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Exilio

[Poema - Texto completo.]

Saint-John Perse

Puertas abiertas sobre las arenas, puertas abiertas sobre el exilio,
Las llaves a las gentes del faro, y el astro enrodado vivo sobre la piedra del umbral:
Huésped mío, déjame tu casa de vidrio en
las arenas. . .
El Estío de yeso aguza sus puntas de lanza
en nuestras llagas,
Elijo un lugar flagrante y nulo como el osario
de las estaciones.
Y, sobre todas las playas de este mundo, el espíritu del dios humeante deserta su lecho
de amianto.
Los espasmos del relámpago son para el arrobamiento de los Príncipes en Taurida.

*

A nulas riberas dedicado, a nulas páginas confiado el puro cebo de este canto. . .
Otros asen en los templos el cuerno pintado
de los altares:
¡Mi gloria está en las arenas! ¡Mi gloria está en las arenas! … Y no es errar, oh Peregrino,
Codiciar el ara más desnuda para ensamblar en las sirtes del exilio un gran poema nacido de nada, un gran poema hecho de nada. . .
¡Soplad, oh frondas por el mundo, cantad, oh conchas sobre las aguas!
He fundado sobre el abismo y la neblina y el vaho de las arenas. Me acostaré en las cisternas y en los huecos navíos,
En todos los lugares vanos e insípidos en que yace el gusto de la grandeza.
“. . . Menos hálitos halagaban a la familia de los Julio; menos alianzas asistían a las grandes castas sacerdotales.
Adonde van las arenas en su canto se van los Príncipes del exilio,
Adonde fueron las altas velas tensas se va el náufrago resto más sedoso que un sueño de
lutista,
En donde fueron las grandes acciones de guerra blanquea ya la quijada de asno,
Y el mar a la redonda hace rodar su ruido de cráneos so­bre las riberas,
Y que todas las cosas del mundo le sean vanas, es lo que una noche, a la orilla del mundo, nos contaron
Las milicias del viento en las arenas del exilio. . .”
Sabiduría de la espuma, ¡oh pestilencias del espíritu en la crepitación de la sal y la leche
de cal viva!
Una ciencia heredo de las sevicias del alma… ¡El viento nos cuenta sus piraterías, el viento nos cuenta sus engaños!
Como el Caballero, la cuerda al puño, a la entrada del desierto,
Espío en el circo más vasto el lanzamiento de los signos más fastos.
Y la mañana para nosotros conduce su dedo entre santas escrituras.
¡No es de ayer el exilio! ¡no es de ayer el
exilio. . .!
“Oh vestigios, oh premisas”,
Dice el Extranjero en las arenas, “¡toda cosa en el mundo me es nueva!”… Y el nacimiento de su canto no le es menos ajeno.



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