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Concreto versus abstracto:

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Luis López Nieves

Cuando narramos, lo hacemos con el objetivo de que el lector “vea” lo que contamos. Queremos colocarlo en medio de la acción para que la sienta, para que se sumerja en ese mundo ficticio que estamos inventando. Por eso debemos contar de manera concreta, no abstracta.

Veamos el siguiente ejemplo:

La persona conducía su vehículo mientras comía. De golpe vio a un animal en medio de la vía. Desvió el vehículo y chocó contra un obstáculo. Se escuchó un ruido estrepitoso.

Se supone que el lector haya recibido una imagen clara de lo que ocurre, de la acción. Pero este párrafo deja al lector perplejo. ¿Por qué? Con varias preguntas puedo demostrar el problema. Contéstate estas preguntas:

  1. ¿Quién conducía el vehículo? ¿Hombre o mujer? ¿Joven o mayor?
  2. ¿Qué tipo de vehículo conduce? ¿Motocicleta, auto deportivo, auto de cuatro puertas, camión, remolque, tanque de guerra?
  3. ¿Qué comía? ¿Tortilla, salchicha, hamburguesa, paella, pizza, lasaña, una barra de chocolate?
  4. ¿Qué animal se cruzó en el camino? ¿Un gato, un perro, una vaca, un león, un elefante, una víbora, Bambi?
  5. ¿En qué tipo de vía iba la persona? ¿Camino rural oscuro, carretera, autopista iluminada?
  6. ¿Contra qué chocó? ¿Otro carro, un camión, un árbol, una roca, una nave espacial?
  7. ¿Cómo fue el sonido que se escuchó? ¿Un grito de mujer, un disparo, un cañonazo, el impacto de un auto contra otro, el mugido de una vaca?
  8. ¿Es de día o de noche?

Son tantos los defectos del párrafo citado, que en realidad es un párrafo inútil. No cumple ninguna función excepto confundir y desesperar al lector. Aquí se ven gráficamente los errores:

La persona conducía su vehículo mientras comía. De golpe vio a un animal en medio de la vía. Desvió el vehículo y chocó contra un obstáculo. Se escuchó un ruido estrepitoso.

Aunque el párrafo solo incluye cuatro oraciones breves, contiene una cantidad intolerable de errores serios.

Al contar, debemos darle al lector todos los elementos necesarios para que pueda hacerse una imagen clara de lo que contamos. Quizás no hay que resolver exactamente los ocho problemas; algunos datos pueden quedar para más adelante o tal vez no hagan falta. Pero, al verlos todos juntos, nos damos cuenta de que el párrafo no dice nada.

Mi sugerencia es la siguiente: cuando estás revisando el texto, o mientras lo escribes (según tu preferencia), piensa que se trata de las instrucciones para el productor de una película. La cinta se rodará dentro de pocos días y el productor necesita prepararlo todo. Eres el director de la cinta y viene adonde ti, desolado, porque acaba de leer el guión. ¿Qué te preguntará? Pues prácticamente las mismas ocho preguntas que puse arriba. ¿A cuál de los muchos actores debe llamar para filmar la escena? ¿Qué tipo de vehículo debe alquilar? ¿Qué comida quieres que compre? ¿Qué tipo de animal debe alquilar? ¿En qué tipo de carretera se filmará la escena? ¿Contra qué chocarán? ¿Qué efecto especial necesitas para el famoso “ruido”? Y, por último, necesitará saber si hay que preparar luces para filmar de noche o si la escena es de día.

No somos directores ni productores de cine, pero somos narradores y debemos narrar de forma concreta, de modo que nuestros lectores no se queden perplejos.

Al narrar siempre debemos ser concretos. El lector no puede leer tu mente. Si deseas que “vea” algo, debes mostrarlo. No tienes que enumerar, pieza por pieza, cada ángulo del vehículo. No tienes que describir en detalle lo que come. Si come lasaña, no tienes que decir con cuántos quesos fue cocinada. No es cuestión de exagerar hasta el aburrimiento. Pero tienes la obligación de narrarle al lector una imagen visual (y auditiva) clara de la escena que le quieres contar.

La narración abstracta es un defecto. Queremos narrar de la manera más concreta posible. Por tanto, una de las muchas maneras en que se podría escribir el párrafo es la siguiente:

Esa noche la adolescente de largo pelo negro conducía su carro descapotado mientras se comía un pedazo de queso suizo. De golpe vio a un enorme caballo blanco en medio de la avenida. Desvió su auto deportivo y chocó contra un camión de reparaciones eléctricas. Se escucharon los estrepitosos gritos de los obreros electrocutados.

Aunque se supone que sea el mismo párrafo, la escena que ahora “ve” y “escucha” el lector es radicalmente diferente porque incluye datos concretos.

FIN


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