Si con obtusas rimas ha de estar nuestro inglés
maniatado, y el dulce soneto, como Andrómeda,
a pesar de su triste belleza, encadenado,
busquemos, ya que vamos a quedar constreñidos,
sandalias más completas y más entretejidas
para que la Poesía calce su pie desnudo.
Comprobemos la lira y la tensión de todas
sus cuerdas y veamos qué se puede ganar
con oído aplicado y atención provechosa.
Avaros de sonidos y sílabas, cual Midas
de sus monedas, seamos recelosos de aquellas
hojas de la corona de laurel ya marchitas.
Así, si no podemos liberar a la Musa,
ella estará ceñida con sus propias guirnaldas.