aplacar de los cielos los enojos.
   No; sueño o realidad, del todo anhelo
vencerle o que me venza; y si piadoso
busca tal vez mi corazón el cielo,
que le busque más franco y generoso. 40
   La efigie de esa tumba me ha invitado
a venir a buscar prueba más cierta
de la verdad en que dudé obstinado…
Heme aquí, pues; Comendador, despierta.
(Llama al sepulcro del Comendador. Este sepulcro se cambia en una mesa, que parodia horriblemente la mesa en que comieron, en el acto anterior, DON JUAN, CENTELLAS y AVELLANEDA. En vez de las guirnaldas que cogían en pabellones sus manteles, de sus flores y lujoso servicio, culebras, huesos y fuego, etc. (A gusto del pintor.) Encima de esta mesa aparece un plato de ceniza, una copa de fuego y un reloj de arena. Al cambiarse este sepulcro, todos los demás se abren y dejan paso a las osamentas de las personas que se suponen enterradas en ellos, envueltas en sus sudarios. Sombras, espectros y espíritus pueblan el fondo de la escena. La tumba de DOÑA INÉS permanece.) 

Escena II

 

DON JUAN, la ESTATUA de don Gonzalo y las sombras. 

ESTATUA
   Aquí me tienes, don Juan, 45
y he aquí que vienen conmigo
los que tu eterno castigo
de Dios reclamando están.
DON JUAN
   ¡Jesús!
ESTATUA
¿Y de qué te alteras,
si nada hay que a ti te asombre, 50
y para hacerte eres hombre
platos con sus calaveras?
DON JUAN
   ¡Ay de mí!
ESTATUA
¿Qué? ¿El corazón
te desmaya?
DON JUAN
No lo sé;
concibo que me engañé; 55
no son sueños… ¡ellos son!

 (Mirando a los espectros.) 

   Pavor jamás conocido
el alma fiera me asalta,
y aunque el valor no me falta,
me va faltando el sentido. 60
ESTATUA
   Eso es, don Juan, que se va
concluyendo tu existencia,
y el plazo de tu sentencia
fatal ha llegado ya.
DON JUAN
   ¡Qué dices!
ESTATUA
Lo que hace poco
65
que doña Inés te avisó,
lo que te he avisado yo,
y lo que olvidaste loco.
   Mas el festín que me has dado
debo volverte, y así, 70
llega, don Juan, que yo aquí
cubierto te he preparado.
DON JUAN
   ¿Y qué es lo que ahí me das?
ESTATUA
Aquí fuego, allí ceniza.
DON JUAN
El cabello se me eriza. 75
ESTATUA
Te doy lo que tú serás.
DON JUAN
   ¡Fuego y ceniza he de ser!
ESTATUA
Cual los que ves en redor;
en eso para el valor,
la juventud y el poder. 80
DON JUAN
   ¡Ceniza bien; pero fuego…!
ESTATUA
El de la ira omnipotente,
do arderás eternamente
por tu desenfreno ciego.
DON JUAN
   ¿Conque hay otra vida más 85
y otro mundo que el de aquí?
¿Conque es verdad, ¡ay de mí!,
lo que no creí jamás?
   ¡Fatal verdad que me hiela
la sangre en el corazón! 90
¡Verdad que mi perdición
solamente me revela!
   ¿Y ese reloj?
ESTATUA
Es la medida
de tu tiempo.
DON JUAN
¿Expira ya?
ESTATUA
Sí; en cada grano se va 95
un instante de tu vida.
DON JUAN
   ¿Y esos me quedan no más?
ESTATUA
Sí.
DON JUAN
¡Injusto Dios! Tu poder
me haces ahora conocer,
cuando tiempo no me das 100
   de arrepentirme.
ESTATUA
Don Juan,
un punto de contrición
da a un alma la salvación,
y ese punto aún te le dan.
DON JUAN
   ¡Imposible! ¡En un momento 105
borrar treinta años malditos
de crímenes y delitos!
ESTATUA
Aprovéchale con tiento,
(Tocan a muerto.) 

   porque el plazo va a expirar,
y las campanas doblando 110
por ti están, y están cavando
la fosa en que te han de echar.
(Se oye a lo lejos el oficio de difuntos.) 

DON JUAN
   ¿Conque por mí doblan?
ESTATUA
Sí.
DON JUAN
¿Y esos cantos funerales?
ESTATUA
Los salmos penitenciales 115
que están cantando por ti.
(Se ve pasar por la izquierda luz de hachones, y rezan dentro.) 

DON JUAN
   ¿Y aquel entierro que pasa?
ESTATUA
Es el tuyo.
DON JUAN
¡Muerto yo!
ESTATUA
El capitán te mató
a la puerta de tu casa. 120
DON JUAN
   Tarde la luz de la fe
penetra en mi corazón,
pues crímenes mi razón
a su luz tan sólo ve.
   Los ve… y con horrible afán, 125
porque al ver su multitud,
ve a Dios en su plenitud
de su ira contra don Juan.
   ¡Ah! Por doquiera que fui,
la razón atropellé, 130
la virtud escarnecí
y a la justicia burlé.
Y emponzoñé cuanto vi,
   y a las cabañas bajé,
y a los palacios subí, 135
y los claustros escalé;
y pues tal mi vida fue,
no, no hay perdón para mí.
   ¡Mas ahí estáis todavía

 (A los fantasmas.) 

Con quietud tan pertinaz! 140
Dejadme morir en paz
a solas con mi agonía.
   Mas con esa horrenda calma,
¿qué me auguráis, sombras fieras?
¿Qué esperáis de mí?
ESTATUA
Que mueras
145
para llevarse tu alma.
   Y adiós, don Juan; ya tu vida
toca a su fin, y pues vano
todo fue, dame la mano
en señal de despedida. 150
DON JUAN
   ¿Muéstrasme ahora amistad?
ESTATUA
Sí; que injusto fui contigo,
y Dios me manda tu amigo
volver a la eternidad.
DON JUAN
   Toma, pues.
ESTATUA
Ahora, don Juan,
155
pues desperdicias también
el momento que te dan,
conmigo al infierno ven.
DON JUAN
   ¡Aparta, piedra fingida!
Suelta, suéltame esa mano, 160
que aún queda el último grano
en el reloj de mi vida.
   Suéltala, que si es verdad
que un punto de contrición
da a un alma la salvación 165
de toda una eternidad,
   yo, santo Dios, creo en ti;
si es mi maldad inaudita,
tu piedad es infinita…
¡Señor, ten piedad de mí! 170
ESTATUA
Ya es tarde.
(DON JUAN se hinca de rodillas, tendiendo al cielo la mano que le deja libre la ESTATUA. Las sombras, esqueletos, etc., van a abalanzarse sobre él, en cuyo momento se abre la tumba de DOÑA INÉS y aparece ésta. DOÑA INÉS toma la mano que DON JUAN tiende al cielo.) 

Escena III

 

DON JUAN, la ESTATUA de don Gonzalo, DOÑA INÉS, sombras, etc. 

DOÑA INÉS
No; heme ya aquí,
don Juan; mi mano asegura
esta mano que a la altura
tendió tu contrito afán,
y Dios perdona a don Juan 175
al pie de mi sepultura.
DON JUAN
   ¡Dios clemente! ¡Doña Inés!
DOÑA INÉS
Fantasmas, desvaneceos:
Su fe nos salva… volveos
a vuestros sepulcros, pues 180
la voluntad de Dios es;
de mi alma con la amargura
purifiqué su alma impura,
y Dios concedió a mi afán
la salvación de don Juan 185
al pie de la sepultura.
DON JUAN
   ¡Inés de mi corazón!
DOÑA INÉS
Yo mi alma he dado por ti,
y Dios te otorga por mí
tu dudosa salvación. 190
Misterio es que en comprensión
no cabe de criatura,
y sólo en vida más pura
los justos comprenderán
que el amor salvó a don Juan 195
al pie de la sepultura.
   Cesad, cantos funerales;
(Cesa la música y salmodia.) 

callad, mortuorias campanas;
(Dejan de tocar a muerto.) 

ocupad, sombras livianas,
vuestras urnas sepulcrales; 200
(Vuelven los esqueletos a sus tumbas, que se cierran.) 

volved a los pedestales
animadas esculturas;
(Vuelven las estatuas a sus lugares.) 

y las celestes venturas
en que los justos están,
empiecen para don Juan 205
en las mismas sepulturas.
(Las flores se abren y dan paso a varios angelitos, que rodean a DOÑA INÉS y a DON JUAN, derramando sobre ellos flores y perfumes, y al son de una música dulce y lejana, se ilumina el teatro con luz de aurora. DOÑA INÉS cae sobre un lecho de flores, que quedará a la vista, en lugar de su tumba, que desaparece.) 

Escena IV

 

DOÑA INÉS, DON JUAN y los ángeles. 

DON JUAN
   Clemente Dios, ¡gloria a Ti!
Mañana a los sevillanos
aterrará el creer que a manos
de mis víctimas caí. 210
Mas es justo; quede aquí
al universo notorio,
que pues me abre el purgatorio
un punto de penitencia,
es el Dios de la clemencia 215
el Dios de DON JUAN TENORIO.
(Cae DON JUAN a los pies de DOÑA INÉS, y mueren ambos. De sus bocas salen sus almas, representadas en dos brillantes llamas que se pierden en el espacio al son de la música. Cae el telón.) 


Fin de la Parte II. Acto III.
FIN DE LA OBRA DON JUAN TENORIO




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