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Aquella que pasa

[Poema - Texto completo.]

Ada Negri

Y tú, que caminas y no me miras,
con rapidez enfundas en el traje negro,
envolviendo tu cuello en la boa de marta,
que asciende como una serpiente flexible y contráctil,
¡te acaricias, besas y te pareces a mí!..

Tu cabello está bien disfrazado
hilo de plata bajo el suave
turbante tòcco. Pones un velo de polvo
para ocultar las primeras sombras del tiempo
en la cara. -No eres vieja: no eres joven:
eres una mujer en pleno placer de la
vida y del hombre.

-Escucha: mírame:
soy un poco como tú, y a muchas mujeres
eres igual, y a nuestro lado pasan
en este instante, y solo cada una cree
amar, sufrir, estar viva.

Si, a sus pies la piel suave
y vestidos provocativos y espumosos
encajes de cadesser, dejándole en la
fragilidad el blanco y desnudo cuerpo,
¿usted sabría que su cuerpo viste
el alma?… A mí me gustaría examinar
su tormento interior, ansiosa
por leer su animado libro humano.

Pero mientes: te mientes a ti misma,
importa si lloras y si sonríes,
usted consiguió enseñar la gracia de una máscara
hermosa, años de paz desde la infancia:
caminos, leyes, costumbres y dogmas de fe
que otros crearon para usted: no te preguntaron.

Seré agradecida: si vienes de lo más
profundo de ti misma, para tomar
la verdad que cada uno lleva en su corazón.

¿Quieres darme tu mano?… Una soy yo
(mi raza es de gitanos, y en el bosque
volveremos a detenernos alrededor de los vivaques de
las caravanas de mis padres),
una hija que frunce la mirada y el ceño
en una cara, esa cara se desvanece;
y los labios superan el secreto
que le gustaría al corazón cerrado…

¡Oh! a una hermosa mujer,
voluptuosa, serpentina y retorcida
como su boa, pues esta vez la
cara pálida dice lo que usted u otros
dirían: la verdad de su verdad:
una cosa divina, que la escuela
del mundo falsificó, desfigurada,
reducida a molde: una pizca de sangre
bermellón, ​​al golpe de una cuchilla corta.


Dal profundo, 1910


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