Casa digital del escritor Luis López Nieves


Recibe gratis un cuento clásico semanal por correo electrónico

El decamerón

Primera jornada - Narración novena

[Cuento - Texto completo.]

Giovanni Boccaccio

PRIMERA JORNADA – NARRACIÓN NOVENA

El rey de Chipre, reprendido por una dama de Gascuña, de cobarde se transforma en valeroso.

 

Para Elisa quedaba el último mandato de la reina; y ella, sin esperarlo, festivamente comenzó:

-Jóvenes señoras, ha sucedido muchas veces que aquello que varias reprensiones y muchos castigos impuestos a alguno no han podido enseñarle, unas palabras (muchas veces dichas por acaso), no ex propósito, lo han logrado. Lo que bien aparece en la novela contada por Laureta, y yo, además, con otra muy breve entiendo demostraros porque, como sea que las cosas buenas siempre pueden servir de algo, deben seguirse con ánimo atento, sea quien sea quien las dice.

Digo, pues, que en tiempos del primer rey de Chipre, después de la conquista de los Santos Lugares hecha por Godofredo de Bouillón, sucedió que una noble señora de Gascuña fue en peregrinación al Sepulcro, y volviendo de allí, llegada a Chipre, por algunos hombres criminales fue villanamente ultrajada; de lo que ella, doliéndose sin hallar consuelo, pensó ir a reclamar al rey; pero alguien le dijo que se cansaría en balde porque él era de una vida tan abúlica y tan apocada que, no es que no vengase con su justicia los ultrajes de otros, sino que soportaba infinitos a él hechos con vituperable vileza, mientras que quien sufría algún agravio lo desahogaba haciéndole alguna afrenta o vergüenza. Oyendo lo cual la dama, desesperando de la venganza, para tener algún consuelo en su dolor, se propuso reprender la miseria del dicho rey; y yéndose llorando ante él, dijo:

-Señor, no vengo a tu presencia porque espere venganza de la injuria que me ha sido hecha; sino que en satisfacción de ella te ruego que me enseñes cómo sufres las que entiendo te son hechas, para que, aprendiendo de ti, pueda soportar la mía pacientemente, la cual, sábelo Dios de buena gana te daría puesto que eres tan buen portador de ellas.

El rey, que hasta entonces había sido lento y perezoso, como si se despertase de un sueño, empezando por la injuria hecha a aquella señora, que vengó duramente, se hizo severísimo de allí en adelante persecutor de cualquiera que cometiese alguna cosa contra el honor de su corona.



Más Cuentos de Giovanni Boccaccio