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Alma nocturna

[Poema - Texto completo.]

José de Diego

Para el noble campesino
Norberto Irizarry

Abre la palma sus verdes banderas
y en el ambiente de paz de la altura,
como una araña de fúlgido oro,
sube a través del ramaje la luna.

Bajo el dosel de la noche florida,
Sirio en la sombra palpita y relumbra
y de un rosal de capullos de estrellas
vuela temblando una luz que perfuma.

Desde la cumbre más alta, en los ámbitos
la serranía se espacia y azula:
saltan los bosques, de abismo en abismo,
rígidas crestas, cañadas profundas.

Pasan cantando una brisa en el cielo
y el borboritmo de un río en la hondura…
un mazambiqne aletea en la palma,
cuando en la palma un cocuyo se alumbra.

Hay una cosa que sale de noche…
hay un aliento de alma en la bruma…
hay una cosa invisible en el aire
que está pensando un misterio que oculta…

Y yo la escucho pensar dulcemente
y ella pensar dulcemente me escucha…

Esta es la hora secreta y amada
en que las vidas sin vida se buscan,
esta es la hora en que el alma del mundo
entre los seres sin alma circula.

Se alzan del río fantasmas de niebla,
sombras y luces el viento entrecruzan,
en sus confines los montes lejanos,
como unas largas teorías, ondulan…

Nadie la paz de la selva profana,
nadie el silencio del campo perturba
y hay un sollozo de alivio en la noche,
como el de un pecho al romper su tortura.

¡Ahora la tierra que piso es mi tierra!
¡Ahora esta palma es mi palma que triunfa!
¡Ahora mi Patria está libre, en el sueño
de los que infaman su honor y su angustia!

Y yo la escucho pensar dulcemente
y ella pensar dulcemente me escucha…
«¡Si los tiranos, que duermen ahora,
no despertasen mañana ni nunca!»


Cantos de rebeldía, 1916


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