El joven pálido se acomodó cuidadosamente en la silla y movió la cabeza a un lado para que el tapiz fresco le aliviara la sien y la mejilla. -Ay, mi amor -dijo-. Ay, ay, ay, mi amor. Ay. La muchacha de ojos claros, sentada en el sofá erguida y tranquila, le sonrió vivamente. -¿Ya no … Continue reading Estuviste perfectamente bien
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