Temor a los truenos
[Minicuento - Texto completo.]
Yasunari KawabataYoshida Shichizaemon, de la aldea de Haji en el condado de Amada, en Tanba, era tan devoto de sus padres que el señor feudal lo elogió por su piedad filial y lo eximió de pagar impuestos a la tierra. La madre de Shichizaemon tenía tal pavor a los truenos que palidecía incluso con el sonido de un tambor. Por eso, cada vez que se oía un trueno, Shichizaemon volvía corriendo a su casa sin importar dónde se encontrara o qué estuviera haciendo. En verano no se alejaba más allá de la aldea vecina. Y no solo eso. Incluso tras la muerte de su madre, Shichizaemon corría hasta el cementerio y envolvía con sus brazos la lápida cada vez que oía el sonido de un trueno.
Una noche, durante una tormenta, cuando estaba acurrucado sobre la lápida, abrazándola, murió fulminado por un rayo. Al día siguiente el cielo estaba despejado y resplandeciente. Pero cuando uno de los aldeanos intentó retirar el brazo de Shichizaemon de la piedra, este se rompió en pedazos. Su negro cuerpo carbonizado era una silueta de cenizas que se deshizo cuando la tocaron. Evidentemente había sido un error intentar apartar al obediente Shichizaemon de la lápida de su madre. Una vieja recogió un dedo que estaba caído y se lo guardó dentro de una manga. Se inclinó y dijo: “Voy a dárselo de comer a mi desconsiderado y atolondrado hijo”. Otros aldeanos también empezaron a recoger partes del cuerpo.
Las cenizas fueron pasadas de generación en generación como un tesoro familiar. De niño mi madre me dio a comer algunas. Y me pregunto si es por eso que yo —y esta hija— les tememos a los truenos».
FIN

