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Sujeto implícito:

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Luis López Nieves

María se levantó, se lavó el rostro y desayunó. Luego caminó hasta la ventana y se sentó a contemplar el mar. Tomaba limonada lentamente, porque sudaba mucho bajo el sol. Cuando se cansó de podar las flores del jardín, Miguel regresó a la casa y se duchó.

En el ejemplo de arriba hay un problema con el “sujeto implícito”.

Una oración normalmente tiene un sujeto. Por ejemplo: “El niño se comió el dulce”. El sujeto explícito es “el niño”. Podemos añadir la siguiente oración: “Luego se fue a jugar en la arena”. Esta no tiene un sujeto explícito ni lo necesita. El sujeto implícito es “el niño”, porque ya se mencionó en la oración anterior.

Los sujetos implícitos son útiles porque ahorran palabras. Pero, al narrar una historia es fundamental usar los sujetos implícitos correctamente. La regla básica, sencilla, lógica, es que no puedes seguir usando el sujeto implícito cuando hay un cambio de sujeto. Primero tienes que indicar cuál es el nuevo sujeto. Luego puedes volver al recurso del sujeto implícito. De lo contrario, el texto quedará incoherente.

En el ejemplo con que comencé esta nota, el sujeto de la primera oración es “María”. Se menciona el sujeto explícitamente. En la segunda oración el sujeto sigue siendo “María”, pero es un sujeto implícito porque no se menciona.

Mientras no se mencione un nuevo sujeto, el lector entiende que este sigue siendo “María”. En la tercera oración alguien toma limonada lentamente. Nos confunde un poco que sude bajo el sol porque pensábamos que María estaba en una ventana dentro de su casa. Pero en este momento el lector tiene derecho a pensar que el sujeto implícito sigue siendo “María”. Es lo lógico porque no tenemos otros elementos de juicio. Nadie ha dicho lo contrario. Sin embargo, en la cuarta oración nos enteramos de que la persona que tomaba limonada bajo el sol no era “María”, sino “Miguel”. Este es un grave error.

El párrafo debió escribirse de la siguiente manera:

María se levantó, se lavó el rostro y desayunó. Luego caminó hasta la ventana y se sentó a contemplar el mar. En el jardín, Miguel tomaba limonada lentamente porque sudaba mucho bajo el sol. Cuando se cansó de podar las flores, regresó a la casa y se duchó.

Ahora, al comienzo de la tercera oración está clarísimo que el sujeto ha cambiado: ya no hablamos de “María”, sino de “Miguel”. En la cuarta oración sabemos que ya no se trata de “María”. El sujeto implícito ahora es “Miguel”, quien regresa a la casa y se ducha.

El párrafo puede escribirse de muchas otras maneras. Otro ejemplo:

María se levantó, se lavó el rostro y desayunó. Luego caminó hasta la ventana y se sentó a contemplar el mar. Miguel tomaba limonada lentamente porque sudaba mucho en el jardín, bajo el sol. Cuando se cansó de podar las flores, regresó a la casa y se duchó.

En todos los casos, lo importante es que en la tercera oración se indique, explícitamente, que el nuevo sujeto es “Miguel”.

Si no se usa el sujeto implícito de forma correcta, la lectura resulta accidentada, inconsistente, caótica y bastante difícil.

FIN


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